2026-01-14

Cada una tiene su rol en los distintos pasos del proceso de elaboración

Amigas jubiladas cocinan con sabor a ‘nunca es tarde para darse un gusto’

Cinco mujeres rescatan el sabor heredado de los varenikes y un sábado de cada mes los venden entre los vecinos. Resaltan el valor de mantenerse activas y fortalecerse.

Un grupo de cinco amigas de San Pedro se juntan una vez por mes a cocinar varenikes para la venta. El propósito de la iniciativa va mucho más allá de mejorar los ingresos económicos, detrás de esta comida típica de Ucrania transmiten cultura, tradición, saberes ancestrales, aprenden y desaprenden unas de otras, fortalecen el vínculo y especialmente buscan motivar. Así es, transmitir que “nunca es tarde para emprender, para mimarse y darse un gusto”.

Un sábado al mes el quincho o la cocina de alguna de ellas se convierte en un espacio de intercambio continuo, de escucha, de compañerismo, de risas, pero por sobre todo de responsabilidad y compromiso porque son conscientes que de sus manos, de esas ganas que le ponen a cada repulgue se produce un alimento que llega a la mesa de una familia que confió en su trabajo.

Lo ganado en la venta muchas veces se destina a hacer salidas y viajes en conjunto.  Fotos: Carina Martínez

 

El grupo está conformado por las docentes  Matilde Sapper, Guillermina ‘Kosi’ Borau y Liliana Tabaczuk, la estilista Sulma Alfonso y la profesora de yoga Yolanda ‘Nani’ Borau y tienen entre 50 y 60 años, en su mayoría jubiladas o a punto de jubilarse. Las cinco descubrieron en una receta familiar la oportunidad para emprender, darle un buen eso al tiempo del que hoy quizás disponen y mejorar la renta. “Conocí los varenikes a través de Lili, era su vecina y amiga, cuando hacía me invitaba, yo siempre lo encontraba tan sabroso, siempre sublime”, contó Sulma.

Así pasaron un par de años, el grupo creció, llegó el momento de la jubilación y las ganas de hacer algo para mejorar un poco economía. Buscaron algo para hacer y al mismo tiempo pasarla bien; fue Liliana la que les propuso el emprendimiento poniendo su impronta y su receta familiar.

Todo es artesanal y la masa la elabora un día antes porque, afirmó, ese es el secreto de su éxito. El sábado por la mañana las cinco amigas ponen manos a la obra para el armado. “Llegamos y cada una se ubica en su lugar, somos un complemento, todas muy dinámicas. Ahora tenemos una maquinita para estirar la masa, al principio lo hacíamos con el palo de amasar. No es una receta complicada, demanda atención y unos secretitos”, aportó Liliana.

Una pasta que trasciende

Es una comida que se consume y conoce en la localidad gracias a la permanencia de los saberes que trajeron los abuelos de Liliana, sus padres lo guardaron y dieron continuidad a esa sabrosa costumbre de reunirse una vez al mes para compartir en familia.

“Lo trajeron nuestros abuelos, es una comida tradicional de todo lo que era la Unión Soviética. En mi familia una costumbre, a mí me gusta mucho hacer para la juntada con mis hermanos. Acá en el municipio muy poca gente lo conoce, pero ahora le gusta y ya sabe que una vez al mes ese es el menú”, señaló Liliana.

El secreto de su cocina es hacerlo todo casero y con amor. 

 

La docente ya jubilada fue directora por muchos años de la Escuela 144, contó en qué consiste el plato y cómo es el proceso de elaboración “Es una pasta, tiene formato de empanada, generalmente es sin el repulgue, nosotros le hacemos con un repulgue para diferenciar los sabores. Tradicionalmente el relleno es con ricota, también se hace con papa, hacemos de ambos. Se cocina en agua con sal, igual que las demás pastas”, explicó.

Después de cocinar el relleno, Guillermina y Sulma tienen a cargo el estirado de la masa, que  Yolanda transforma en tapas para que luego Matilde y Liliana les den forma al colocar el relleno y cerrar cada varenike. Detrás de los ingredientes hay un condimento que le da el toque y sabor diferenciado al producto: es hacerlo de manera casera y con amor. 

Cada pedido es separado prolija y delicadamente en una bandeja donde el cliente encuentra un instructivo para la cocción. La demanda es muy buena, aseguraron, y esperan que los vecinos las sigan acompañando y cada vez puedan producir más.

Las amigas animaron a no esperar a tenerlo todo para emprender, empezar de a poco e ir generando los recursos para crecer. “Antes nuestros abuelos hacían todo a mano, por qué nosotras decimos no podemos hacer porque no tenemos tal o cual cosa”, dijeron.

Cada una tiene profesiones y oficios distintos, historias diferentes pero quizás todas trabajaron con el único propósito de ayudar a la familia, criar a sus hijos y que puedan ser profesionales. Por eso incentivan a quienes llegan a la etapa de jubilación -que a veces puede causar incertidumbre-  volver el pensamiento a sí mismas y encontrar en su interior aquellos sueños que quizás estén dormidos.

“No hay edad para emprender y para aprender y, en nuestro caso, desaprender. Muchas veces creemos ciertas cosas y al compartir ideas, realidades y conocimientos nos damos cuenta que no eran buenas, nos ayudamos. Acá nos sentimos plenas, y queremos transmitir eso, el hacer con alegría, con ganas y como lo hacemos nosotras, con amor en el corazón,” concluyó el grupo.

El destino de la renta, cada una lo decide. Sin embargo, la premisa está en propuestas en conjunto como ampliar el margen de producción, salidas y viajes juntas.

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