La escritora Lucía Pérez Campos invita a leer en voz alta y en forma colectiva
“Está bueno reconocernos a partir del lenguaje que usamos”
Lucía Pérez Campos (37) impulsa un espacio de lectura y escucha de poesías donde la gente lleva sus libros o sus poemas para ser parte de una actividad en la que se propone leer en voz alta lo que se quiera compartir y escuchar con atención lo que el otro quiere decir.
“El espacio se llama Poesía de Miércoles, justamente porque nos reunimos todos los días miércoles. Está abierto a toda la comunidad y la idea es animarnos a leer nuestros poemas en voz alta para ejercitar el habla y también la escucha atenta de lo que cada uno tiene para decir”, explicó la gestora cultural a El Territorio.
La idea nació en el 2013 cuando Lucia presentó su libro de poesías titulado 24 Perros y para eso invitó a un grupo de amigos a escuchar los textos leídos por ella. “Con mi amigo Gerardo Aranda, escritor y editor, nos dimos cuenta que a la gente le gustó la idea y por eso decidimos seguir repitiendo todos los miércoles el ritual de juntarnos a leer de manera colectiva”, contó.
Los lectores fueron mudando de lugar pero la dinámica es siempre la misma. Juntarse los miércoles a leer en grupo, despojados de todo prejuicio y con la única intención de poner en práctica el lenguaje a través de la escritura, la lectura y la escucha. Actualmente se reúnen en el Centro Cultural Vicente Cidade.
“A lo largo de estos trece años hemos pasado por distintos lugares, pero la idea sigue siendo la misma. Juntarnos los miércoles de 20 a 22 para ejercitar la lectura de poemas. Pueden ser propios o de los autores que cada uno lleve. No sentamos todos alrededor de una mesa llena de libros, ahora también se suma lo de llevar el texto en el celular y se lee desde alguna pantalla o desde el papel. Lo importante es que sigue habiendo gente de distintas edades que se anima a escribir, a leer en público y también a escuchar”, detalló Lucía, que además de escritora es productora de radio y televisión y profesora universitaria.
“Hablamos bajo y rápido”
Y con un oído tan ejercitado en la escucha, la pregunta de cómo hablamos los misioneros no podía faltar en la entrevista con la escritora. “Creo que en general los misioneros hablamos bajo. No somos de levantar mucho el tono de voz. Hablamos ligero y por eso también solemos saltear sílabas o no pronunciar algunas letras, porque somos de una habla rápida”.
Luego aclaró que “no hay un estilo de habla misionera que pueda aplicar a toda la provincia porque en cada comunidad es distinta. No hablan con el mismo cantito los misioneros que habitan los lugares cercanos a Paraguay que los que están en la costa con Brasil. Y también la zona Centro con la inmigración europea tiene su típico ritmo de habla. Pero en general eso de hablar bajo y rápido creo que es una constante”.
Seguidamente Lucía destacó que “a veces uno no conoce el tono de su propia voz o el ritmo que tiene al hablar. Por eso el ejercicio de leer en voz alta es muy bueno para reconocernos en nuestra manera de hablar y de pronunciar las palabras, para entender que somos producto de la cultura que habitamos. Y que eso también es nuestra identidad”.
Pero el bombardeo constante de otras lenguas y de otras formas de hablar también penetra en la tierra colorada. “Yo soy defensora de nuestra forma de hablar y cuando escucho a misioneros que hablan como porteños siento que estamos desperdiciando parte de lo que nos distingue como sociedad, y que deberíamos tratar de ser conscientes de que muchas veces nuestro lenguaje habla más de nosotros de lo que queremos decir”.
La gestora cultural dijo que “la forma de hablar es parte de nuestra identidad por eso está bueno reconocernos a partir del lenguaje que usamos y no querer copiar otras formas de hablar de otros lugares”.
Escuchar es revolucionario
En los tiempos de hipercomunicación que vivimos en la que la era digital nos hace sentir que estamos todos conectados, Lucía Pérez Campos dice que por el contrario “estamos tan bombardeados de mensajes que muchas veces no hablamos con la persona que tenemos al lado. Y no sólo que no hablamos sino que tampoco escuchamos lo que esa persona nos quiere decir, porque quedamos atrapados en las redes, donde se dice mucho y al final no se dice nada”.
Desde el punto de vista de la entrevistada, hoy escuchar es casi un acto revolucionario. “Dar un rato de nuestro día a poner el oído atento a ver que tiene para decirnos el otro es realmente algo que va contra la corriente. Porque todos estamos apurados y queremos mensajes cortos y rápidos. Si alguien tarda un poco más en decir algo ya dejamos de prestarle atención”.
Finalmente, la escritora dijo que “el ejercicio de escuchar poniendo atención a lo que el otro nos dice es algo realmente poderoso. Porque todos queremos hablar, pero al momento de escuchar nos dispersamos. Creo que es clave practicar la escucha consciente”.
Notas relacionadas
- De pichados, argeles y gurisitos. El castellano según los misioneros
- Teatro que rescata la voz de la frontera
- “Habitamos un espacio polifónico, intercultural y de longevos mestizajes”
- Un habla que se construye entre el portugués, el español y la historia
- '¡Qué picha’o!', el diccionario de expresiones populares