Tejido, crochet , costura y plantas son algunas de las actividades que realizan
Emprender durante el tratamiento, un sostén para pacientes oncológicas
La Expo Feria Vida y Expresión tuvo ayer su segunda edición en la Cascada de la costanera de Posadas, en el marco del octavo aniversario del Instituto Misionero del Cáncer. La jornada reunió distintas propuestas y permitió conocer historias de personas que atraviesan una enfermedad oncológica, un proceso que modifica la vida cotidiana y trae consigo desafíos físicos, emocionales y económicos.
“Mi diagnóstico fue allá por 2016. Fui con un dolor de columna y me diagnosticaron un plasmocitoma en la columna. De ahí comenzó todo mi tratamiento hasta hoy. Pasé por una cirugía de columna, una prótesis, quimio, rayos y lo último fue un trasplante de médula. Ahora hace medio año que estoy sin quimio y sigo con controles, primero eran cada tres meses y ahora cada seis”, recordó Eugenia Ocampo, de Jardín América.
Fue durante uno de sus viajes a Posadas para realizarse un control cuando Eugenia conoció el grupo de contención oncológica de Jardín América, que funciona en el ámbito de Acción Social del municipio y acompaña a quienes atraviesan la enfermedad. Decidió sumarse y actualmente participa con sus plantines, una de las producciones que llevó a la Expo Feria Vida y Expresión.
“Las plantas me aman a mí y yo aprendí a amarlas. En este tiempo uno busca qué hacer, en qué ocupar el tiempo. Me llegó a agarrar ataque de pánico por el encierro, por no querer salir y por un montón de cosas. Porque no es solamente en el momento del tratamiento que te pasa todo esto. Después va pasando el tiempo y decís: ‘¿En qué momento me va a soltar? ¿En qué momento voy a poder salir libremente?’. Y ahora me siento así”, contó.
Después de atravesar los momentos más intensos de su proceso, Eugenia siente que comenzó a darse nuevamente tiempo para hacer otras cosas y volver a salir. A su vez, compartir con personas que pasaron por situaciones similares le permite escuchar otras experiencias y encontrar un espacio donde también puede aportar desde su propia historia.
“Cuando me enteré dije: ‘Hay un grupo que me acompaña, no estoy sola’. Puedo escuchar lo que le pasa a otra persona y entender que puede ser que yo esté sufriendo, pero la otra persona también. Mi testimonio le puede servir para tener ánimo, tener fuerzas y saber que no estamos solas. También me aferré mucho a Dios y sé que estuvo presente en cada una de las personas que están a mi alrededor”, expresó.
Por su parte, la jardinense Carina Benítez convive desde hace siete años con un cáncer de mama. Fue operada, realizó quimioterapia y radioterapia y aún continúa en tratamiento. También forma parte del grupo de contención oncológica de su localidad, donde encontró un espacio para compartir con otras mujeres y comenzó a vender productos como maquillaje y accesorios.
“Puedo decir que hoy estoy bien, pero no fue fácil. Había días en los que quería abandonar todo. Gracias al apoyo de mi familia, de mis amigos y del grupo, hoy estoy acá. Es lindo porque entre nosotras compartimos nuestras vivencias. Es mejor juntas que solas, toda la vida”, relató.
En tanto, Zulma Trinidad, también de Jardín América, fue diagnosticada y operada hace cuatro años y todavía tiene por delante un camino largo. Según le indicó su médica, el tratamiento podría extenderse entre diez y quince años. Para cumplir con sus controles y viajar a Posadas cuenta con el boleto oncológico y, cuando sus turnos coinciden, utiliza la combi que sale dos veces por semana desde su localidad.
“Hay que tener paciencia, toda la paciencia del mundo. Gracias a Dios tenemos el Instituto Misionero del Cáncer, yo no tengo ninguna queja porque la atención es muy buena. Y allá en Jardín también tenemos muy buen apoyo de parte de la Municipalidad. Si tengo que venir y justo me toca mi turno, vengo con la combi y, si no, siempre encontramos alguna manera”, manifestó.
