El origen de la ganadería en el Río de la Plata

viernes 27 de abril de 2018 | 5:00hs.
La introducción del ganado en el territorio rioplatense constituyó un hecho trascendente en la economía americana. La difusión del ganado vacuno, ovino y equino, del que no había existencia en el continente americano produjo cambios profundos en la infraestructura rural y el comercio interregional en el período de la conquista española. Las llanuras desérticas se fueron transformando en regiones de gran movilidad económica y riqueza pecuaria. Nacieron, como consecuencia de la inserción del ganado emprendimientos como las curtiembres y saladeros que se proveían del ganado en las vaquerías y en las nacientes estancias. 
La enorme cantidad de ganado, cimarrón o salvaje y el criado en las estancias, hizo posible asimismo un sistema de transportes, carga y comunicaciones. Por otro lado, el auge ganadero contribuyó al desarrollo de la agricultura. 
En el aspecto social la economía ganadera dio origen a un nuevo tipo de trabajador con hábitos y conductas que caracterizaron al mundo rural argentino y le dieron una identidad marcada en el contexto mundial.
El ganado en sus inicios tuvo un carácter meramente militar, con la introducción de los primeros caballos en la expedición de Pedro de Mendoza en 1536. Muchos de esos animales se perdieron en las llanuras como consecuencia de las batallas contra los indios y se hicieron montaraces. Años después de la expedición de Mendoza, Alvar Núñez condujo a Asunción algunos caballos que comenzaron a ser criados en estancias.
En lo referente a vacunos, ovejas e incluso cabras, la llegada al territorio rioplatense se dio desde diferentes direcciones. Nufrio de Chávez condujo ovejas y cabras desde el Cusco hasta Asunción; Francisco de Aguirre los trajo desde Chile en 1557 y Juan Ortiz de Zárate trasladó al litoral rioplatense yeguas y ovejas desde Tarija y Charcas en 1570. Pero fue Alonso de Vera en 1587 quien arreó hacia el Paraguay un número importante aproximado a las 4000 ovejas y 8500 caballos y vacas hacia el Paraguay en 1587. Así Asunción se convirtió en el centro difusor del ganado en la cuenca rioplatense. Las fundaciones de Santa Fe (1573) y Buenos Aires (1580) estuvieron acompañadas por un buen número de ganado para la alimentación de sus habitantes. Cuando se erigió Corrientes en 1588 Hernandarias condujo desde Asunción un arreo de 1500 cabezas de vacunos y equinos para los primeros pobladores.
Fue tal la procreación del ganado en Asunción que don Juan de Garay escribía en 1583 que cuando llegó a Asunción una vaca valía 300 pesos “y hoy hay tanto ganado que no vale un peso y medio y cuando mucho dos…”
Los animales domésticos se constituyeron así en el principal recurso alimenticio de las primeras ciudades del Litoral, no sólo para el aprovechamiento de la carne y la leche sino también la grasa y el cuero y en el caso de ovinos y caprinos las lanas y cueros. Los caballos, yeguas y mulas serían fundamentales para el transporte, así como los bueyes para las labores agrícolas.
En la región donde los vacunos se multiplicaron extraordinariamente fue en las praderas del sur rioplatense, Buenos Aires, la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, donde dominaba el charrúa quien se vio beneficiado con la introducción de estos animales en sus territorios. Fueron Juan de Garay pero, sobre todo, el primer gobernador criollo del Río de la Plata, don Hernando Arias de Saavedra, quienes introdujeron en esas fértiles praderas arreos de vacunos, yeguas, ovejas e incluso cerdos entre 1611 y 1617. Así, en esa región se fueron formando  grandes masas de animales cimarrones. Desde esas “vaquerías”, como la Vaquería del Mar, sobre el Atlántico en la Banda Oriental y la Vaquería de los Pinares en el centro riograndense, se arreaban animales para la alimentación de los guaraníes de las Misiones Jesuíticas, por lo menos hasta 1730 cuando comenzaron a fundarse las primeras estancias alrededor de los pueblos.
Algunos de los animales que se “vaqueaban” desde las “vaquerías” se los aquerenciaba en estancias y se los criaba pasando a ser propiedad del dueño de esas tierras. Quienes recogían los animales de las vaquerías para consumo particular no debían rendir cuentas pues esos animales eran “realengos”, carecientes de dueños. A partir de 1609 quienes vaqueaban debieron obtener autorización de sus respectivos cabildos para arrear los animales desde las vaquerías. El cabildo comenzó a cobrar derechos sobre los cueros extraídos, por lo que estas instituciones comenzaron a regular la actividad. El exceso de arreos comenzó a debilitar la existencia de semovientes, lo que llevó a que el cabildo de Corrientes, por ejemplo, en 1707 prohibiera esta actividad. 
La formación de estancias fue una consecuencia de la declinación de las vaquerías.  Las primeras adjudicaciones tenían una superficie cercana a las 2000 ha y se las otorgaba junto a algún río o arroyo para que los animales tuvieran agua permanente. Las rinconadas servían para contener los animales en tiempos en que no existían los alambrados. La formación de estas estancias sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII contribuyó, sin dudas a la ocupación efectiva del espacio y la ampliación de las fronteras interiores de las ciudades hispánicas existentes entonces.

Por Alfredo Poenitz
Historiador