lunes 25 de octubre de 2021
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Julieta Ortega: “La independencia es sumamente necesaria”

La actriz habla de su vuelta a la actuación en la obra “Perdida Mente”, con otras grandes actrices. Se compara con su personaje y señaló la importancia de ser autosuficiente

lunes 27 de septiembre de 2021 | 6:00hs.
Julieta Ortega: “La independencia es sumamente necesaria”

Isabella aparece en el living de la casa de su madre, una jueza que está perdiendo la memoria, cabeza de familia, patriarcal, con una fortuna con la que banca la vida de su hija y que podría solventar la vida de diez hijas más. Su ama de llaves define: “Isabella es feroz”. También sabemos que es muy snob y culta pero que hace alarde de lo que sabe.

Además, es muy viajada, que es casi adicta a los ansiolíticos. “Es todo lo contrario a lo que soy yo, que soy más planchada y tranquila. Tengo mucha personalidad y mucho carácter, pero manejo una energía a la que le suelo decir ‘velocidad crucero’. Soy bastante estable emocionalmente”, dice Julieta Ortega para oponerse a Isabella, su personaje en Perdida Mente, obra que José María Muscari estrenó la semana pasada.

La jueza es Leonor Benedetto y su empleada es Ana María Picchio -en la vida real, madrina de Julieta-. Patricia Sosa y Karina K completan el elenco de esta obra “feroz”, como define Ortega.

Esto supone la vuelta de Ortega a la actuación, después de “una pausa de trabajo de casi dos años”. Lo último había sido la serie Un gallo para Esculapio, pero después de eso no encaró una temporada sabática. Todo lo contrario: “Hace más de cinco años que tengo una marca de pijamas. Tuve esa gran idea mucho antes de la pandemia y ahora me salvó en todo sentido: pagó mis cuentas en los últimos dos años y me salvó la cabeza. Hace tres años, la gente me miraba como diciendo: ‘¿Te parece?’. Y por supuesto que la marca tuvo un crecimiento a partir de todo lo que pasó”, cuenta la hija de Palito Ortega y Evangelina Salazar.

¿Por qué pijamas?
Yo vivo en pijama, es la prenda que más me gusta. Suelo ir a trabajar o a ensayar en pijama, en jogging.

Hoy no (luce un impecable y reluciente traje rosa).

Hoy lo di todo (se ríe), pero estoy en modo actriz, promocionando una obra de teatro. Yo no tengo punto medio: soy esto o estoy en pijama y pantuflas. Todo lo que tenga que ver con el mundo puertas adentro, es algo que valoro y celebro. Soy una militante de las bondades de estar de entrecasa. Me parece un lujo poder hacer eso. Imaginate que esta pandemia para mí fue como una panzada, con la diferencia de que además estaba trabajando dentro de mi casa.

Más allá del contexto adverso para el rubro, ¿en dónde estaban tus ganas de actuar?
Si me preguntabas hace dos meses: “¿Tenés ganas de volver a actuar?”, te decía: “No”. Para mí eso funciona, en mi caso, como el amor. Cuando yo estoy soltera y me preguntás: “¿Tenés ganas de tener un novio?”, te digo: “No, ninguna”. Y después me enamoro y me parece que Dios me iluminó mi vida y que nunca fui tan feliz. El deseo aparece cuando aparece el trabajo o la persona. Hoy, me siento feliz y digo: “¡Cómo extrañaba esto!”. Pero no lo sabía. Nunca quise ser otra cosa que actriz, me preparé toda mi vida para esto. Y sin embargo, cuando no lo tengo en mi vida, mi atención y mi pasión van para otro lado. Me interesan muchas cosas, no necesito estar actuando todo el tiempo

¿Recordás el momento bisagra en tu vida en el que sentiste que la actuación era tu camino?
Yo era chica y miraba la novela Andrea Celeste, con Andrea del Boca y Ana María Picchio, que hacía de su madre ciega. Ana María es mi madrina de bautismo, estuvo el día de mi nacimiento, todos mis primeros años y en un momento, nunca supe por qué -porque ellas tampoco se acuerdan- con mi mamá se dejaron de hablar, se distanciaron. Y un día, teniendo 7 años y mirando a Andrea Celeste, mi mamá pasa por detrás mío y me dice: “Esa es tu madrina”.

“Esa era mi heroína de una telenovela, ¿cómo que es mi madrina?”. La obligué a que la llame en ese momento y le diga que yo la quería ver. Levantó el teléfono, la llamó y le dijo: “Tu ahijada quiere verte”. Me llevaron a una grabación de exteriores de Andrea Celeste, donde estaba Ana María haciendo una escena. Ella me ve y se le llenan los ojos de lágrimas.

