miércoles 04 de agosto de 2021
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Un milenaria técnica, de la mano de un joven eldoradense

Paciencia que hace bosques a Escala

Matías Yegros lleva siete años convirtiendo especies nativas de la Tierra Colorada en bonsáis. Con su emprendimiento, comparte en Posadas su amor por las plantas

lunes 21 de junio de 2021 | 6:08hs.
Paciencia que hace bosques a Escala
Matías Yegros heredó de su abuelo la pasión por la milenaria técnica del bonsái: “Cada uno crece a su tiempo y es irrepetible”. Foto: Natalia Guerrero
Matías Yegros heredó de su abuelo la pasión por la milenaria técnica del bonsái: “Cada uno crece a su tiempo y es irrepetible”. Foto: Natalia Guerrero

Lapachos, palos borrachos,  guayuviras, pitangas y otras tantas especies arbóreas conviven en un departamento. Toda esa naturaleza autóctona junta, en un pequeño rincón urbano. Y en miniatura.

Cultivados en macetas, con la técnica de bonsáis, Matías Yegros cuenta con una gran variedad de especies que él mismo aprendió a cultivar, con la premisa de que los árboles también puedan habitar departamentos y espacios urbanos.

Apasionado por las plantas -un amor que heredó de su abuelo- el joven de 28 años, oriundo de Eldorado, vive en Posadas y desde hace siete años incursiona en la técnica. Una disciplina tan ancestral como asombrosa, ya que pese a que se aplica siempre la misma técnica, cada árbol crece de forma única, a su manera. 

A simple vista son árboles de pequeño porte con originales y llamativas formas. Sin embargo, detrás de los bonsáis hay un arduo trabajo de cuidado y atención, sobre todo si se crean de cero, como los que cultiva Matías.

Autodidacta y con espíritu emprendedor, el joven se volvió un experto en la técnica aprendiendo por internet, investigando y dedicando mucho tiempo a las plantas. Al principio, sólo era un hobbie o pasatiempo pero con el correr de los años, Matías descubrió que, además de ser terapeútico y ayudarle en muchos aspectos de su vida, el cultivo de plantas leñosas en pequeños tamaños era también un estilo de vida. Por lo que decidió emprender en Bonsáis Urbano (@BonsáiUrbano en Instagram o Facebook), un proyecto que le da sostenibilidad económica y a la vez le da la posibilidad de que otros también puedan conocer la milenaria técnica y cuidar o cultivar especies autóctonas sin importar el espacio físico en el que habitan.

“Los árboles cultivados con esta técnica tienen las mismas características y proporciones que los que están en su estado natural: grosor de tronco, ramas y hojas. Son iguales, por eso también deben habitar al aire libre, al igual que un árbol de tamaño convencional. Y aunque requiere de un cuidado constante, conviene tenerlo en el exterior porque necesita luz, viento y la inclemencia del tiempo para ser árbol justamente”, explicó Yegros a El Territorio.

Es que el bonsái no es un árbol con modificación genética, sino una planta leñosa común que por medio de la aplicación de técnicas se acondiciona en un espacio reducido: la maceta.

“El árbol tiene un crecimiento que de por sí lo hace ir hacia arriba. Ahora bien, lo que hace la técnica del bonsái es justamente distribuir esa fuerza hacia los lados, para que vaya teniendo ramas y tome la forma que uno desee”, expresó Yegros, al tiempo que detalló algunos de los pasos que se deben seguir para que el bonsái conserve su tamaño: “El primer paso es liberar la tierra -que debe ser un suelo preparado específicamente para que crezca este tipo de planta- y cortar la raíz pivotante (la más grande) antes de plantarlo. A medida que pasa el tiempo van creciendo las raíces radiculares, que son las que alimentan a la planta, y a su vez la copa y otras ramas. Se pueden incluso moldear con alambre las ramas para darle estructura, amplitud hacia los costados, equilibrio y más”.

Además de un sustrato nutrido y específico (preparado a partir de la mezcla de tierra, humus de lombriz y perlitas o algún otro derivado volcánico que permita que la tierra se airee y absorba el agua), el bonsái también requiere de trasplante, alimento, poda o pinzado y otras cuantas particularidades que demandan atención para su crecimiento y a la vez para que mantenga el pequeño tamaño que lo caracteriza.

De todas maneras, “uno va aprendiendo sobre la marcha, va experimentando y conociendo que le hace mejor a la planta. Además, cada bonsái es único; crece a su propio tiempo y de forma irrepetible”, explicó el joven que asegura que el proceso de cuidado requiere una conexión con la planta, comunicación con otro ser vivo. 

Respecto al tiempo que conlleva que un bonsái crezca y tome forma, Yegros aseguró que eso depende de cada planta en particular. Si la técnica está bien implementada, desde los primeros meses hasta cientos de años después, el árbol puede conservar su tamaño y forma.

“Cada árbol tiene su tiempo natural y hay que respetarlo, entender a la planta y no acelerar esos procesos”, señaló. “Esta es una técnica que requiere practicar la responsabilidad y la paciencia. Es un ser vivo al que hay que cuidar a diario, atender sus necesidades, brindarle tiempo y dedicación”, agregó.

Por ese  motivo, el emprendedor tampoco trabaja exclusivamente con pedidos, sino más bien invita a sus clientes a conocer la gran variedad de plantas que cultiva y que elijan llevarse el que más les guste.

“En un mercado convencional o vendiendo productos comunes es normal ir a un lugar a comprar lo que uno quiere. Pero aquí se trabaja con la naturaleza misma, entonces todo tiene su proceso. La naturaleza tiene sus tiempos, cada árbol también, no es como el mercado, se mueve a otro ritmo”, detalló.

Ya sea en una plaza, en el monte o en una maceta; con 30 metros de altura, 3 o sólo 40 centímetros; la naturaleza sabia y magnífica se adapta y apropia de los espacios; se amolda, crece y resurge si se la cuida; vive. 

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