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Nacido en Esperanza, Carlos Alberto “Carau” Duarte tenía 24 años

Los Duarte y la dolorosa espera de los restos del hermano que nunca llegan

Su familia recibió de los militares y sepultó en Puerto Esperanza un cuerpo que, años después, se determinó que no le pertenece. “No queremos morir sin tenerlo con nosotros”, dicen.

domingo 13 de diciembre de 2020 | 6:04hs.
Los Duarte y la dolorosa espera de los restos del hermano que nunca llegan
Duarte era de Puerto Esperanza.
Duarte era de Puerto Esperanza.

Nunca habían visto al Carau en Margarita Belén

Tenía los ojos vendados y tenía cadenas también

Nunca había estado Carau en Margarita Belén

La ráfaga en el silencio de Margarita Belén

Mataron a Carau y la tarde se va muriendo con él

De lejos vino la tarde a Margarita Belén

Pasó por los naranjales para que le arome la piel

Y nunca se marchó la tarde de Margarita Belén

Llora la flor del quebracho, llora la blanca paloma, llora el Paraná

Y también se ha puesto a llorar el monte de Margarita

Sepan los pueblos del mundo que en Margarita Belén

Mataron a Carau por la patria libre que quiso tener

Y que nunca se olviden las muertes de Margarita Belén.

 

“La muerte de Carau” se titula el romance devenido en canción con ritmo de chamamé escrito a modo de homenaje por el formoseño Juan Saavedra y el entrerriano Alejandro Ozuna, dos militantes peronistas y ex presos políticos que compartieron prisión con el misionero Carlos Alberto “Carau” Duarte, una de las 22 víctimas fusiladas en la Masacre de Margarita Belén (Chaco) hace 44 años.

Carau nació en Puerto Esperanza de la unión entre el paraguayo Secundino Duarte y la brasileña Cándida Ruiz Díaz. Era el sexto de diez hermanos.

En 1976 estrenaba sus 24 años siendo estudiante avanzado de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Era militante del peronismo de entonces, ocupando en ese momento el cargo de Secretario General de la Región 4 de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) que nucleaba a las provincias de Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones. Realizaba trabajos barriales, en especial en la comunidad Qom de Resistencia.

Los militares lo asociaron con el intento de copamiento del Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa, el 5 de octubre de 1975, que fue comandado por la organización armada Montoneros.

Fue detenido en Corrientes a mediados de noviembre de ese año y alojado en la Jefatura de Policía de esa ciudad.

En enero de 1976, cuando estuvo detenido en la U7 de Resistencia, su familia logró visitarlo. En febrero de ese año sus hermanos recibieron su última carta y después sólo supieron algunas cosas por un sacerdote que visitaba a los detenidos. Fue salvajemente torturado y finalmente fusilado el 13 de diciembre.

44 años

Hoy se cumplen 44 años de aquella masacre considerada por los hermanos Duarte como “la peor de todas las heridas abiertas y sangrantes del nordeste argentino”.

El dolor resiste el paso del tiempo porque hasta la fecha no han podido recuperar el cuerpo de Carau para darle sepultura junto a los de sus padres, en Esperanza.

Los restos óseos que les entregaron en Resistencia (en enero de 1977) asegurando que eran de Carau eran de otra persona que tampoco han podido identificar.

Lo confirmó el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en base al estudio genético de muestras extraídas después de la exhumación ordenada por la justicia federal en el año 2007.

Eso los impulsó a continuar en la búsqueda del hermano militante llevando en alto la bandera de memoria, verdad y justicia. “Nunca perdemos las esperanzas”, aseguraron.

El cuerpo incorrecto

El Territorio charló con cuatro hermanos de Carlos Alberto Duarte: Ramón Obdulio (76), Armando Elías (66), Miguel Ángel (64) y María Angélica (61).

“Somos militantes, fuimos y vamos a serlo siempre. Carlos militaba en la JUP, yo en la Juventud Peronista (JP) junto con Ramón y Miguel Ángel en la Unión de Estudiantes Secundarios (UEP) y después también en la JP. Siempre con la misma ideología, con el mismo objetivo”, expuso Armando aclarando “conocer muy bien la actitud y la forma en que actuó la dictadura militar”.

Remontándose a los tiempos inmediatamente posteriores a la consumación de la masacre, Ramón tuvo que ir a buscar el cuerpo del que dijeron era de su hermano. Fue acompañando a Secundino.

