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Aniversario de San Javier: Bruno Luis Oliveira, un enfermero al que nadie olvida

viernes 03 de diciembre de 2021 | 15:59hs.
Aniversario de San Javier: Bruno Luis Oliveira, un enfermero al que nadie olvida

El 3 de enero, Bruno Luis Oliveira dejó un vacío en cada uno de sus colegas y vecinos de San Javier. El Covid apagó su vida y muchas de las personas que atendió lo llamaban “doctor Bruno” porque era un profesional que no dudaba en hacer lo que sea necesario para aliviar los problemas que presentaban los pacientes.


Bruno tenía 59 años y sus colegas no pueden evitar las lágrimas cada vez que hablan de él. Gabriela Sena, estudiante de enfermería y promotora de salud, dijo: “Ya se va a cumplir un año de su ausencia y aún se siente su falta. Llegar al trabajo y no verlo con su uniforme blanco en la entrada preparando todo para la atención, preguntándome cómo me había ido el día anterior, explicándome en cada procedimiento y haciéndome partícipe de ellos es muy triste. Mi primer profesor en el ámbito laboral fue él, con toda su paciencia. Los pacientes llegaban al Caps y preguntaban por él”.


“Era una persona genial, nunca tenía problemas para nada, atendía a todas las personas que llegaban al Caps o al hospital sin problema alguno, siempre iba más allá de la enfermedad. Fue un enfermero de cuerpo y alma entregando todo de sí siempre. Lo recuerdo con muchísimo cariño y afecto. Nunca va a dejar de dolerme su partida, luchó hasta la último contra ese virus, ahora está en el cielo, pero acá en la tierra dejó todo lo que lo representaba, una gran persona con un gran corazón y sobre todo un excelente profesional. Los recuerdos son tantos, por ejemplo, extraño mucho su protección paternal, me retaba cuando yo llegaba tarde al trabajo, no le gustaba eso, pero me preparaba el agua para el mate o café. De verdad se lo extraña”, dijo con lágrimas.


Por su parte, Maricel Cáceres, enfermera, dijo que lo conoció durante casi tres décadas. “Era una persona muy buena, excelente compañero de trabajo, sabía muchísimo de su profesión, aprendí mucho con él. Era noble, tenía un carácter recto, pero siempre dispuesto a ayudar a sus compañeros de trabajo. Muy servicial cuando se le necesitaba. Siempre dispuesto a subir en las ambulancias para las derivaciones”.


“Cuando una de nosotras le necesitábamos, jamás se fijó en el horario, así fuese a la madrugada, se le llamaba y no sé cómo hacía, pero a más tardar en 15 minutos él estaba presente en el hospital, a veces con esos días de muchísimo sol y si estábamos enfermos, ahí también estaba él curándonos las cirugías o haciéndonos inyecciones. Hay tanto para hablar de él como persona, como profesional, que no alcanzaría un día entero. Era mi amigo, mi colega, mi protector y ahora un ángel porque eso considero”.


Cuando se contagió del virus, sus compañeros sintieron dolor porque sabían de la gravedad del caso, pero aun así hablaban todos los días por teléfono hasta la mañana del 28 de diciembre, que fue la última vez.


“Él me llamaba a la tardecita, ese día no hubo esa llamada, entonces le llamé yo y ya no me contestó. Al otro día llamé al doctor Juan Vílchez, director de nuestro hospital, y le pedí que llamara al Hospital Madariaga para saber de él y nos enteramos que el día anterior se había puesto mal y le habían intubado. Estaba grave y así fue que el 3 de enero nos enteramos de la tan triste noticia que hasta el día de hoy no podemos entender ni superar”, contó Cáceres.


El enfermero fue despedido por una caravana interminable desde la rotonda de San Javier hasta su última morada.


Lo recuerdan todos de una manera muy especial. Hugo Viano contó: “Lo tuvimos como vecino en el barrio Malvinas cuando recién se habían entregado las viviendas, no podrán existir jamás palabras negativas hacia él, era una persona excelente, en aquella época nos quedaba lejos el hospital y él estaba siempre atento a las necesidades. Si había alguien con algún problema de salud, estaba ahí para ayudar, era un enfermero de vocación indudable y se complementaba su profesión con su gran corazón. Era una persona de poco hablar, pero de gran accionar”.


“En el hospital local antes funcionaba el quirófano y recuerdo que hace exactamente 23 años, cuando nació mi hija, el 2 de diciembre, la recibió Bruno con el doctor Vega y el doctor Kachuk. La calidez en un momento tan especial como ese no olvidaré nunca, él daba seguridad, él no dejaba de saludar, estaba siempre dispuesto a mirar por aquel internado que a veces no tenía quien se quede con ellos, él hacía las veces del familiar de ese enfermo hasta que llegaba alguien a cuidarlo”.


“Ojalá que existan muchos Brunos en la provincia, si bien es real que hay muy buenos profesionales de enfermería, pero de verdad ruego que se multipliquen los que como él, las 24 horas del día estén dispuestos a ayudar, a dar seguridad al paciente. Vivía para su profesión y su familia”, dijo Viano con mucha a nostalgia.

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