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Entrevista a Roberto Parodi, hermano de Manuel Parodi Ocampo

“Lo emocional no tiene arreglo y ataca en cualquier momento”

Manucho, como era conocido por su familia, fue estudiante de Filosofía en el Instituto Montoya. Amaba el fútbol y la música y siempre estuvo muy vinculado a la ayuda social

domingo 13 de diciembre de 2020 | 6:04hs.
“Lo emocional no tiene arreglo y ataca en cualquier momento”
Roberto fue víctima de la dictadura y se exilió en Francia unos años. Foto: Federico Gross
Roberto fue víctima de la dictadura y se exilió en Francia unos años. Foto: Federico Gross

“Manucho le decíamos y éramos muy buenos amigos. Era muy bueno, tolerante, si había una disputa él te dejaba ganar, era muy generoso. Sobre todo cuando nos hicimos más adultos y más conscientes yo me daba cuenta que él adquirió una enorme autoridad sobre mí, en el sentido de quién era él y como veía las cosas. Yo eso lo respeté muchísimo. Era un tipo excepcional”. La frase resume apenas una pequeña parte del inmenso amor y el latente recuerdo que tiene Roberto Parodi (67) sobre la figura de su hermano Manuel Parodi Ocampo (24), uno de los cuatro misioneros acribillados durante la Masacre de Margarita Belén.

Si bien hoy se cumplen 44 años de tan atroz suceso, para la familia Parodi esta última semana no fue una más en sus vidas. Y es que el acto de reparación histórica que aguardaron junto a familiares de Arturo Franzen, otro de los misioneros acribillados en Chaco, ocurrió el último jueves por la mañana cuando se concretó la restitución de los cuerpos de estos dos jóvenes que en 1977 fueron intercambiados por el Ejército y posteriormente sepultados con las identidades cambiadas.

Sobre este simbólico acto, pero además con la intención de recordar las enseñanzas, los valores y por sobre todo la calidad humana de Manucho, su hermano Roberto recibió a El Territorio desde la calidez de su hogar en el barrio La Querencia.

Durante una extensa y amena charla, el médico farmacéutico revivió un puñado de recuerdos de aquellos años de crianza junto a su familia en la casa del barrio El Tajamar y rememoró detalles de la intensa y corta vida que tuvo Manucho entre su estudio, el trabajo y la militancia política.

“Familiarmente uno va a comprender que la muerte de un familiar siempre es una cosa muy dura y las circunstancias en que se dio mucho más porque se trataba de un joven, un tipo con muchas promesas para la vida, con una gran capacidad. Ha sido un calvario para mis viejos y un dolor enorme. Siempre fue una cosa muy dura y difícil terminar aceptando como dato de la realidad porque esto es un tema que no se digiere nunca. Esto es algo que no se puede terminar de digerir, es un dolor permanente que se hace más manejable con el paso del tiempo y con la comprensión de la problemática”, inició su relato Roberto, dos años menor que Manuel.

Desde una comprensión histórica de lo sucedido, el entrevistado remarcó que “si uno lo coloca en esa dimensión histórico/político uno puede entender y se hace aceptable la muerte, por más que siga siendo dolorosa pero uno lo puede procesar en términos más racionales. Lo emocional no tiene arreglo y ataca en cualquier momento. Vos de pronto lo recordás y es un dolor que ya no te largás a llorar pero es una cosa que no tiene arreglo, una herida que no se sutura nunca”.

Durante la charla, hizo mención al proceso de evolución que tuvo Manucho en su formación intelectual. De familia católica practicante y, por sobre todo, basado en las enseñanzas que adquirió por su padre, constantemente preocupado por el prójimo, Manucho siempre tuvo más que involucrado en cuestiones humanas.

“En un momento de su vida, tuvo serias intenciones de hacerse cura, pero tiempo después tomó una decisión de carácter racional y optó por ayudar desde otro lado, ya que consideraba que los procesos sociales en la Argentina no se iban a dar dentro de la iglesia”, mencionó el familiar y agregó que al llegar al Instituto Antonio Ruiz de Montoya en donde cursó sus estudios universitarios “se encuentra con la filosofía y con una evolución del planteamiento teórico que lo enriquece mucho y desarrolla mucho más su intelecto. El tema de la oratoria, que muchos destacaron en él, venía de la lectura y del conocimiento de los procesos históricos”.

“Él se iba con su guitarrita a unos barrios populares, allá debajo del anfiteatro, lo que antes se llamaba El Chaquito, porque había organizaciones de la Juventud Peronista y todos los fines de semana se iban a guitarrear y a mí me quería llevar y yo no quería saber nada. Él estuvo al principio muy cercano con los grupos juveniles de las capillas, después con el Montoya eso evoluciona y se politiza”, comentó.

El secuestro
Al poco tiempo de contraer matrimonio con María José Presa Kelly, el domingo 16 de abril de 1976 y en el día de su cumpleaños número 24, Parodi Ocampo fue secuestrado junto a su esposa durante un allanamiento realizado en conjunto por miembros del Ejército y de la Policía de Chaco. Todo esto ocurrió en la vivienda que ambos compartían sobre la calle Italia 1.025, en Resistencia.

Sobre cómo tomó conocimiento del secuestro de su hermano el entrevistado narró: “A mí me avisaron unos días después porque vino un tipo que yo no conocía y me avisó. Estaba en Corrientes y me vine para acá y les dije a mis viejos. Empezaron a buscarlo y no lo encontraban, a través de relaciones llegaron a un nivel de militares que nos dijeron que estaban en un lugar y que no podían hacer nada, que esperemos que nos iban a avisar. Ahí nos quedamos en el molde, no fue a mi viejo que le dijeron eso sino a otro. Después pasó lo de Margarita Belén”.

A su vez, comentó que él también vivió muy de cerca la privación ilegítima de la libertad por parte del régimen militar y recordó que en diciembre de ese mismo año fue detenido en Posadas por policías al ser considerado un “cartero de grupos subversivos”.

Allí sobrevoló en su mente el recuerdo de una visita de su padre, días previos a la Navidad de 1976 , en la Alcaídia donde estaba alojado. “Yo no sabía nada de Manuel y ahí le veo a mi viejo que estaba muy mal, trataba de sobrellevar y cuando le pregunto ‘¿Y Manucho?’ Me dice ‘No está más’, y ahí me comentó que murió”, revivió el entrevistado.

Por cerrar la charla dijo: “La enseñanza que deja es la necesidad de ir con el conjunto del pueblo, que ante un proyecto tiene que ir el conjunto. Y que tenemos que revisar nuestra historia. Un ciudadano es un individuo que conoce sus derechos y es capaz de organizarse para defenderlos. Es la conciencia ciudadana y para que haya una democracia tiene que ser así”.

 

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