Balotaje en Brasil, qué se juega en las urnas y cómo llegó Milei al centro del debate final
Más de 158 millones de brasileños volverán a las urnas este domingo 25 para definir el rumbo del país. Flávio Bolsonaro quedó primero en la elección del 4 de octubre, con el 47% frente al 45% de Lula da Silva, y ahora ambos llegan prácticamente igualados en las encuestas. En esa primera vuelta, el voto nulo tuvo un peso muy fuerte, y el tercer lugar fue para Augusto Cury, seguido por Renan Santos y Ronaldo Caiado.
El cierre de campaña fue áspero. En el último debate, realizado el viernes en TV Globo desde Río de Janeiro, Flávio describió a Brasil como un “gran cementerio de obras” y le reclamó a Lula por los proyectos pendientes. El presidente, por su parte, defendió los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación y llamó “miliciano” a su rival. El senador lo bautizó “nueve dedos” y después pidió disculpas. También se discutieron la inflación, la deuda pública, las tasas de interés y los aranceles de Donald Trump a productos brasileños. Flávio terminó invitando a rezar un padre nuestro y apeló a la intimidad del cuarto oscuro, mientras que Lula planteó la elección como una disyuntiva entre preservar el orden constitucional y el rumbo que propone su adversario.
Qué se define en las urnas
La diferencia puede salir de los votantes que en la primera vuelta eligieron a candidatos menores, que sumaron casi un 9%, y también de quienes votaron en blanco, anularon o no fueron a votar. Hay otros sectores en disputa. En las favelas del estado de Río de Janeiro viven más de 2,1 millones de personas, un electorado que ambos buscan seducir, y el voto religioso es un terreno donde Flávio suele llevar ventaja. La Justicia electoral puso además especial atención en garantizar el voto indígena, y en el exterior pesa el caudal que llegue desde la Argentina, donde reside una comunidad brasileña importante.
La elección también define el equilibrio de poder en Brasilia. El Partido Liberal, de Flávio, consiguió 28 de las 81 bancas del Senado y 121 de las 513 de Diputados, con 24 representantes más que en 2022. Ese caudal aparece como un impulso para sus planes, entre ellos la promesa de indultar a su padre, Jair Bolsonaro, el mismo día de su asunción. El expresidente fue condenado a 27 años de prisión por intentar impedir la llegada de Lula al poder en 2022 y cumple la pena bajo arresto domiciliario.
En el plano internacional, Lula es uno de los pocos mandatarios de izquierda que quedan en Sudamérica y defiende el multilateralismo, con un Brasil que dialogue y comercie con todos, incluida China, su socio comercial más importante durante años. Flávio, en cambio, está alineado con los gobiernos de derecha de la región, como los de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, todos cercanos a Trump. Los observadores creen que se mostraría más dispuesto a ceder ante Washington, algo que el presidente estadounidense nunca ocultó desear, aunque con un tono más suave que el de Javier Milei.
Milei, en el centro del cruce
El presidente argentino apareció una y otra vez en el debate. Cuando se habló del salario mínimo, Lula advirtió que sin el PT los ingresos serían mucho menores y le marcó a su rival que “por eso lo siguen a Milei”. Más tarde le recordó que ya le había preguntado si iba a tomar prestada la motosierra del mandatario argentino y sostuvo que en la Argentina la pobreza llegó al 40% y que la gente come “carne de burro”.
Flávio salió a defender la gestión de Milei y responsabilizó a los gobiernos anteriores por la situación económica argentina. Además, intentó devolver el golpe al comparar a Lula con Cristina Fernández de Kirchner.
El nombre de Milei ya había aparecido en el primer debate, el 18 de octubre en Band, cuando Lula le preguntó a Flávio si pensaba aplicar el modelo argentino y el senador evitó comprometerse. Al día siguiente, el presidente argentino publicó un montaje en redes que ironizaba sobre el mandatario brasileño. Su involucramiento en la campaña viene de antes. En julio viajó a San Pablo para la convención del Partido Liberal que oficializó la candidatura de Flávio y llamó “ladrón” a Lula. En agosto, Brasil retiró a su embajador en Buenos Aires y la relación diplomática quedó en manos de encargados de negocios, en medio de una tensión que afecta al principal socio comercial de la Argentina.