Reflexiones de la profesora de Lengua y Literatura Lorena Debarba
Un habla que se construye entre el portugués, el español y la historia
La forma de hablar es una identidad que se construye entre fronteras, caminos e idiosincrasia. Para los habitantes de San Pedro es mucho más que una manera de comunicarse. En cada expresión, en determinadas pronunciaciones y en palabras que para los vecinos resultan completamente naturales, se reflejan la historia, la cultura y la identidad de una zona de la provincia marcada por el encuentro de pueblos y lenguas.
Ubicado sobre la ruta nacional 14 y con una estrecha relación histórica, social y comercial con localidades brasileñas como Dionísio Cerqueira y São Miguel do Oeste, San Pedro desarrolló a lo largo de los años una forma de hablar propia, en la que conviven influencias del español, el portugués y, en menor medida, del guaraní. A ello se suman los cambios que introducen las nuevas tecnologías y las redes sociales, que incorporan términos y códigos cada vez con mayor rapidez.
Para la profesora de Lengua y Literatura Lorena Debarba, comprender cómo hablamos implica comprender quiénes somos. “La lengua es parte de lo que somos, es parte de nuestra identidad. Muchas veces el lugar donde vivimos y las lenguas en contacto que tenemos van construyendo significaciones que son muy propias, muy nuestras. Esa marca nos identifica y nos distingue”, explicó.
La influencia del portugués aparece con claridad en la vida cotidiana. Durante décadas, especialmente en las zonas rurales, fue la lengua materna de numerosas familias. Esa convivencia dejó huellas que todavía pueden escucharse en las conversaciones diarias. Expresiones como “tenía traído”, por ejemplo, son habituales en muchos hogares y responden a una construcción que surge del contacto entre ambas lenguas. Según explicó la docente, se trata de una traducción casi literal de estructuras propias del portugués que terminaron incorporándose al habla a lo largo y ancho del municipio.
Lejos de considerarlo un error o una deficiencia, Debarba sostiene que esta convivencia lingüística representa una riqueza cultural. “Las lenguas en contacto no son algo negativo ni un déficit. Son una gran ventaja para nosotros. El desafío está en conocer bien cada lengua y saber dónde están los límites de una y otra”, indicó.
Aunque suele hablarse del “acento misionero” como si fuera uno solo, la realidad muestra matices importantes. La provincia presenta diferencias marcadas entre regiones. Mientras en las localidades cercanas a la ruta 12 la presencia del guaraní resulta más evidente, en el Norte y Nordeste, especialmente sobre el corredor de la ruta 14, predominan las influencias del portugués debido a la cercanía con Brasil.
Entre las particularidades que distinguen a los habitantes del interior misionero aparece la pronunciación de la ‘ll’ y la ‘y’. “En Misiones, sobre todo acá en el interior, tenemos una forma particular de hablar que nos distingue, como es la pronunciación de la ‘ll’. Al hablar usamos la ‘ll’, no la ‘y’ o ‘sh’, para decir lluvia, como ocurre en otros puntos del país, lo que, junto con otras características, nos hace reconocibles”, remarcó Debarba.
El intercambio cultural también dejó expresiones que forman parte del vocabulario cotidiano. Algunas provienen directamente del portugués, como ‘saudade’, una palabra que los vecinos utilizan con naturalidad para expresar una mezcla de nostalgia, melancolía, tristeza y añoranza difícil de resumir en una sola palabra del español. También son frecuentes interjecciones como ‘meu Deus’ o ‘o meu’, que aparecen espontáneamente en momentos de sorpresa o preocupación.
Por otra parte, el legado guaraní también está presente, aunque con menor intensidad que en otras regiones de Misiones. Palabras como ‘che’, ‘chamigo’, ‘juira’, ‘yaguá’, ‘gurí’ o ‘guaina’ forman parte del lenguaje cotidiano y son comprendidas por prácticamente cualquier misionero. Muchas veces se utilizan sin que quienes las pronuncian sean plenamente conscientes de su origen.
“Es importante entender que las lenguas están en contacto y eso no debe verse como algo negativo, sino como un enriquecimiento de nuestra cultura”, señaló la docente.
A esta construcción histórica hoy se suma un nuevo fenómeno que es la influencia de la tecnología. Las redes sociales, las plataformas digitales y el contacto permanente con contenidos de distintas partes del mundo incorporan nuevas palabras, muchas de ellas provenientes del inglés. Conceptos vinculados a Instagram, TikTok o los videojuegos aparecen cada vez con mayor frecuencia entre los jóvenes, aunque su uso suele concentrarse más en los espacios digitales que en la conversación oral cotidiana.
Para Debarba, el desafío actual no consiste en rechazar esos cambios, sino en comprenderlos y otorgarles significado dentro de nuestra propia cultura. “La lengua es un instrumento móvil y se adapta a las necesidades de quienes la usan. No podemos evitar la influencia de otras lenguas, especialmente del inglés. Lo importante es conocer qué significan esos términos y darles sentido”, sostuvo.
La profesora consideró que la forma de hablar de los habitantes de San Pedro merece ser valorada y reconocida como parte del patrimonio cultural. “Es importante valorar nuestra forma de hablar y no tener vergüenza de ella. Nuestra manera de hablar es una parte esencial de quiénes somos y de cómo nos relacionamos con el mundo”, remarcó.
Entre palabras heredadas del portugués, expresiones que llegaron desde el guaraní, pronunciaciones características de la frontera y nuevos términos que aportan las tecnologías, el habla sampedrina continúa transformándose sin perder aquello que la hace única: una identidad construida en el encuentro permanente entre culturas, caminos y generaciones.