Hace dos años, Zulma se sumó al grupo de contención oncológica de Jardín América y comenzó a participar de las propuestas que acercan a sus integrantes. Ella encontró su lugar en el crochet: hace gorritas, gomitas y otros tejidos que ofrece de manera particular y muestra a través de sus estados. Aunque todavía no había salido a feriar en su ciudad, el año pasado aceptó la invitación para participar de Vida y Expresión y en esta segunda edición regresó con sus creaciones.
“Es muy importante tener un grupo de apoyo porque, aparte de la familia, están los amigos y las amistades, y así todo es mucho más llevadero. A Nidia la conozco desde la secundaria y cuando me diagnosticaron la tuve como ejemplo. Yo decía: ‘Si Nidia puede, yo me animo también’. Y así pude”.
Programa de contención
Detrás de ese grupo de mujeres de Jardín América está Nidia Cardozo, quien desde el área de Acción Social del municipio trabaja con el programa de contención oncológica y busca acercar a sus integrantes a distintas propuestas. Su tarea tiene, además, una historia personal detrás: hace quince años ella misma atravesó un cáncer y, aunque pasó mucho tiempo desde entonces, continúa con sus controles.
“Desde mi experiencia trato siempre de entender tanto al paciente como al familiar. Yo fui paciente, soy, porque eso no termina nunca. Lo mío fue hace quince años y constantemente sigo en consulta. Por eso siempre estamos dispuestos, escuchando si tienen alguna necesidad, si necesitan movilidad o ante cualquier consulta”, afirmó.
Esa cercanía es la que lleva a Nidia a insistir para que las mujeres se animen a salir, participar y mostrar lo que hacen, incluso cuando al principio cuesta dar ese paso. A través del grupo de WhatsApp mantienen el contacto y, según las posibilidades de cada una, buscan que las actividades sean también una oportunidad para despejarse, encontrarse con otras personas y obtener un ingreso con sus producciones.
“Más que vender, esto también es salir un poco de tu hábitat normal, venir, compartir y divertirse. Son diferentes casos y diferentes personas, por eso acompañamos a cada una según su necesidad. Lo importante es que en este proceso tengan algo con qué aferrarse, con qué trabajar y también la posibilidad de vender y tener su plata”, remarcó.
Puntos y Puntadas
Ana Paula Aguirre tiene 20 años, es de Posadas y comenzó su tratamiento oncológico a los 18. En medio de todos los cambios que llegaron con la enfermedad, tuvo que dejar de hacer muchas cosas porque no podía realizar fuerza ni grandes esfuerzos. El tejido apareció entonces como una de las actividades que sí podía mantener y, con el tiempo, se convirtió en Puntos y Puntadas (@puntosypuntadas78), su emprendimiento de crochet, donde crea principalmente amigurumis. El año pasado participó por primera vez de la feria y en esta segunda edición volvió con sus trabajos.
“Todo fue una sorpresa y después fui asimilando las cosas que pasaban. Me empezó a doler mucho la panza, estuve una semana sin poder ir al baño y fui tres veces a la guardia. La tercera vez me internaron y me operaron de urgencia. Después me dijeron que tenía un tumor que estaba obstruyendo el colon y me hicieron una ostomía. Al año me sacaron todo el colon con el tumor y, cuando me operaron, vieron unas manchitas en el hígado. Ahí empecé el tratamiento y todavía sigo”.
Las visitas frecuentes al Instituto Misionero del Cáncer también hicieron que Ana Paula fuera construyendo vínculos con quienes la atienden. Ella se define como una persona callada, aunque con el tiempo encontró cariño tanto en el personal como en otras pacientes. .
“En el Instituto son como tu familia. Las enfermeras son tus amigas, te tratan super bien y todo el tiempo están preguntando cómo estás. De tantas veces que uno viene ya te conocen y te agarran cariño. También es difícil estar yendo y viniendo, hacer trámites y salir cansada o débil del tratamiento. Por eso, cuando tenés acompañamiento es más fácil que hacerlo sola”, destacó.
Noticia Relacionada
La Expo Feria Vida y Expresión celebró ayer su segunda edición