La resiliencia del amor y la magia
La resiliencia del amor puede definirse como la capacidad del individuo, o los individuos, en superar adversidades para después hallar armonía física y espiritual.
La palabra deriva del latín resiliere, significa saltar hacia atrás o replegarse y luego emerger de manera positiva. La psiquiatría alude a la capacidad de reponerse a un infortunio. Ejemplos:
Joseph Merrick padeció la rara enfermedad denominada elefantiasis, que le deformó el cuerpo, la cabeza y la cara convirtiéndolo en un monstruo humano, repugnante para la vista de las personas normales. Murió muy joven en Londres a los 27 años de edad por causa de ese adquirido mal. De entre sus ropas se le extrajo un papel con el siguiente texto:
“Es cierto que mi forma es muy extraña, pero culparme por ello es culpar a Dios; si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo procuraría no fallar en complacerte. Si yo pudiese alcanzar de polo a polo o abarcar el océano con mis brazos, pediría que se me midiese por mi alma. La mente es la medida del hombre”.
Este texto refleja la dimensión del espíritu humano, que nos hace humanos.
Sin embargo, allá por 1820, el polaco Artur Schopenhauer escribió un pensamiento de que la palabra vida es un eufemismo de sufrimiento. Quien codicia objetos, sucesos o personas saca un pasaporte a la frustración porque luchar por conseguirlos hacen padecer, y una vez acaparados no redimen el sufrimiento. Decía también, que el cuerpo humano absorbe y estimula las alegrías y placeres, pero concluye, inflexible, que la densidad de padecimientos es siempre superior a los inciertos goces conseguidos.
Razonablemente, debemos considerar que personas así las hay, pero son las menos. Por el contrario, la inmensa mayoría de seres humanos, en las buenas y en las malas, promueven una visión positiva y esperanzadora de su capacidad para superar las adversidades y encontrar la alegría en la vida.
Un ejemplo es Víctor Frankl, autor de ‘El hombre en busca de sentido’, quien, a pesar de haber vivido experiencias terribles en campos de concentración, encontró en el ser humano una increíble capacidad de resiliencia y búsqueda de sentido. Y esa actitud humana observó y lo expuso a través de la experiencia en campos de concentración nazis. Argumentó que incluso en las circunstancias más extremas, la capacidad humana de encontrar significado y propósito en la vida puede actuar como un escudo contra la desesperación y la adversidad.
Frankl enfatizó que, a pesar de las limitaciones externas, las personas siempre tienen la libertad de elegir su actitud frente a la adversidad. Esta libertad interior, esta capacidad de elección, es fundamental para la resiliencia.
Otro ejemplo es la novela de Mark Haddon. Cuenta la historia de un joven con autismo que, a pesar de sus dificultades, descubre la belleza y la bondad en el mundo.
En nuestra nación misionera y guaraní, la tradición oral cuenta que Antonio Ruiz de Montoya llegó a estas tierras allá por el 1600 y pico, junto a otra docena de curas veinteañeros como él.
De ellos Juan fue el más joven y el último en morir ya muy viejito. Jamás salió de la selva por motivo alguno y su única comunicación con el mundo exterior fueron sus largas cartas, con interrupciones periódicas, a su hermana Beatriz; en una última decía así:
Querida hermana Beatriz. Prosigo con esta de hoy 1 de octubre, para contarte que los nativos de la Misión recordarán al Karaí octubre. Es un duende maléfico que sale todos los primeros de octubre a recorrer las casas y ver quiénes tienen suficiente condumio. Es inspector que comprueba si la gente sembró y trabajó durante el año y supo guardar para los meses en que no hay cosecha premiándolos. Y aquellos que no laboraron los castiga con miseria hasta el año siguiente.
Más arraigada es la creencia del payé, tanto es así que ayer uno de los visitantes en busca de bendiciones mostrándome un crucifijo dijo: “Traigo este payé para que lo bendiga”. El payé es parte de una creencia ancestral y pagana que no logramos desterrar entre los guaraníes, puesto que la siguen practicando en forma clandestina, más entre los ancianos, como mi visitante de ayer que, por su edad, debe ser más viejo que yo.
El payé también es un amuleto con poder sobrenatural que da suerte y éxito a quienes lo poseen y a la vez causa daños a otras personas. Es símil al gualicho
Puede ser confeccionado con todo tipo de materiales: pedacitos de madera, pieles y huesos de animales, uñas o plumas de aves, como las del caburé que son las más preciadas. Ahora bien, con el tiempo, y tras la catequización, los indios cambiaron estos talismanes por el santo rosario que llevan colgado del cuello.
Ergo, la práctica de acudir a las curanderas tampoco fue desterrada por la evangelización, contrariando nuestras prédicas. Un tiempo atrás se rumoreaba que antes de casarse el hijo del Mburuvichá, una curandera le hizo brujerías a pedido de un rival celoso, el cual confiaba en sus virtudes ocultas. Instalado el rumor del pedido y su fracaso, decían que el mal agüero había sido conjurado por otra curandera de mayor poder esotérico. De ahí el bisbiseo generalizado referenciando que quien pidió el embrujo, fuera el derrotado de la pelea entre estas brujas. Así es, mi querida Beatriz, la brujería en la selva como en la ciudad tiene los mismos designios, utilizar ritos ocultos para causar males a una persona. Es un acto ruin, aunque distinto al payé y muy contrario a la magia. La magia, querida hermana, es el arte y la técnica de encontrar fluidos fuera de las leyes de la naturaleza con fines de producir sorpresas, alegrías, bondades y felicidades. La magia produce todos los actos donde la naturaleza se manifiesta en todo su esplendor; el canto de las aves, el nacimiento de las flores, el arco iris después del vendaval, la salida del sol, la luna en plenilunio, la paz, la hermandad, la buena amistad y el amor. Oh el amor hermana mía, es la máxima expresión de la magia. ¿Qué hay más mágico que el amor? El amor une; es el encuentro, y los hijos son obras mágicas producto del amor, y representan el presente y el futuro. Es mágica la continuidad de la especie, la hermandad entre los hombres, la buena amistad y hacer el bien. Yo, mi querida, llegué al medio de la selva por amor a Dios, y en la selva encontré mi propia felicidad sirviendo a mis semejantes, y con esa felicidad me iré de este mundo. Porque, en definitiva, todos los actos en la vida realizados con amor, expresan el final sublime de la magia.