2026-06-28

En sus guiones de construcción colectiva las historias tienen palabras de acá

Teatro que rescata la voz de la frontera

El grupo de teatro comunitario Murga de la Estación pone en valor el habla cotidiana de los misioneros, reflejo de una provincia marcada por la diversidad cultural

Hay palabras que no aparecen en el diccionario, pero alcanzan para que dos personas sepan exactamente de qué están hablando. Hay expresiones que no se enseñan en la escuela, aunque forman parte de la educación de quienes nacieron y crecieron en Misiones.

Decimos “emboyeré” para nombrar un enredo; agregamos un “nomás” al final de las frases casi sin darnos cuenta. Mezclamos palabras en guaraní o portugués con la naturalidad de quien vive donde las fronteras no son una línea sino una forma cotidiana de habitar el mundo.

¿Cómo hablamos los misioneros? La respuesta no está solamente en las palabras que usamos, sino en la historia que esas palabras contienen.

En el grupo de teatro comunitario Murga de la Estación de Posadas esa manera de hablar no es un detalle del guion ni un recurso pintoresco. Es una decisión artística y comunitaria. Desde hace más de dos décadas este colectivo de teatro de vecinos para vecinos construye sus espectáculos recuperando las voces reales de los barrios, los giros propios de la provincia y esa cadencia que hace que cualquier misionero reconozca inmediatamente que la historia está ocurriendo acá.

“Hacemos un teatro de vecinos para vecinos y eso implica hablar como hablamos los vecinos”, resume Andy Ruiz, integrante de la mesa de dramaturgia de la murga.

La frase sintetiza una filosofía de trabajo: si las historias pertenecen a la comunidad, también debe pertenecerle el lenguaje con el que son contadas.

Detrás de esa elección hay algo mucho más profundo que una cuestión de estilo. La forma en que hablamos también es patrimonio cultural. Es memoria. Es identidad.

Misiones es, probablemente, una de las provincias argentinas en las que la lengua refleja con mayor claridad el encuentro permanente entre distintas culturas. El español convive desde hace siglos con el guaraní; el contacto cotidiano con Brasil incorpora palabras, sonidos y construcciones del portugués y del portuñol. A esa mezcla se suman las lenguas traídas por los inmigrantes -ucranianos, polacos, alemanes, japoneses, entre muchas otras- y la presencia viva del mbya guaraní, que continúa formando parte del paisaje cultural de la provincia.

El resultado no es un idioma nuevo, sino una forma particular de hablar español. Un español atravesado por la frontera.

Quien llega desde otra provincia suele sorprenderse con ciertas palabras o formas de construir las frases. Pero para quienes viven aquí esas expresiones son completamente naturales. No responden a reglas gramaticales escritas sino a una historia compartida. Son el producto de generaciones enteras que crecieron cruzando idiomas sin advertirlo.

Riqueza de voces

En la Murga de la Estación esa riqueza aparece de manera espontánea. Los personajes hablan como habla la gente en la fila del supermercado, en la chacra, en la parada del colectivo, en una ronda de tereré o durante una reunión familiar. No existe una intención de “corregir” el habla para acercarla a un español considerado más neutro. Por el contrario: cuanto más auténtica resulta esa voz, más verdadera se vuelve la historia.

Ruiz sostiene que los guiones buscan recuperar “esas voces vecinales, los giros, frases y palabras que dan cuenta del emboyeré de nuestra dinámica histórica, cultural y lingüística”. El término no podría ser más preciso. Emboyeré no habla únicamente de un enredo. También describe la mezcla permanente que caracteriza a Misiones: culturas, acentos, costumbres e identidades que se entrecruzan todos los días.

Ese reconocimiento se percibe también en el público. Cuando una expresión propia aparece sobre el escenario suele provocar una sonrisa inmediata, una complicidad silenciosa. No hace falta explicar el significado de una palabra porque todos la entienden. Esa identificación confirma que el lenguaje también construye pertenencia.

Durante muchos años existió cierta tendencia a considerar que hablar con modismos regionales era una señal de poca corrección o de escasa educación. Los medios nacionales contribuyeron a instalar un modelo de español neutro en el que las particularidades locales parecían desaparecer. Sin embargo, hoy ocurre algo diferente. Las identidades regionales comenzaron a ganar espacio y las nuevas generaciones muestran menos prejuicios a la hora de reivindicar su manera de hablar.

Paradójicamente, la tecnología también contribuyó a ese fenómeno. Aunque internet y las redes sociales acercaron formas globales de comunicación, no lograron borrar las identidades locales. En muchos casos sucedió exactamente lo contrario. Los creadores de contenido comenzaron a hacer visibles sus acentos, sus expresiones y sus palabras propias, convirtiéndolas en una marca de identidad.

Dialogar sin perder identidad

La Murga de la Estación transita ese mismo camino desde mucho antes de la irrupción de las redes sociales. Lo hace desde el teatro, pero también desde una convicción: es posible dialogar con el mundo sin dejar de hablar como hablamos en Misiones.

“El teatro nos permite mantener y transmitir con el lenguaje la manera de vivir en las fronteras y desde este lugar, con nuestros modos, sin pelearnos con lo global”, explica Ruiz.

En ese sentido, el lenguaje funciona como una memoria viva. Cada palabra heredada, cada giro compartido y cada mezcla de idiomas cuentan una parte de la historia de la provincia. Hablar como hablamos los misioneros no es solamente una forma de comunicarnos. Es una manera de decir quiénes somos.

Y quizás allí radique el mayor valor del trabajo de la Murga de la Estación. Sus obras no sólo rescatan historias de vecinos, también preservan las voces con las que esas historias fueron contadas. Porque cuando una comunidad deja de escuchar su propia manera de hablar, corre el riesgo de olvidar una parte de sí misma. Y en una provincia de fronteras abiertas, en la que las culturas se mezclan desde hace siglos, cuidar las palabras también es una forma de cuidar la identidad.

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