Colombiana dejó todo para viajar y vivir en el mundo

Martes 23 de abril de 2019 | 05:00hs.
La viajera se traslada de un punto a otro en una scooter de 125 CC | Foto: Luciano Ferreyra
Yennifer Luna (29) es oriunda de Colombia. Hizo de su moto y de la ruta un modo de vida y el mundo es su casa. Partió de su tierra natal y hace tres años recorre Sudamérica. Se enamoró de Ushuaia, pero sigue rumbo a otras latitudes haciendo amigos en el camino y compartiendo su experiencia en las redes sociales. Fueron varios los hechos en su vida que la llevaron a decidirse y salir a recorrer el mundo.
Llegó a Misiones en un primer paso, en el mes de diciembre de 2018, cuando conoció a Laura Moreno y a Horacio Bellón, integrantes de Pilichos Ruteros. En esa ocasión conoció Oberá y siguió el rumbo hacia Brasil. El último sábado volvió a ingresar a la provincia para ir a Paraguay, sin olvidarse de visitar a sus amigos obereños.
La viajera se traslada en una motocicleta scooter 125 CC, y hasta el momento hizo Sudamérica, pero su idea es dar la vuelta al mundo.
“Es muy extraño porque siempre te fijas metas, soy gestora social (trabajadora social) y quería hacer una especialización de mi carrera en Buenos Aires, pero tras una serie de acontecimientos no lo pude realizar”, comenzó explicando Yennifer a El Territorio.
Pero varios hechos desafortunados la llevaron a tomar la decisión de viajar: “No conocí a mis padres, me crié con mi abuelita, que falleció en el año 2014. Cuando tenía el plan de viajar, tuve que postergar; en el 2015 me salió un tumor en un seno, mientras trabajaba en un banco, y para la frutilla del pastel había terminado con una relación de pareja de siete años. Fue cuando me dije: ‘Me voy’; lo hice con la moto que tenía porque no podía comprar una más grande y con la liquidación de mi contrato compré cosas para ir vendiendo y así financiar mi viaje”.
En la recorrida, el plan era llegar a Buenos Aires, pero el destino la llevó a conocer otros lugares y otro estilo de vida. “Apenas salí de Ecuador me empezaron a hablar de Ushuaia, porque mi idea era llegar a Buenos Aires y ya estaba, porque quería estudiar y trabajar, pero resultó que no, porque me hablaban del fin del mundo, la ruta 40, paisajes, y cuando llegué hubo un cambio de chip respecto a mi viaje”, manifestó.
A partir de allí, cambió la idea y se enamoró del Sur argentino, porque llegó en verano, para broncearse al lado de los lagos. Dejó esas tierras en otoño, cuando empezó a nevar; fue una experiencia que no la olvidará.
“Voy viviendo mientras viajo, soy de la idea de que el que vive y no comparte no está viviendo, por eso comparto en redes sociales lo que vivo, me llevó a conocer a mucha gente que se copa y a través de las redes sociales nos invitan a quedarnos a conocer sus pueblos”, afirma sobre el estilo de vida.
Eso pasó cuando estaba llegando a Misiones. Una persona le contó que había una actividad con los motoviajeros en el mes de diciembre, y así fue que conoció a Laura y Horacio, de Pilinchos Ruteros, quienes invitaron a Yennifer a visitar Oberá.
En la Capital del Monte se quedará hasta el jueves y venderá elementos que trae consigo en la céntrica plazoleta Güemes. Lo particular es que las cosas no tienen precio y por ello deja a consideración de la gente la colaboración para juntar dinero y seguir su viaje.
Luego del jueves viajará hacia Capioví para un encuentro motoviajero y de allí pasará a Paraguay, donde planea quedarse entre dos y tres meses conociendo lugares, para luego volver a Brasil y de allí viajar a Europa. “Tengo un norte, de Brasil salto a Barcelona, ahí hago Europa, parte de África, Asia y la idea es terminar en Oceanía”, aclaró.
Lo que deja en claro es que seguirá viajando y no piensa asentarse en ningún lugar: “La idea es vivir viajando y si llega el amor que se suba a la rodada, no es la idea quedarme en ningún lado”.
Para poder lograr el estilo de vida que lleva, deja en claro que tiene que dejar todo, llevar poco y, a la vez, lograr tener mucho: “Uno tiene que ser desarraigado y desprendido de las personas y de las cosas materiales, pero en el camino uno forma círculos no solamente de amistad, sino filiales y hasta encuentra acogida de hogar, que no lo tuve, porque crecí sin madre y sin padre, solamente con mi abuelita, pero el contacto con mi madre recién fue después de la muerte de mi abuelita y terminamos siendo amigas, dejé todo atrás para vivir en el mundo”.

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