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Debido al fuego no se pudo determinar la causa del deceso de Diniz Rabela

martes 12 de mayo de 2020 | 6:00hs.
El atroz caso ocurrió en la aldea mbya guaraní Tarumá Poty, ubicado en el municipio de San Vicente.
Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

El 17 de abril pasado, el cacique Marcelo Núñez (36) -conocido como “Claudio”- fue detenido como el principal sospechoso del femicidio de su concubina María Solange Diniz Rabela (22), ocurrido en la aldea mbya guaraní, Taruma Poty, municipio de San Vicente.
Desde un primer momento el acusado insistió con que su pareja falleció “de enfermedad” y reconoció que luego quemó y enterró el cuerpo por recomendación de una médica, ya que sospechaban que la mujer se había contagiado de Covid-19.
Pero según la Policía, la coartada del cacique fue desestimada por personal y directivos de Salud Pública de la zona, quienes oportunamente serán citados por el Juzgado de Instrucción Tres para brindar las correspondientes testimoniales.
De todas formas, según confirmó El Territorio con fuentes del caso, la autopsia practicada sobre el cuerpo de la víctima no logró determinar la causa del deceso, lo que siembra un serio interrogante sobre el avance del expediente.
Tal como se informó, el cadáver fue quemado y presentaba fracturas de cráneo, piernas y brazos. En tanto, el examen forense determinó que “son fracturas producidas por acción del fuego, no son previas a la muerte”, según precisaron.
También se realizó la medición de gases (carboxihemoglobina) para determinar si la mujer falleció por asfixia por monóxido de carbono del incendio, lo que arrojó resultado negativo, es decir que el deceso fue previo a la incineración del cadáver.
“El cuerpo estaba quemado, por ello no fue posible determinar rastros de violencia externa ni la causa de la muerte”, reconoció una alta fuente.

Apoyaron coartada
A la imposibilidad de obtener una certeza científica sobre el origen del fallecimiento de Diniz Rabela, se suma que en la primera ronda de testimoniales en el Juzgado de Instrucción Tres comparecieron otro cacique y una mujer, ambos de otra aldea, quienes apoyaron la coartada del imputado, quien en la indagatoria se desligó del crimen afirmando que la joven falleció por una enfermedad.
El acusado había señalado a personal médico que llegó a la aldea, asegurando que no revisaron el cuerpo y que dijeron que podría haber fallecido por coronavirus.
Según ese testimonio, una doctora le dijo que ellos se encarguen de la inhumación del cadáver y añadió que en su comunidad es habitual quemar los cuerpos cuando hay sospechas de que la causa de muerte es algo contagioso.
El primer testigo aseguró que llegó a la aldea cuando la mujer ya había fallecido, mientras que la testigo expresó que preparó el cuerpo antes de que lo incineren y “no notó nada raro”.

Supuesto Covid
El caso de la aldea Taruma Poty tuvo una enorme repercusión debido a los detalles escabrosos, como ser que el acusado quemó y enterró el cuerpo. Luego argumentó que su pareja tenía los síntomas de Covid-19, lo que alertó a las autoridades y derivó en su detención.
En principio, suena poco creíble que ante la sospecha de tratarse de un caso de coronavirus un profesional de la salud indique que incineren el cuerpo sin mayores recaudos ni la implementación del correspondiente protocolo.
La víctima -que no era aborigen y tuvo dos hijos, previo a la relación con el cacique- padecía cierto grado de retraso madurativo y hacía poco más de siete meses que se había mudado a la aldea con el pequeño de 4 años. En tanto, el mayor de 8 quedó al cuidado de la abuela materna.
Precisamente, la figura de la abuela resultó clave en la investigación del hecho y el hallazgo del cuerpo de la víctima.

Domingo de Pascua
Según reconstruyó este matutino con habitantes de la zona, el domingo 12 de abril el cacique Núñez caminó hasta la casa de un vecino de la colonia y habría pedido que llame una ambulancia porque el hijo de su concubina se encontraba enfermo.
Más tarde habría arribado una camioneta de Salud Pública, aunque no está claro si llegó con algún profesional, tal como luego declaró el sospechoso.
Tampoco se descarta que el sujeto solicitó asistencia médica en el marco de su coartada para encubrir el crimen, puesto que no habría referido que su concubina estaba mal, sino que hizo revisar al hijo de ésta.
“Pero el nene no tenía nada, hizo eso para después decirle a la gente de la comunidad que una médica le autorizó que quemen el cuerpo. La casa de Claudio es la primera de la aldea y sólo él sabe qué habló con la gente de Salud Pública”, comentó un vecino de Colonia Tambor de Tacuarí, cercana a la aldea
La misma fuente fue testigo del hallazgo del cadáver y manifestó que el deceso se habría concretado entre el jueves santo y el sábado previo al domingo de Pascua, día en que habrían incinerado el cadáver.
“Claudio le dijo a la comunidad que podían quemar el cuerpo y lo retiraron de la choza con la cama y todo, por lo que sacaron unas tablas de la pared para que pase. El mismo domingo vinieron a comprar un litro de nafta a mi negocio”, precisó el testigo.

Intervino la madre
El cuerpo de Diniz Rabela fue quemado y sepultado a unos 200 metros del centro de la aldea, en una zona de pastizales.
Ese mismo jueves 16 de abril el juez de Instrucción Tres de San Vicente, Gerardo Casco, ordenó la detención de Núñez, quien días antes se había trasladado a otra aldea en San Pedro. Luego dijo que se fue para distraerse porque estaba muy triste por el deceso de su mujer.
Días antes, él mismo se contactó con una hermana de la víctima y le dijo que ésta falleció por Covid-19 y una médica le autorizó a quemar el cuerpo, lo que luego ratificó en sede judicial.
En consecuencia, dicha versión llegó a oídos de la madre de Diniz Rabela, en San Vicente. “Por eso la señora se acercó a la Policía y contó lo que sabía y dijo que quería recuperar a su nietito. Ante la presunción de que la chica murió por coronavirus se activaron todas las alarmas y las autoridades policiales dispusieron que una patrulla se acerque a la aldea para hablar con los aborígenes”, comentó otra fuente.
La Policía llegó a la aldea, el cacique no estaba y, en primera instancia, los paisanos no dijeron nada. Los uniformados insistieron y alguien confirmó que el cadáver se hallaba a 200 metros.


“Ella tuvo tos y fiebre”

Tal como ya publicó El Territorio,más allá de que no tiene ningún valor en el proceso judicial hasta el momento, después de conocerse el supuesto femicidio trascendió la grabación de una conversación telefónica del acusado con Jorge Zach, director del área municipal que atiende la cuestión aborigen en la zona.
En esa conversación, Núñez insistió en la teoría de que su pareja tenía coronavirus y que había quemado y enterrado el cuerpo por recomendación de un profesional de la salud, quien a su vez supuestamente habló con la Policía. La situación parece descabellada porque para nada respeta el protocolo que se debe activar ante la sospecha de un Covid-19.
“Ella tuvo fiebre y tos, como se escucha en la radio. Hicieron una acusación sobre mí, pero yo jamás le haría mal a la gente de mi aldea. Murió de enfermedad”, se oye decir al cacique en el audio, al tiempo que señala “eso yo hice por orden del médico, él me dijo que habló con el jefe de la Policía y no se podía trasladar el cuerpo a ningún lado”.
Después del breve diálogo, Zach cortó la comunicación y guardó el audio de la grabación para que sea presentada a la Justicia.
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