Guido Barreyro, un 9 que conjugó clase y goles
“Lejos de casa, el deportista forma sus emociones”
Imposible que pase desapercibido. Sus casi dos metros captan la atención, tanto como los movimientos sutiles que tenía en la cancha y su poder de gol. Guido Barreyro (38) cuenta que se cansó de estar mucho tiempo afuera por trabajo, porque “no tenía tiempo hasta para mí”; por eso está “contento” ahora, tratando de rearmarse, con un emprendimiento propio y “algunas otras cositas”.
En Guaraní Antonio Franco tuvo tres ciclos y poco tiempo después del debut lo vendieron al Sparta Praga de República Checa; también pasó por Newell’s, San Martín de Tucumán, Fk Novi Sad y FK Indjia (ambos de Serbia), FC Rosengard (Suecia), Defensores de Belgrano (Villa Ramallo), Brown (dos ciclos), Sol de América (Formosa), San Jorge de Santa Fe (dos ciclos) y Kristianstad FC (Suecia), hasta el retiro a los 32.
Papá de Nicole (12) y Paulina (9), cuenta que ve fútbol pero “sinceramente el local no. Desde que dejé no pisé más una cancha salvo cuando Matías Suirezs me invitó a ser ayudante de campo; me gustó mucho. Me dio pena no hacerlo al 100% por un tema de trabajo. Me hizo sentir como futbolista”.
¿Qué te dejó el fútbol?
Lo hablé mucho con mi esposa, ahora empezamos los torneos con mi hija que juega al vóley. Y eso me llevó a mi infancia, le comentaba la posibilidad que tienen ellas, para bien, que van mamá y papá a verlas, acompañarlas, cosas que a mí no me tocó… recuerdo con 11 o 12 años tomarme solo el colectivo. Salir del colegio e irme al entrenamiento, de una punta a la otra, volver a las 11 de la noche a mi barrio con frío, calor, hambre… era mi pasión. Nunca tuve dudas. Mi vieja contaba que de chico a todos les decía que iba a jugar en Europa, parecía un chiste, pero era una obsesión. Se terminó dando con el diario del lunes, y ahora acompañar a mi hija me encanta. De vóley no entiendo pero de las emociones del deporte sí, eso me deja el fútbol: tener la posibilidad de vivir en Europa y ver otra realidad, otra mentalidad, con otros hábitos me terminó de formar como persona. El que es deportista y se va de su casa sabe lo que es estar solo, te forma con tus emociones… esa resiliencia que tienen los deportistas. Ahí es dónde más foco hago. También amistades y lugares increíbles que pude conocer.
Insiste en ese breve contacto con el fútbol local después del retiro y profundiza. “Hago hincapié en la formación, me gustaría ver un fútbol misionero diferente, porque siento que está igual que cuando tenía 15 años y eso no puede ser”. Luego subraya que “tuve suerte de coincidir con grandes jugadores misioneros cuando asomaba en primera y pienso, ‘no sé si los chicos hoy tienen la suerte de compartir un plantel con tantas figuras misioneras que hayan tenido un recorrido importante”.
Vamos a la elite, ¿quién es el mejor futbolista del mundo?
Es una obviedad. (Leo) Messi es por lejos el mejor de todos los tiempos, es una realidad. Al que le gusta el fútbol uno siente algo, como que ahora cae la ficha que no va a jugar más en la selección. No pude ver la etapa de Maradona, pero habrá sido parecido. Pero lo de Messi es fuerte, no sólo como futbolista, sino como persona.
Y en el torneo argentino, ¿quién es el que más sobresale?
Siendo objetivo, soy de River, Paredes es el mejor jugador, marca diferencias. Ahora se sumaron Correa y Almada en River, se ve que son distintos pero por ahí el momento del equipo no respalda. Pero Paredes vino en un momento malo y armó el equipo. Hoy juegan al ritmo de él.
¿Y el mejor futbolista misionero con el que jugaste?
Son varios, tengo miedo de olvidarme alguno. Por ejemplo uno de los chicos, Bichi López García, un talento increíble, era un distinto; compartí en inferiores el Pipi Lentini, también Julio Cáceres. No jugué, pero Martín Benítez me parece muy bueno y nos representó muy bien. Tengo amigos en común, la humildad que tiene me sorprende, conozco a la familia y es un jugador que me da orgullo. Bueno, jugué con Jonatan Schunke, excelente jugador y tremenda persona.
¿Y el mejor equipo misionero que integraste?
Claramente Guaraní, antes de irme a Europa. La vuelta de Hugo y Sergio Castillo, peleamos el descenso cuando estaba todo para ascender. Había mucha expectativa, estaba Troche en su prime, Martín Yegros, Leandrinho, un enganche que era muy bueno. Yo tenía una felicidad, ser del club y jugar con esos jugadores, Después no acompañaron los resultados. En Brown también tuvimos un buen equipo de Federal B que le competimos a todos.
A nivel mundial, ¿cuál es el que más te gusta?
Me gusta el fútbol inglés, por ahí miro Atlético de Madrid por Julián Álvarez, soy muy fan de él. Es un crack. Pero el fútbol inglés y el Arsenal miro, juega bien. Hace unos años el Liverpool generaba eso de sentarte y verlo. Y ahora lo sigo a Enzo (Fernández).
La mejor selección, ¿cuál es?
Te voy a decir la del 2022, pero la camada del 2014 fue tremendo equipo. He discutido con amigos, una pena por Higuaín, no sé si hoy hay un delantero como él, era muy bueno. Me da pena, pero eso es el fútbol, es ingrato. Porque esa selección era un equipazo y aparte jugaba bien.
¿Quién fue el mejor entrenador que tuviste?
