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Podría recibir 10 años más de cárcel por un detalle surgido en su confesión

sábado 29 de diciembre de 2018 | 1:30hs.
Pensotti estuvo prófugo 38 días hasta que lo ubicaron en Garupá.
Carlos Cardozo

Por Carlos Manuel Cardozo [email protected]

“Detenidos por el homicidio del taxista podrían enfrentar prisión perpetua”, fue el título de este matutino, el 16 de mayo del 2017, luego de acceder a los detalles de la declaración indagatoria de Fernando Pensotti, detenido por el crimen de Carlos Alberto Amarilla (62), ocurrido en marzo de ese año.
Es que esa audiencia significó un punto de quiebre en la investigación, a tal punto que personas ligadas al caso manifestaron que el confeso asesino se había incriminado de un delito peor. Y el tiempo y la elevación a juicio terminaron confirmando que tenía razón.
Amarilla (62) fue encontrado muerto a pocas cuadras del barrio Giovinazzo, cerca de las 22.55. Entre sus pertenencias, los pesquisas hallaron 324 pesos en efectivo, un encendedor y su teléfono celular. De acuerdo con lo reconstruido, subió para su último viaje a Pensotti y a un menor cerca de las 21.45 en la Terminal de Ómnibus.
Hasta ese momento, la principal teoría era que los implicados se habían fugado de la escena del crimen sin nada de valor, aunque todo cambió. Fernando Axel Pensotti relató que, luego de que el taxista cayera desvanecido por el disparo, su cómplice tomó 2.000 pesos de su bolsillo, apagó las luces del auto y ambos huyeron.
El otro detenido había declarado que se enteró de la presencia del arma recién cuando se estaba concretando el robo. Pero Pensotti lo contradijo diciendo que había sido él quien le pidió el arma para robar, puesto que no tenía dinero, su novia estaba embarazada y su mamá “no tiene ni para comer”. Además, expresó que el disparo fue sin querer, en medio de un forcejeo, debido a que no sabía que había una bala en la recámara.
El menor, que con el avance del proceso fue declarado inimputable, amplió su declaración después de conocer que le habían atribuido el robo del dinero y ratificó que nunca supo de la existencia del arma y dejó en claro que pensaba que Pensotti había asesinado a Amarilla sin intención. Expuso también que su cómplice lo señaló por el robo por “pichado” porque se había desligado del hecho.
De todas formas, el proceso de instrucción se llevó adelante como homicidio en ocasión de robo agravado por el uso del arma de fuego y por la participación de un menor, e incluso bajo esa carátula se procesó a Pensotti con prisión preventiva.

Cambio sorpresivo
Sin embargo, en octubre último la causa fue elevada a juicio por el magistrado Fernando Verón, del Juzgado de Instrucción Tres, con una novedad de importancia: Pensotti está acusado ahora por homicidio agravado cometido con alevosía y por ser cometido criminis causa, con el uso de arma de fuego, con intervención de un menor y tenencia ilegal de arma de fuego, todo en concurso real.
Es decir, el joven pasó de ser pasible de recibir como máximo 25 años de cárcel a una prisión perpetua porque se considera que el asesinato se cometió para ocultar el robo de esa plata. El dicho “preso de sus palabras”, en este caso, es literal.
La elevación a juicio, que no fue cuestionada por la fiscal interviniente, fue apelada por el abogado del acusado, el defensor oficial Miguel Ángel Varela, que se basó en dos puntos que a su criterio son clave: el derecho a la defensa y las pericias que se hicieron en el arma del crimen.
Varela considera que la calificación más gravosa nunca fue expuesta y, por lo tanto, no se pudo ejercer la correspondiente defensa. También considera que no se hicieron las pruebas suficientes en el arma para determinar si realmente el tiro se pudo haber escapado. Y que tampoco se indagó si el taxista forcejeó como declaró Pensotti, puesto que no se le practicó la prueba de espectrofotometría de absorción atómica, ni guantelete de parafina.
Además, insistió en base a las declaraciones coincidentes de los dos implicados en el crimen en que nunca hubo intención de cometer el homicidio, sino que fue producto del nerviosismo, desesperación o resistencia del trabajador al volante.

El hecho
Carlos Alberto Amarilla (62) fue asesinado el viernes 31 de marzo del 2017 por un disparo en la cabeza dentro de su vehículo. Lo hallaron cerca de las 22.55, a unos quince metros de la avenida Cocomarola y en una zona de poca iluminación de la avenida 210. Esta última arteria es terrada y está situada a pocas cuadras del barrio Giovinazzo.
En un importante despliegue, ese sábado se hicieron varios allanamientos donde integrantes de la Secretaría de Apoyo en Investigaciones Complejas (Saic), personal de la Dirección Homicidios y efectivos de varias comisarías dependientes de la Unidad Regional X arrestaron a Wilson (17) y a Ariel P. (24), este último liberado tres semanas después.
Pensotti, en tanto, fue detenido el 7 de mayo en cercanías a la denominada Saladita de Garupá. En ese lapso, según declaró, estuvo cinco días en un monte cercano y sobrevivió con dos galletitas y una lata de choclo.
Agregó que, cuando vio su nombre en las noticias -un amigo le brindó refugio-, se asustó debido a que se hablaban de las duras penas que podría recibir. También admitió que el resto de los días que pasó en las sombras pidió trabajo y que unos vendedores de nacionalidad colombiana lo acogieron.
Por otro lado, un rastrillaje realizado en la tarde-noche el día que encontraron el cuero, en un descampado ubicado cerca a la escena del crimen, los pesquisas hallaron enterrada otra arma de fuego marca Bersa calibre 22. Las pericias confirmaron luego que se trata del arma homicida, aunque -como se explicó en los párrafos anteriores- nunca se hicieron las pericias sobre el conductor, para saber si manejó o no el arma y así corroborar la versión de que murió en un forcejeo.
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