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“El daño en un paciente con respirador es enorme”

El Samic de Oberá implementó guardias activas de kinesiología

Desde abril el nosocomio dispuso de este servicio. Son trece profesionales trabajando y rotando a diario, focalizados en la atención de los internados por el coronavirus

lunes 12 de julio de 2021 | 3:00hs.
El Samic de Oberá implementó guardias activas de kinesiología

Desde abril el Samic de Oberá cuenta -por primera vez- con guardias activas de kinesiología, teniendo en cuenta el papel fundamental que cumplen en la atención y recuperación respiratoria y motora de los pacientes con Covid-19.

Son trece profesionales trabajando y rotando a diario, focalizados en este contexto de pandemia en la atención de los internados por la enfermedad que tiene en vilo al mundo, aunque también se encargan de pacientes con diagnósticos que nada tienen que ver con el coronavirus.

“Participamos desde la intubación hasta el retiro del respirador y la rehabilitación posterior. Tenemos mucho contacto con los pacientes, tanto durante como después de la internación”, sintetizó la licenciada en kinesiología y fisiatría Mónica Cristina Frette, jefa del servicio en el hospital obereño y quien junto a su colega, Belén Morales, accedieron a ser entrevistadas por El Territorio.

Cuidados respiratorios y motores
Las profesionales explicaron que junto al resto del equipo son responsables de los cuidados respiratorios y motores de los pacientes covid, siendo parte de un trabajo conjunto con médicos, enfermeros y demás personal que desempeña tareas tanto en terapia intensiva como en el área de aislamiento y recuperación en el nosocomio.

Con respecto a lo primero se ocupan, entre otros aspectos, de la puesta en marcha y chequeo del respirador, de programar los parámetros y monitorear la interacción entre el respirador y el paciente y finalmente también de la desvinculación de ambos, cuando la persona afectada deja de requerir asistencia respiratoria.

“Lo principal es el aparato respiratorio, entonces nos encargamos también de mantener limpia la vía de secreciones, hacemos maniobras de asistencia kinésica que es como un bombeo del tórax para su mejor apertura y en los pacientes que lo requieran, movilizaciones pasivas -teniendo en cuenta que están sedados- para que mantengan el tono muscular en razón de que el deterioro post covid es enorme”, explicó Frette.

Sobre eso, Morales agregó que “en terapia intensiva trabajamos en coordinación con los médicos y enfermeros. Tenemos mucha injerencia, participamos tanto en la intubación como en el proceso de destete ayudando al paciente a respirar por sus propios medios”.

En cuanto al aspecto motor se encargan en una primera instancia -como detalló Frette- de los cuidados posturales y de realizar movilizaciones de manera pasiva que luego pasan a ser con interacción del paciente, con el objetivo de minimizar la debilidad adquirida que se asocia a la internación en UTI.

“Como no se pueden movilizar por sus propios medios nosotros los movilizamos para que ganen fuerza, para que no se queden endurecidos”, explicó la jefa del servicio sobre el trabajo que hacen cuando los pacientes están sedados e intubados.

En esa línea amplió que “una vez que se produce el destete, cuando el médico evalúa que está en condiciones se lo pasa al sector de aislamiento donde, tal vez continúa con una mascarilla de oxígeno, pero nuestro trabajo pasa a ser un poco más activo porque el paciente está lúcido entonces se le puede indicar ejercicios, ya colabora y nuestro objetivo es lograr que se pueda sentar en la cama e ir al baño, metas cortitas porque el daño es enorme y un paciente que está conectado a un respirador acostado en una cama, que no se moviliza por sus propios medios, pierde musculatura y eso se refleja al salir de la terapia”.

Recuperación poscovid
En relación al post covid, cuando el paciente atravesó la terapia y el aislamiento, y negativizó la enfeemedad, el trabajo se focaliza en la recuperación que es relativa en cada persona pero demanda más de dos meses de un plan kinésico acorde a las necesidades.

“La recuperación es relativa, pero dos meses o dos meses y medio le demanda a una persona recuperada volver a su ritmo habitual, siempre dependiendo de las comorbilidades que son hipertensión, diabetes y sobrepeso, las que más lastiman el cuerpo de una persona que tiene Covid-19”, refirió Frette.

Y su colega puntualizó que en esa etapa “apuntamos inicialmente a que pueda desarrollar sus actividades de la vida diaria, que se levante, que se pueda higienizar solo porque hay pacientes que se agitan con apenas ducharse y algunos tuvieron que irse de alta llevando una mochila de oxígeno. No es que se corta el trabajo con el alta, se debe continuar hasta que pueda hacer las actividades que hacía antes de la enfermedad”.

Sobre el final de la charla, ambas destacaron el compañerismo que la pandemia potenció entre los profesionales. 

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