Masivo paro contra la reforma de las jubilaciones de Bolsonaro

Sábado 15 de junio de 2019
En San Pablo se produjeron manifestaciones callejeras. | Foto: AP
El gobierno de Jair Bolsonaro enfrentó ayer la primera huelga general contra su gestión, convocada por las centrales sindicales en rechazo a la reforma jubilatoria que se discute en el Congreso y a los recortes en el presupuesto para la educación. San Pablo y algunas ciudades del país amanecieron con bloqueos en las principales vías y el transporte público afectado por el paro. Un grupo de manifestantes quemó neumáticos en una de las principales autopistas paulistas y la ocupó al grito de “paro general”.
En la zona oeste de la ciudad, un grupo de manifestantes incendió un automóvil. La policía reforzó el patrullaje en las calles.
En el centro de Río de Janeiro la policía arrojó gases lacrimógenos a los manifestantes que intentaban bloquear la Avenida Brasil, una de las principales vías de circulación, en las proximidades de la terminal de autobuses.
Las fuerzas de seguridad liberaron el área y no hubo reporte de heridos. En Niteroi, en la región metropolitana de Río, un auto atropelló a manifestantes que cortaban una avenida. El cuerpo de Bomberos llegó al lugar y atendió a una mujer de 35 años que tenía heridas leves.
Este fue primer paro general en dos años en territorio brasileño contra una reforma considerada clave por el equipo económico del gobierno para reactivar una economía alicaída.

Sin bancos
“Mientras el gobierno permanezca con su propuesta de reforma previsional que fragiliza a los trabajadores y aumenta el número de miserables, continuaremos al frente del movimiento de protesta”, aseguró Adriana da Silva Nalesso, titular del sindicato bancario de Río de Janeiro. El cese de actividades afectó a los bancos en la ciudad, que en su casi totalidad permanecieron cerrados. La administración de Bolsonaro pretende elevar las edades jubilatorias a 65 años para los hombres y 62 para las mujeres e incrementar las contribuciones de los trabajadores activos.
“Es una reforma que va a acabar con la jubilación, va a hacer a los trabajadores trabajar hasta su muerte”, dijo la profesora Carolina Cacau mientras participaba de una protesta callejera carioca. En Río Grande del Sur la policía militar detuvo a 76 personas, 54 en Porto Alegre, capital del estado, que participaban en protestas.
La asesoría de comunicación de la fuerza expresó sin mayores detalles que las detenciones se debieron a episodios de “desobediencia y desacato a la autoridad”.


Una promesa de campaña

La reforma de las jubilaciones es una promesa de campaña con la que el presidente Jair Bolsonaro ganó el apoyo de los mercados durante su campaña electoral. El ministro de Economía, Paulo Guedes, la define como la llave maestra para reducir el déficit público.
El proyecto inicial contemplaba un ahorro de casi 1,2 billones de reales en diez años (más de 300.000 millones de dólares al cambio actual).
Pero las medidas para conseguirlo son impopulares y generan resistencia entre los legisladores, que deben aprobarlo por una mayoría de tres quintos para que entre en vigor.
A fin de ablandar esas resistencias, el relator del proyecto retiró algunos de sus puntos más polémicos, como el que preveía transformar el régimen actual, de reparto, en una jubilación por capitalización individual. También dejó fuera del proyecto medidas que afectaban las pensiones para ancianos discapacitados indigentes y a los trabajadores rurales que gozan de beneficios aunque no hayan aportado.

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