La luz de sus ojos. Sandra Nicosia y el instante decisivo

Viernes 24 de julio de 2020 | 07:50hs.
Por Marcelo Rodríguez

Por Marcelo Rodríguez Fotoperiodista

Ruido de magia. En esa habitación a oscuras que huele a químicos, una cámara fotográfica es despojada de su rollo. Son 24 o 36 fotogramas. Contienen imágenes recolectadas pacientemente, tomas elegidas y seleccionadas antes de disparar, pero lo mejor es lo que está por venir. Se trata de  un acto de magia consistente en zambullir al papel fotográfico en una cubeta y esperar que la imagen irrumpa sobre la superficie inmaculada y blanca. Cosas de la luz.

En la vida de Sandra Nicosia (56) pasaron algunos años desde la etapa del revelado de fotos en cuarto oscuro, a esta de cámaras digitales, computadoras, programas de edición, pandemias, aislamiento. Pero focalicemonos unas semanas antes de que el barbijo se imponga como el último grito de la moda, para ver a la fotógrafa que después de 20 años logra al fin realizar un viaje pospuesto tantas veces.

Disfrutaba del paisaje sureño, en la ciudad más austral de la Argentina, Ushuaia, cuando irrumpió esa palabra, cuarentena. “Fueron días de carrera, iba haciendo tours y visitando lugares que al otro día cerraban. Me quedó el Parque Nacional de Tierra del Fuego sin conocer”, cuenta. Luego vendría la cancelación de vuelos y lo que había sido un viaje de diez días amenazaba con prolongarse.

Para la fotógrafa varada, la estadía obligatoria se prolongó y debió permanecer tres semanas encerrada. “Por suerte tenía una ventana con muy linda vista”, aclara. “Al mismo tiempo me la pasaba tirando puntas para ver cómo me podía ir. Finalmente subí a un avión sanitario rumbo a Buenos Aires donde tuve que aguardar 20 días hasta que Darío, mi compañero, me pudiera buscar y traer de nuevo a casa: una chacra en la tierra colorada, un mes y medio después”, relata.

El regreso fue un periplo digno de la futurista película Mad Max. Rutas desoladas, retenes en la entrada de los poblados, gente emergiendo de la oscuridad con linternas pidiendo papeles, preguntando sobre destinos y procedencias. Hasta que al fin, hogar a la vista.

Chacra, dulce hogar
Una vez en casa fue retomar trabajo y actividades, tejer en el telar, cocinar, fotografiar cosas, ir un día por semana a la oficina, porque en el campo la conectividad es complicada.

Dejando de lado el tema de internet, en esa vivienda rural ella disfruta de su familia, sus plantas, las orquídeas y bromelias y algunas tropicales que tienen floración en invierno, pero sobre todo fotografía su entorno.

“Siempre pensamos en grandes proyectos y por diferentes cuestiones uno los va postergando, incluso hasta termina autoboicoteándose. Con Adriana Lestido, una de mis maestras, hablamos sobre por qué no construir y mostrar lo que nos circunda, en mi caso dar cuenta, de esto tan rico que me rodea en una provincia de un clima, una vegetación y fauna particular.

Lo que se ve no es lo real
A unos 20 kilómetros del centro  posadeño, en un solar al que se llega por una ruta polvorienta, la artista trabaja en un nuevo proyecto consistente en fotografía de  pequeños detalles. Transformando la realidad en las fotos, desde otro lugar. “Que uno vea, sepa que es algo natural pero que no se dé cuenta bien si es un tallo, un tronco, un ave.  Se trata de buscar otras formas en la naturaleza. Eso es lo que más me gusta hacer, últimamente” explica y separa esta búsqueda personal de su ocupación habitual.  

“A nivel laboral realizo el relevamiento del trabajo de campo de los investigadores. Voy a los barrios, recorro. Hago fotografía más tradicional, blanco y negro o color, dando cuenta de otras realidades”, compara.

Lo figurativo tiene lugar en su actividad laboral, pero en su ámbito doméstico trabaja sobre las fronteras de lo real, en lo conceptual. En un lugar registra lo que se muestra, en el otro muestra el universo que habita.

Vas a iluminar la casa
En la paz silenciosa de su casa, la artista rememora el momento en que sus padres le regalaron su primera cámara, una Kodak Fiesta, pero sobre todo destaca el de la revelación, ver que finalmente la foto aparecía impresa. “Yo me enamoré de la fotografía viendo cómo una foto se revelaba en el papel. Ese momento no me lo olvido más”, destaca.

Frente a la ventana de su comedor diario cuenta que “Sandra ve la luz. Hay algo que me fascina. La luz, las sombras, el contraluz, las figuras que se hacen, la superposición de sombras. Todo eso me encanta. Me encanta verlo en color y fotografiarlo en blanco y negro. Básicamente tengo los ojos formateados en blanco y negro. Incursioné en el color hace unos años. Me gusta, pero me siento mucho más cómoda con la escala de grises”, enuncia. Dice eso y hace un silencio infinito que dura 14 segundos. Se ha quedado mirando el zaguán y susurra: “Mirá, ves ahora todas esas hojas así iluminadas por el sol? se ven las nervaduras, todo. Me encanta”.

El secreto de sus ojos
Nicosia nos revela dónde está la imagen. “Está en mis ojos. Ni siquiera en la cabeza, porque a veces puedo pensar y tratar de buscarla. Pero la mayoría de las veces no. Miro y recorto, la imagen la armó en ese instante. Yo decido qué entra y qué sale. Quién aparece y quién no. Es casi instintivo.  Absolutamente espontáneo, sin mucho pensar. Al trabajar con luz natural el momento es un instante. Ni bien se corrió la luz, la imagen ya es otra.

Para ella el arte no está ni en el equipo fotográfico ni en la realidad. No. Está en el fotógrafo. No importa la herramienta, ese es el tema. Si de fotografiar se trata, que venga el celular, por ejemplo, y saquemos fotos, dice. La cuestión es fotografiar.

En ese lenguaje que es escribir con luz, Sandra busca decir que la conmueve la belleza. Lo reafirma. “Eso es lo yo quisiera decir, que el mundo sigue conmoviéndome”, inspira.

Explica que “todas mis fotos son muy importantes, personales. En todas hay algo mío”. Define a la belleza como casi un estado de armonía, de paz, de conexión con la naturaleza, con el entorno y con uno en su lugar en el mundo. Pero aclara que  “cuando hago otro tipo de fotografía como la social,  Sandra denuncia, Sandra reclama por condiciones de vida, de explotación. Y eso es todo lo contrario, es la tristeza, la fealdad. Todo lo que no debería ser”.

Perfil: Sandra Nicosia Fotógrafa

Es fotógrafa, madre, argentina, porteña. Trabaja como personal de apoyo a la investigación en el Conicet, en el Instituto de estudios sociales y humanos dependiente de la Unam y el Conicet.

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