“Andrés me agarró de las manos y me dijo que Guadalupe iba a salir”

Domingo 10 de noviembre de 2019
El manto de la Virgen fue traído especialmente por unos peregrinos, pero debe regresar a la basílica. | Foto: Nicolás Oliynek
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

Nadie está preparado para afrontar una tragedia. Ver a un ser querido herido o perderlo marca profundamente la vida de las personas. Es por ello que frente a la fatalidad, un rayo de esperanza surge bajo el nombre de fe, optimismo o buena vibra, según el credo que cada uno profese.
Fue por la fe que dos vidas signadas por el infortunio se encontraron. Sus protagonistas son el músico Andrés González (25) y la bombera Alicia Guadalupe Sommariva (22) -ambos heridos gravemente a causa de sendos accidentes vehiculares-, y sus madres, Sandra Ríos y María Eugenia Cardozo (ver Los jóvenes del milagro).
Hace ya unos meses que Andrés salió del hospital y, enterado del caso de la joven, él y su madre se sensibilizaron y quisieron compartir con ellas el manto de la Virgen de Itatí, que tanto lo había ayudado en su recuperación.
Y como en cuestiones de fe se trata de creerlo o no, un día después de que el manto llegara a sus manos, Guadalupe abrió los ojos y hoy se cumplen cinco días desde que recibió el alta del Hospital Madariaga.
Es así que Guadalupe y María Eugenia abrieron las puertas de su casa a El Territorio para contar sobre esta experiencia y más que nada agradecer a todas las personas que estuvieron a su lado, tanto personalmente como en oración.

“No paraba de llorar”
Las historias de Andrés y Guadalupe se cruzaron gracias a una de las enfermeras de la terapia intensiva del hospital que atendió a ambos. Fue ella la que puso en contacto a las madres para conocerse y darse la ayuda que necesitaban.
“Sandra se acercó y le preguntó a la policía quién era la mamá de Alicia Sommariva. Me paré pero no la conocía, se presentó y cuando lo veo a él lo reconocí enseguida y me emocioné mucho”, contó María Eugenia sobre aquel primer encuentro.
Y siguió: “Ahí ya empecé a llorar sin saber aún lo del manto. Ella me abrazó y me dijo que hay que tener fe. Después Andrés me agarró de las manos y me dijo: ‘Ella va a salir, mire, yo soy la prueba de que se sale’. Le abracé, lloramos y luego Sandra saca de su bolsa la mantita y me dijo que era de la Virgen de Itatí y lo había ayudado mucho a Andrés y que le tape a mi hija con eso. Ya ni podía levantar la mirada, estaba tan nublada de la emoción, no me acuerdo ni el momento en que se fueron”.
Así lo hizo María Eugenia, tomó el manto y cubrió a su hija con él. Al otro día, el informe de los médicos, que hasta ese momento no  había sido bueno, fue más favorable. Le sacarían de a poco la sedación y fue mejor aún: para el jueves ya no necesitaba el respirador.
“Nunca me voy a olvidar de ese día, ella estaba con Verónica (la enfermera) y se largó a llorar, nos vimos y fue muy emocionante. Le abracé, hubiera querido quedarme todo el día con ella, pero me daban sólo una hora. Como estaba sin el respirador, ella quería hablar pero no podía. Así fue mejorando y el sábado me dijeron que la iban a pasar a una sala más chica”, recordó sin poder contener las lágrimas.
Guadalupe estuvo presente durante toda la entrevista, pero prefirió no salir en las fotografías y aunque habla poco y bajo -porque, por el uso del respirador, aún no recuperó totalmente la voz-, dio muestra de su carácter, vocación y del amor por la vida de los desprotegidos. Cuando más entusiasmada se ponía en  la conversación era cuando se refería a su trabajo.
“Ya quiero volver a trabajar y no me dejan”, dijo en tono de reclamo y habló de su pesar por esas dos semanas en las que no pudo estar presente junto a sus camaradas. Otra de las cosas que lamentó fue haber pasado su cumpleaños, el 22 de octubre, dentro del hospital y haberse perdido el Superclásico. Es hincha fanática de River y fiel bromista de los bosteros.
Guadalupe aún no conoció a Andrés ni a su madre porque estaba inconsciente cuando fueron a verla. No obstante, está previsto un encuentro entre las dos familias para así devolver el manto de la Virgen.

No es magia, es fe
El manto de la Virgen de Itatí fue traído por unos peregrinos que fueron en una bicicleteada a la localidad correntina para la festividad. Ellos se la entregaron a la mamá de Andrés, que se aferró al objeto y que acompañó a su hijo en todo el proceso.
“En esos momentos lo que más importa es la fe y la oración. El manto ayuda porque es un elemento sagrado, pero te pueden dar un palo y decirte que eso le va a sanar a tu hija y vos te aferrás a eso, le rezás y tenés fe, obvio que va a salir adelante”, señaló María Eugenia y aclaró: “Es un conjunto de todo, no es sólo el manto. Quería resaltar esto para que la gente no piense que es algo mágico, tiene mucho que ver la fe”.
El objetivo del manto no era recorrer las casas o enfermos, simplemente sucedió, Sandra sintió la necesidad de llevárselo a María Eugenia y acompañarla de esa manera en ese momento. “Siempre fuimos devotos de la Virgen de Guadalupe, por eso ella se llama así, ahora tendremos que irnos a Itatí para conocer a la Virgencita”, anunció.
Lo que resta ahora para la total recuperación de la joven bombera es la rehabilitación con kinesiología, aunque para más adelante se evalúa la posibilidad de una nueva operación para colocarle una placa en la cabeza para sustituir el hueso que le sacaron en la craneotomía.
Tanto Andrés como Guadalupe tuvieron a su lado a numerosas personas que acompañaron a sus familias y a ellos en oración. El encuentro entre los jóvenes del milagro cerrará, en cierto modo, un capítulo amargo de sus vidas. 

Los jóvenes del milagro

Alicia Guadalupe Sommariva (22) estuvo dos semanas internada después de un grave accidente al caer de una autobomba de la Policía de Misiones y su estado era muy crítico. Por esta razón su familia considera que se trató de un milagro su recuperación, dado que los pronósticos médicos no eran buenos. Sufrió graves lesiones en su cabeza tras el accidente que se produjo en la intersección de las avenidas Costanera Oeste y Chacabuco, cuando regresaba de un servicio y se dirigía nuevamente a su cuartel, el 17 de octubre pasado. En el vehículo iban otros tres sargentos, aunque Sommariva aparentemente estaba ubicada en un compartimiento trasero que está separado a la cabina del conductor y del acompañante. Recuperada, la joven recibió el alta este martes 5 de noviembre. Por su parte, el 5 de marzo de 2019 es una fecha que marcó un antes y un después en la vida del joven músico Andrés González (25). Ese día sufrió un accidente automovilístico sobre la ruta 12, en Gobernador Roca, en el que fallecieron su novia, Melina Sosa Labandera y Melisa Caram, una amiga de ambos. Andrés tuvo lesiones graves y permaneció más de quince días inconsciente en el Hospital Madariaga; su despertar y recuperación también fueron considerados como un milagro. Antes de salir totalmente de alta estuvo cinco meses internado para recuperarse de la lesión de una pierna.

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