2026-07-29

La infección por el virus B es la más diagnosticada en Misiones

“Todos deberían hacerse el test de hepatitis al menos una vez”

El hepatólogo José Martínez explicó por qué el diagnóstico suele llegar tarde y remarcó la importancia de la vacunación y los controles periódicos

En el marco del Día Mundial contra las Hepatitis, que se conmemora cada 28 de julio, especialistas insisten en la importancia de la detección temprana, ya que estas infecciones pueden permanecer asintomáticas durante años. En Argentina, se estima que más de 300 mil personas viven con hepatitis B o C y una proporción importante aún desconoce su diagnóstico, por lo que se recomienda realizarse al menos una vez en la vida el test para detectar ambas infecciones.

“Se calcula que entre el 60 y el 70% de las personas con hepatitis C no saben que están infectadas, debido a que la enfermedad puede permanecer asintomática durante años. La hepatitis B también puede cursar sin síntomas y cronificarse, especialmente cuando la infección ocurre en etapas tempranas de la vida. Gracias a la vacunación universal, la incidencia de hepatitis B ha disminuido significativamente en las generaciones más jóvenes. En Argentina, la hepatitis C continúa siendo una causa de cirrosis, carcinoma hepatocelular y trasplante hepático”, explicó el médico hepatólogo José Martínez.

En cuanto a la situación provincial, indicó que no existen publicaciones recientes con estimaciones oficiales sobre la prevalencia o incidencia de las hepatitis B y C comparables con los datos nacionales. La información disponible proviene de los casos notificados al Sistema Nacional de Vigilancia, por lo que no refleja la verdadera cantidad de personas infectadas.

En ese contexto, sostuvo que la realidad de Misiones probablemente sea similar a la del resto del país, donde se estima que más de 300 mil personas viven con hepatitis B o C y muchas aún desconocen su diagnóstico.

“La hepatitis B es la hepatitis crónica que más se diagnostica actualmente en la provincia. Muchas personas pueden tener hepatitis sin saberlo porque el hígado, cuando se enferma en etapas tempranas, no suele dar síntomas y recién los presenta cuando la enfermedad ya está avanzada. Al inicio pueden aparecer señales inespecíficas, como cansancio, fatiga o falta de fuerzas, que suelen atribuirse a otras enfermedades y no a un problema hepático”, sostuvo el especialista.

A partir de ese escenario, remarcó la importancia de incorporar la detección mediante serologías para hepatitis B y C en los chequeos de rutina. En los cuadros agudos, los signos más evidentes son la ictericia -coloración amarillenta de la piel y las mucosas- y la debilidad generalizada, por lo que recomendó consultar al médico ante la aparición de estos síntomas.

Respecto de los síntomas de alerta, advirtió que las manifestaciones de una enfermedad hepática suelen aparecer cuando el cuadro ya se encuentra avanzado. En los casos en que la infección derivó en cirrosis, pueden presentarse complicaciones de mayor gravedad, como ascitis -acumulación de líquido en el abdomen-, encefalopatía -alteración de la conciencia- o hemorragias digestivas con vómitos de sangre. Estos signos reflejan que el diagnóstico llegó de manera tardía.

“Todas las personas deberían hacerse alguna vez en la vida el test para hepatitis B y C, independientemente de la edad. La hepatitis B se transmite predominantemente por vía sexual y también de la madre al hijo durante el embarazo o el parto. En cambio, la hepatitis C se transmite a través de procedimientos médicos realizados antes de la década del 90, cuando todavía no se conocía el virus y no se tomaban las precauciones necesarias para evitar su transmisión. Por eso, la mayoría de las personas con hepatitis C tiene más de 50 años”, agregó el hepatólogo.

Por otra parte, el médico hizo hincapié en la importancia de la vacunación para prevenir estas infecciones. La inmunización contra la hepatitis B se aplica desde el nacimiento y requiere un esquema de tres dosis para completar la protección.

Para la hepatitis C no existe una vacuna, mientras que la correspondiente a la hepatitis A integra el Calendario Nacional de Vacunación desde 2005 y contribuye a reducir la aparición de nuevos casos y la transmisión del virus.

“El principal mito o error es meter a todas las hepatitis dentro de una misma bolsa. Por ejemplo, una persona que tuvo hepatitis A en la infancia puede pensar que todavía la tiene, cuando en realidad ya se curó, porque generalmente es una infección que se adquiere en la infancia y se cura”, afirmó Martínez.

Y agregó: “La gran mayoría de los casos se cura y queda únicamente la cicatriz inmunológica en los análisis. Sin embargo, muchas personas creen que haber tenido hepatitis A les dejó alguna secuela o intolerancia a ciertos alimentos, algo que no se condice con la realidad porque es una infección que no deja secuelas. Otro concepto erróneo es no darle importancia al tratamiento por tratarse de enfermedades asintomáticas.

Por último, el profesional detalló que muchas personas con hepatitis B no inician el tratamiento porque se sienten bien. Esa falsa sensación de bienestar puede favorecer el avance silencioso de la enfermedad hacia la cirrosis y, cuando finalmente se diagnostica o comienza el tratamiento, el daño ya puede ser irreversible. 

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