El entrenador del Sparta Praga fue el mejor. El más sincero, el que me bajó a la tierra, me forreó y sacó la mejor versión mía. Hablando con amigos les digo ‘sabés lo lindo que es, estar en tu plenitud’. Yo me vi en el Sparta Praga y no lo voy a olvidar nunca, yo era querido y mimado acá, por ahí era medio vago y nadie me decía nada. Llegué al Sparta en puntas de pie en el sentido de que no tuve mucho esfuerzo. Y llegué arriba de las nubes y siempre cuento que en el primer entrenamiento me bajó la presión. Fui un cascarón de 1,96, flaco, mal alimentado que allá chocaba con Ferraris, que eran limitadísimos, los pasaba una vez y las quince veces restantes no, porque estaban preparados y ahí entendí. Para jugar en el alto rendimiento tenés que estar preparado.
¿Y el peor técnico?
Y porque me acuerdo de cosas que hacía en Guaraní, el Chango Cravero. Para mí un papelón, hacía cosas antifútbol, para llamar la atención. Nunca me voy a olvidar de Guaraní-Mandiyú en Corrientes, estaba por entrar y él me abraza, yo emocionado, y me dice ‘querés ver cómo se pudre todo? Y se da vuelta y le pega una piña a un utilero en el túnel. Y se armó una batalla campal. Me quedó esa imagen.
¿Dónde fue tu pico de rendimiento?
Tuve varios, en el momento en que me ve el Sparta Praga tenía un precontrato con Boca. Yo jugaba el Federal B con Guaraní, fue una versión pura mía, pero todo sacrificio porque no estaba preparado física y futbolísticamente. Era alto y sorprendía mi agilidad y técnica. En Sparta jugaba en el equipo B, como una reserva, ya con 18 años estar ahí es para remarcarlo. Y otra cosa es que mí me compró un equipo de Europa, es muy lindo. A mí me compra un grupo inversor antes que llegue el fax del Sparta y ese grupo me pone en el AEK Atenas (de Grecia), estuve una semana y media. Y el Sparta pegó el grito en el cielo porque ellos me vieron primero y ahí mi representante va a Praga y avanzaron. Imaginate los chicos de ahora si hacen las cosas bien, tenés más posibilidades ahora.
Y ese Guido en el mejor momento, ¿dónde le hubiera gustado jugar?
Siempre quise jugar en la primera del fútbol argentino. Y siempre me faltaba cinco para el peso. Y cuando voy a Europa ese sueño parecía más cerca; y cuando se da lo de Newell’s (año 2009), vine en silencio y empiezo a llamar a todos cuando firmé el contrato. Me arrepiento que cambió mi carrera, porque tuve problemas en el Sparta, pagué carísimo. No entendía que detrás mío había 2 millones de chicos con las mismas cualidades y yo me daba el lujo de decir ‘extraño, no quiero jugar más acá’. Como si fuese fácil. Y cuando vengo acá, me equivoco yo, no me cuidé en lo personal. Se va Caruso y (el nuevo DT) Gamboa me habló dos veces y la tercera dio una lista de los se tenían que ir y uno era yo.
En ese momento el presidente de Newell’s era el polémico Eduardo López, “no podía creer el monto por el que arreglaba mi contrato. Y yo iluso, cuando dicen el monto, le digo a mi representante: ¿‘esa plata que firmamos es para mí’?. ‘Ahí te explico -me respondió-, la barra nos apretó y una parte va a la barra. Y el resto sí es para nosotros’. Y me dice, ‘pero quedate tranquilo, te vas a poder comprar un auto’. Eran números en dólares… Tampoco estaba preparado para eso. Vivir solo, con 20 años, en un hotel, Rosario me devoró”.
¿Y con el representante bien la relación?
Muy bien. Él hizo todo e inclusive más para que pueda llegar y yo fallé. Me duele pero ya está. Se la jugó siempre por mí, inclusive cuando termino en Posadas con 25 años y un físico a punto de retirarme. Me acuerdo que me llama y me dice ‘te quiero ver triunfar. Hay un club en Santa Fe, San Jorge, un club serio. Darío Labaroni va a ser el entrenador y el primer 9 que pide sos vos’.
¿Cuál fue la mayor alegría?
Mis dos hijas, todos los errores que cometí me llevaron a tener esas dos hijas. Me aferro a eso. Es como mi premio. Con eso basta.
¿Y la mayor frustración?
Saber que tuve al alcance muchas posibilidades de estar en grandes ligas, con una carrera más importante, y por errores no hacerlo.
¿Te ofrecieron plata para ir para atrás?
Una vez jugando para Brown antes de disputar un partido en Formosa y no hace falta aclarar qué club fue… je! Obviamente los sacamos del hotel, fuimos y empatamos 1-1 porque además estábamos peleando arriba, pero ellos se habían armado para ascender como siempre.
¿Y alguna sustancia ilícita para mejorar tu rendimiento?
No, jamás utilicé nada para mejorar mi rendimiento.
Si tuvieras la posibilidad de mantener una charla con alguna celebridad, ¿con quién sería?
Con Messi, creo que todos los argentinos lo elegiríamos a él, jaja.
Si fueras un músico, ¿quién serías?
Si fuese músico -muy lejos de serlo jaja, soy pésimo en la música, no toco ni el timbre-, pero si pudiera serlo Andrés Calamaro o Fito Páez, alguno de esos dos genios.
Sin Messi, ¿cómo armarías tu selección argentina?
Dibu, Romero, Lisandro Martínez, Tagliafico, Foyth -una lástima sus lesiones-, Paredes, Enzo Fernández, Paz, Almada, Álvarez y Lautaro Martínez.