Aylén, a un paso de ser la primera psicóloga no vidente de Misiones
El camino de Romina Silvero se encontró con otro desafío en 2022, en su papel de profesora de Psicoestadística en la Universidad Católica de las Misiones (Ucami), al conocer a Aylén Gauna (25), que había llegado a la carrera de Psicología después de haber atravesado un proceso educativo que comenzó en la Escuela de Ciegos y continuó en la escuela común José Manuel Estrada, donde cursó toda su primaria y secundaria.
Para Aylén, tesista y futura primera psicóloga no vidente de la provincia, la llegada a la universidad estuvo acompañada por una preocupación particular porque antes de comenzar la materia Psicoestadística “compañeros de años anteriores me comentaban que era una materia súper visual, hay mucho gráfico y entender la materia iba a ser complicado si no hay algún apoyo que me pueda explicar cómo son estos estos gráficos. Yo suponía que iba a tener que imaginármelo como me fue sucediendo en otras áreas de mi vida”.
Es que durante años había aprendido a resolver por su cuenta problemas para los que no siempre existían herramientas accesibles. Una de esas experiencias ocurrió durante su formación musical. Entre 2009 y 2015 estudió música y necesitaba trabajar con partituras, un sistema esencialmente visual. “Mi pentagrama me lo inventé yo”, reconoció. Imaginó las líneas del pentagrama, las reprodujo en braille y fue escribiendo las notas. Recién después descubrió que ya existía un sistema específico para hacerlo.
Con esa experiencia a cuestas, pensó que en la universidad podía suceder algo similar, que tendría que imaginar por sí misma cómo representar los gráficos y conceptos estadísticos, pero encontró otra realidad. El equipo docente de Psicoestadística, integrado por Carolina Bulloni, a cargo de la teoría, y Romina, responsable de las prácticas, trabajaba con materiales que permitían que Aylén pudiera acceder a los mismos contenidos que sus compañeros. Mientras una docente proyectaba histogramas, gráficos de barras o gráficos de torta para el resto del curso, Silvero elaboraba representaciones táctiles para ella.
“Encontré un panorama completamente diferente, un equipo docente que desde el primer instante me abraza porque las dos profes, una de una manera, la otra de otra manera, pero me apoyaron un montón y me sentí partícipe de la clase, no es que era una clase para mis compañeros y otra para la alumna no vidente, no, era una clase para todos en conjunto”, resaltó la tesista.
La diferencia no estaba solamente en tener un material adaptado, sino en poder hacer con él lo mismo que hacían sus compañeros. En los parciales, por ejemplo, cuando el resto del curso debía interpretar un gráfico y explicar qué alternativa resultaba más conveniente para una determinada situación, Aylén recibía una versión táctil que le permitía resolver la misma consigna.
Para ella, esa experiencia terminó cambiando su relación con una materia que inicialmente le generaba incertidumbre. “La materia la amé y me costó mucho terminarla porque quería seguir en esto, me encantó”, recordó.
La relación académica entre ambas continuó cuando llegó el momento de realizar la tesis ya que Aylén eligió a Romina como co-directora para acompañar la parte estadística de su investigación. Para la profesora, aquella elección tuvo un significado especial. “Para mí también fue un orgullo que ella me eligiera como co-directora de tesis porque bueno, dije, ‘Se ve que alguna huella dejé’”, contó.
Aprendió a abrirse camino
Mientras el proyecto MATEA busca multiplicarse entre las aulas, Aylén está a punto de cerrar otra etapa de su propia historia: ya terminó de cursar Psicología y rindió todas las materias, solo espera defender su tesis y convertirse en profesional. Si todo sigue el camino previsto, será la primera psicóloga no vidente de Misiones.
Su historia en Chaco, donde nació, y continuó en Córdoba durante los primeros años de su vida debido al trabajo de sus padres. Cuando llegó el momento de iniciar la escolarización se estableció en Posadas, donde comenzó su recorrido en la Escuela de Ciegos para alfabetizarse y luego se incorporó a una escuela común.
La autonomía que hoy tiene no llegó de un día para otro porque durante la secundaria, por ejemplo, realizaba sus trabajos académicos en braille y luego los traducía a tinta con ayuda de su familia. El procedimiento implicaba estudiar por la mañana, producir los trabajos en braille y dedicar después horas a traducirlos línea por línea para que pudieran ser leídos por los docentes.
Esa exigencia hizo que dejara algunas de las actividades extracurriculares que había sostenido durante años, especialmente la música. Había comenzado su formación musical alrededor de los ocho años y durante un tiempo imaginó que podía completar el profesorado. También estudió canto y, entre los 9 y los 13 años, tuvo la oportunidad de cantar en distintos escenarios de la provincia y del país.
Uno de esos escenarios fue el Festival del Litoral, donde compartió una presentación con Ramón Ayala, cantó también con Lázaro Caballero, con Lucio Rojas en el Festival de San José y, más recientemente, con Abel Pintos, después de pedirle la posibilidad de cantar junto a él durante su último concierto en Posadas.
Con la llegada de la universidad, las nuevas herramientas tecnológicas le permitieron ganar autonomía para estudiar. La computadora y el teléfono se convirtieron en aliados que hicieron posible desarrollar una vida académica con menos dependencia de su familia, aunque detrás de esa autonomía siguieron existiendo muchas horas de estudio y esfuerzo.
Ahora, mientras espera defender su tesis, Aylén está buscando trabajo. Su idea es comenzar con atención online y luego avanzar hacia un consultorio, aunque también le interesa trabajar en un hospital, particularmente dentro de un equipo de salud mental, y continuar formándose.
Las infancias ocupan un lugar especial entre sus intereses porque durante su carrera estudiantil realizó una práctica extensa en una clínica de niños y descubrió que quería seguir explorando ese campo. “Si bien tiene su particularidad, no es lo mismo que con un paciente adulto porque tenés que trabajar tanto con el niño como con el padre y formar formar un vínculo terapéutico con el niño y otro vínculo terapéutico con el padre que te deja lo más importante de su vida que es su hijo”, reconoció.
Hoy vive sola en Posadas junto a sus tres gatas y mira hacia una profesión que, como la matemática que aprendió con Romima, también necesita encontrar caminos para que nadie quede afuera.
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