Cooperativa de mujeres encara cultivo de hongos comestibles

Miércoles 11 de diciembre de 2019
Se optó por la técnica sobre tronco porque es la más sencilla para mantener el recurso. | Foto: Carina Martínez
El grupo de mujeres que conforma la Cooperativa Nueva Esperanza, del Paraje Gentil, departamento de San Pedro, comenzó a ejecutar un proyecto a fin de cultivar hongos comestibles y con ello darle un valor agregado al emprendimiento, reconocido a nivel nacional.
La cooperativa, mediante el aprovechamiento sustentable de los recursos disponibles en la naturaleza, se dedica a la fabricación de vinagres con frutas nativas.
La propuesta, ejecutada por la cooperativa, es de la Fundación Hongos de Argentina para la Sustentabilidad. El financiamiento está destinado a Proyectos de Uso Sustentable de la Biodiversidad (Usubi) , un programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
En esta oportunidad se busca capacitar a las cooperativas de mujeres, tanto las que conforman Nueva Esperanza de San Pedro como las de Mujeres Soñadoras de Aristóbulo del Valle, en recolección y procesamiento de hongos silvestres y cultivo de hongos sobre troncos, lo que representa, en el caso de las vinagreras de Nueva Esperanza, una importante posibilidad para ampliar la actividad.
Para concretar la producción es necesaria la capacitación de las interesadas en todo lo referido a hongos comestibles. En esta etapa realizaron un recorrido por el predio de la entidad beneficiada a fin de reconocer algunas de las especies comestibles nativas que existen en la región que pueden ser aprovechadas, procesadas y cultivadas de forma sencilla, como ser la oreja de Judas (Auricularia auricula-judae).
“Es un recurso que está disponible, se puede comercializar y también es una forma no sólo de incluir hongos dentro de la dieta de muchas personas, sino darle un valor agregado al emprendimiento de las mujeres de esta cooperativa”, indicó a El Territorio, Gonzalo Romano, especialista en micología y presidente de la Fundación Hongos de Argentina para la Sustentabilidad.
En lo que respecta al cultivo de hongos, se optó por la técnica sobre tronco, que a diferencia de la reproducción en bolsas, resulta más sencilla porque la corteza y la propia densidad de la madera ayudan a mantener las condiciones adecuadas para el crecimiento. Para ello seleccionaron un par de troncos de kiri, que miden 80 centímetros de largo, los cuales fueron enterrados en el suelo para que mantengan la humedad.
El paso siguiente fue cortar una rodaja de la madera en la parte superior donde se colocaron los micelios, materia prima utilizada para la multiplicación de los hongos.
Al final se cubrió con la rodaja y se colocó una bolsa de residuos sobre ella. Este último paso es importante, ya que otorga oscuridad al hongo para que crezca de forma correcta y dentro de cuatro meses comience a fructificar.
“Estamos muy entusiasmadas, realizamos la primera plantación y lo bueno es que una vez se cultiva, continúa dando frutos luego de la primera cosecha. Nosotras seguimos incentivando al uso sustentable de los recursos naturales, pensamos elaborar hongos al escabeche o simplemente hongos al vinagre, una experiencia muy enriquecedora”, señaló Nélida Richardt, presidenta de la cooperativa de vinagres Nueva Esperanza.
Teniendo en cuenta los usos y distintos tipos de procesamientos a los que pueden ser sometidos los hongos comestibles para su comercialización, el proyecto incluye la construcción de un secadero solar que permitirá deshidratar tanto los hongos como cualquier otro tipo de frutas.

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