La banda tocó el jueves en Umma, en Posadas
Volver a los 17
Los Lobo del Hombre abrieron el trillo a la selva, metal por la cerrazón de verde y misterio, corajudo Kyhyje. La sala, un caleidoscopio de cabelleras y latitas, de puños en alto y de tiempos continuos. Remeras negras, ojos, bocas…
Una fiesta de cumpleaños, un recital histórico y una flecha certera al romanticismo con que se guardan las pasadas juventudes.
La H No Murió, y ahora que mucho fracasamos demasiado, suena otra vez, vigente hasta las tripas, Ácido Argentino.
Aquel álbum de finales de 1991 cuando Hermética era eterna y el heavy metal tenía en sus filas a autorizados cultores del género y también a adolescentes, chicas de una escuela religiosa o de cualquier secundaria, que descubrían al Che, las desigualdades del neoliberalismo y la matanza de los pueblos originarios.
Cada día en la entrada del colegio se rezaba por los 500 años de evangelización y conquista, en clases se prestaban cd y se dibujaba en las mesas con fibrones de tinta lavable logos y tipografías góticas.
Pasaron 35 años de aquellas canciones de Iorio y compañía, pero en la posadeña noche del jueves esos decenios no fueron nada. Bajo las luces de escena, O’Connor en los huesos, tal es siempre, rugió la poesía que dice que la revolución es posible; que en este sistema la cúpula no tiene decencia y que hay una tierra a donde escapar para sentirse uno su estado, su patrón, su íntimo Dios.
Sin pausa cuerdas y batería para que se levanten las cabezas y los pies del piso, para que bailen los gurises de entonces y los de ahora, La H deshojó las canciones del disco homenajeado y también un par de sus otros dos trabajos. Olvídalo y volverán por más, cantaron todos para los gobiernos caretas.
El vocalista agradeció al público y recordó al gran Ricardo, “vamos a seguir haciendo que su legado siga vivo”, o algo así expresó para la ovación de todos.
El final fue con bises, con promesa de reencuentro y unas ganas apabullantes de evitar el ablande. Cambió el siglo pero siguen saludables las melenas para calzarse el gorro frigio. No es nostagia, es presente. No estoy vencido aun tengo fuerzas, para dar mi mensaje de resistencia.