“Recibimos la notificación por parte del Ejército el 6 de enero de 1977, decían que habían muerto en medio de un enfrentamiento pero sabíamos que no era así. Nos fuimos con mi padre el 18 de enero al regimiento La Liguria en la ciudad de Resistencia donde decían que estaba, para traer sus restos. Nos mandaron a la municipalidad, hablamos con el intendente de facto y organizamos para ir al otro día al cementerio”, rememoró.

Sobre lo que ocurrió esa mañana contó que “eran diez tumbas, una al lado de la otra, todas con números. Desde el momento que abrieron la tumba para sacar el cuerpo comencé a tener dudas debido a que estaba demasiado deteriorado, descompuesto y me pareció raro que en tan poco tiempo el deterioro sea tanto, a papá también, pero no hizo ningún comentario. Pedimos que dejen sólo los huesos, limpios, los colocamos en un cajón y trajimos eso hasta Puerto Esperanza. Cuando llegamos lo primero que preguntó mamá fue 'hijo, conociste bien a tu hermano' y le dije que sí. Mentira piadosa. Pobrecita, qué le voy a decir”.

Dudas y búsqueda

La duda que los acompañó siempre llevó a los hermanos a pedir -por intermedio de Derechos Humanos- en la Justicia Federal la intervención del EAAF para exhumar los restos sepultados, extraer muestras óseas y corroborar en el banco de datos nacional si pertenecían a Carau. Tres meses después llegó el resultado: Negativo.

“La lucha entonces fue doble, la de saber a qué compañero pertenecen estos restos que enterramos y saber dónde están los restos de nuestro hermano”, afirmó Ramón.

En esa línea Miguel acotó que “sigue la búsqueda desde entonces, estamos con la gran esperanza de que nos avisen que el cuerpo de mi hermano apareció. Igualmente vamos al cementerio, rezamos, le prendemos velas porque sin dudas sepultamos a un compañero que mató la dictadura y merece nuestro respeto. Pero no es Carau”.

“Hasta la fecha no sabemos dónde está”, lamentó Armando refiriendo que “cambiaron todos los cuerpos. El aviso era que busquemos al número 10 en el cementerio, pero claramente no era y eso nos llevó a que todavía esperemos el momento de tenerlo otra vez con nosotros”.

Una luz en Empedrado

Sobre dónde podrían encontrar los restos de Carau, Ramón refirió que “un compañero de la ciudad de Empedrado nos contó que donde hallaron a (Carlos Enrique) Tereszecuk hay más restos óseos pendientes de ser rescatados y verificados a quienes pertenecen. Nosotros no vamos a abandonar lo que venimos haciendo. Ya vivimos, soportamos el dolor y lo llevamos como una mochila que en algún momento nos vamos a quitar de la espalda”.

En sintonía con su hermano mayor Miguel acotó que cuando se reúnen en Margarita Belén para homenajear a las víctimas “se habla que en Empedrado dejaron cuerpos NN sepultados en una fosa común que hasta ahora no sacaron, pensamos que puede estar ahí por lo que el deseo es mantenernos cerca del EAAF porque no nos queremos morir sin haberlo encontrado”.

“La masacre de Margarita Belén es una herida abierta y sangrante, la más trágica que hubo. Se hizo para que nazca el miedo en las juventudes que luchan por sus convicciones en movimientos populares. La muerte de esos compañeros nos entristeció pero a la vez nos dio fuerzas para seguir luchando, porque entregaron sus vidas generosamente para transformar una sociedad más justa. Eso tenemos que transmitir a las futuras generaciones: Memoria, Verdad y Justicia”, puntualizó.

María siguió atentamente lo que decían sus hermanos, y sobre el final, cuando la pregunta fue relacionada a si creen que en algún momento podrán sepultar a Carau, fue la primera en afirmar que “la esperanza está”.

“No vamos a perderla, creemos que en cualquier momento nos avisan del EAAF que encontraron los restos en tal o cual lugar y que es nuestro hermano”, acotó Ramón y Armando se apuró en revelar que están “tratando de permanecer cerca del EAAF para motivarlos a que vayan a verificar ese lugar donde nos dicen que pueden haber más cuerpos”.

“No queremos morir sin tenerlo con nosotros”, recalcó Miguel con la aprobación de todos.

 

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