Ahí nos reencontramos, ellas se amigan. Ana María fue y es una presencia importante en toda mi vida: adolescencia, vida adulta y una fuente de inspiración.

Ahora compartís elenco con tu madrina. ¿Cómo lo sentís?
Es como estar con mi mamá. Además, yo salgo al escenario y mi primera escena es solo con Ana María. Hablo toda esa primera escena con Ana María. El otro día, cuando volvíamos de un ensayo, le dije: “Anita, para mí es muy importante salir al escenario y tener tu mirada. Porque me estás sosteniendo vos, que no es lo mismo que otra persona”.

¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?
Siempre digo que el paso del tiempo tiene muchas desventajas y grandes virtudes. Una gran virtud es que uno empieza a plantarse, a saber quién es, a pararse mejor en la vida. Eso es impagable.

No querría tener ni 15, ni 20. Te diría que a partir de los 40, me sentí en un lugar de mucha plenitud. Sin embargo, hay un lugar de mi cabeza, en donde yo veo una foto mía a los 8 años y soy esa. Hay un montón de lo que ocupa mi cabeza -mis pensamientos, mis temores, las cosas que me conmueven, lo que me hace sentir segura, lo que me duele, lo que me entristece- que es lo mismo que me entristecía, me dolía, disfrutaba, me hacía sentir segura a los 8, a los 12, a los 17…

Hay algo de la esencia de uno en el corazón, y hasta en cómo funciona nuestra cabeza, que no sé si cambia demasiado.

“Nunca estuve con alguien de tanta diferencia de edad”, dijiste el año pasado, cuando estabas en pareja con Camilo Vaca Narvaja. Y recordé una entrevista que vos le hiciste a Iván, en donde le “reprochabas” que él solía salir con mujeres bastante más jóvenes que él. ¿Se lo seguís marcando?
Es una costumbre de muchos hombres, no es Iván solamente. Digamos que la mayoría de los hombres que conozco de mi generación, tienen novias a las que le llevan más de 20 años. No está mal, me llama la atención, nada más.

Siento que es una manera bastante masculina de lidiar con el paso del tiempo. Las mujeres tenemos otras maneras, más obvias. Muchas veces, lo que se dice de una mujer que ha pasado por el quirófano es: “Se operó toda”. También pienso en lo implacable que es la mirada ajena con el paso del tiempo en el caso de las mujeres. Pero entiendo que los hombres deben estar librando sus propias batallas.

Ahora estás soltera y, como dijiste antes, no pensás en el amor cuando no estás enamorada. ¿Volverías a salir con alguien más joven?
Esa vez que mencionaste fue la única vez que yo estuve con alguien más joven. Pero no tengo un especial interés en la gente más joven. Desde chica, desde niña y después siendo adolescente, siempre me interesó más estar rodeada de gente más grande que yo. Me apasionaba el mundo de los grandes. Cuando tenía 20 y cuando tenía 8, también. Sufría mucho la época del colegio. Sentía: “¿Qué estoy haciendo acá? Nada de esto me interesa”. Yo quería estar en otro lugar. Y todavía hoy me pasa, que tengo un montón de amigas que tienen 30 y las adoro, me divierten. Sin embargo, cuando me encuentro con alguien de mi generación o más grande, me pasa otra cosa.

Tu personaje en Perdida Mente es una especie de mantenida. ¿Cómo te llevás con la independencia económica?
Me cuesta mucho la gente que no se independiza económicamente porque total tiene el futuro asegurado. No estoy hablando de gente que no consigue trabajo, más en esta situación en la que estamos viviendo. Hablo de gente que se acomoda en lugares y por ahí tiene 40 años y se sigue acomodando en donde da por sentado que, como no va a quedar en la calle y no va a pasar hambre, no tiene que salir a ganarse la vida. Mi primer trabajo fue a los 19 años, como actriz. Pero justamente por eso creé mi marca de pijamas, porque yo dije: “Ok mi trabajo es muy intermitente. Y si bien mi papá no es un multimillonario, es un hombre en el que yo podría haber descansado más. Porque, total, no me voy a quedar en la calle. Esto se lo digo a mi hijo todo el tiempo: “¿Cómo te vas a ganar la vida? ¿Qué vas a hacer cuando termines el colegio? ¿Tenés pensado qué vas a estudiar? Porque si no vas a tener que trabajar”. Si no tenés eso, no tenés nada: no sabés dónde estás parado. La independencia es sumamente necesaria.

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