Incorporaron técnicas y ganaron seguridad para cocinar
Dos hermanas de San Vicente hicieron realidad el sueño de estudiar cocina
A lo largo de su vida, la cocina siempre estuvo presente en la rutina de las hermanas Leani (69) y Lolita Garagorri (65), ya sea como trabajo, como interés personal o como espacio familiar. Con trayectorias distintas, pero una inquietud en común, ambas decidieron inscribirse en el curso de cocina de la Universidad Nacional del Alto Uruguay (Unau) en San Vicente, con el objetivo de formarse, aprender técnicas nuevas y ordenar saberes adquiridos con los años. Ese paso marcó el inicio de un recorrido compartido que las llevó a sostener el cursado juntas y a ganar mayor confianza en lo que hacen dentro de la cocina.
“Antes de realizar este curso me desempeñé durante muchos años como cocinera en el internado del colegio IEA 3 de San Vicente. No había realizado estudios formales en cocina, pero tenía mucha experiencia práctica”, dijo Leani.
La decisión de anotarse estuvo ligada a un interés que la acompañó durante toda su vida, ya que la cocina fue una constante en su recorrido personal y laboral, y sintió que había llegado el momento de formarse mejor y sumar nuevas herramientas. El camino hasta poder inscribirse y completar el cursado estuvo atravesado por dudas al inicio, esfuerzo sostenido y constancia, junto con el acompañamiento del curso y el compromiso personal que le permitió avanzar paso a paso.
“Fue un recorrido de mucho esfuerzo y constancia. Al principio tuve dudas, pero con el acompañamiento del curso y el compromiso personal pude avanzar paso a paso hasta lograr recibirme”, señaló.
Cursar junto a su hermana tuvo un valor particular, ya que compartieron el proceso de principio a fin y se apoyaron mutuamente durante las clases y el aprendizaje cotidiano.
En relación con el cursado, Leani destacó el aprendizaje de cosas nuevas, la posibilidad de ponerlas en práctica y su preferencia por la cocina casera, que sigue siendo el eje de lo que más disfruta preparar.
“Lo que más disfruté fue aprender cosas nuevas y ponerlas en práctica. Me gusta especialmente cocinar comidas caseras”.
Respecto de los aprendizajes centrales, la cocinera remarcó la incorporación de técnicas, una mejor organización en la cocina y el fortalecimiento de la confianza con la que hoy encara su trabajo.
Leani valoró la oportunidad que significó realizar el curso en la universidad, el acompañamiento docente recibido durante el proceso y el grupo humano que se formó a lo largo del cursado.
“Quiero agradecer muchísimo a la universidad por darnos esta oportunidad con el curso gratuito. También a mis compañeros, que son lo mejor. Como anécdota del último trabajo, me sorprendieron con un catering en honor a mi hermana y a mí. Armamos un grupo re lindo, pasamos ratos súper divertidos, comimos de maravilla y esos momentos me recuerdan por qué me encanta lo que hago y por qué estoy acá hoy”, dijo.
Y cerró con un mensaje de aliento a quienes no se animan a seguir o empezar una formación: “Nunca desaprovechen esta oportunidad, porque es gratuita y una buena oportunidad. No pierdan el tiempo, los que son jóvenes principalmente”.
En el entorno familiar señalaron que Leani mantiene una fuerte impronta casera en la cocina y que suele destacarse por la preparación de pastas. Según contó su hija, entre los platos que más disfruta hacer aparecen el varenike dulce y salado de ricota con distintas salsas, además de recetas aprendidas durante el cursado como hojaldres salados y lomo a la mostaza, que hoy forman parte habitual de su mesa.
Lolita
Por su parte, Lolita Garagorri, hermana de Leani, tiene 65 años y señaló que antes de este curso no había realizado ninguna carrera ni cursos vinculados a la cocina. Además, indicó que no tiene la escuela primaria completa, por lo que esta experiencia representó para ella la primera oportunidad de estudiar.
“Decidí estudiar cocina para aprender algo más y para compartir con mi familia. El deseo apareció porque a veces uno lee la receta y no entiende, y como a mí me gusta cocinar, tenía ganas de aprender a hacer las cosas”.
En relación con el momento en que decidió anotarse, contó que la motivó su situación personal, ya que está jubilada, tiene más tiempo disponible y sus hijos ya están grandes, lo que la llevó a animarse a estudiar en esta etapa.
“Mi recorrido hasta recibirme no fue tan difícil, porque nos comentaron que en la Unau estaban inscribiendo para cocina. Nos acercamos y nos recibieron bien. No midieron edad y nos enseñaron muy bien”, relató la cocinera al referirse al recorrido hasta poder inscribirse y completar el curso.
Sobre lo que significó cursar junto a su hermana, destacó que fue una experiencia muy linda porque compartieron el proceso y se ayudaron mutuamente, ya que cuando una no entendía algo, la otra podía comprenderlo y acompañarla. “A mí me gusta cocinar platos especiales, simples pero delicados, como para compartir con la familia. Lo más importante para mí fue que aprendí a hacer la masa hojaldre, que era algo que siempre anhelaba aprender, y esta vez aprendí bien”, expresó muy entusiasmada.
En sintonía, Lolita agregó que utiliza lo aprendido preparando comidas para su familia y para sus nietos, y que aprovecha esos conocimientos con frecuencia. Además, manifestó su interés en seguir aprendiendo y dijo que le gustaría hacer repostería el año que viene, si se presenta la oportunidad.
“Por último, quiero dejar un mensaje para todos y decirles que no pierdan las oportunidades, porque las oportunidades se pierden. Cuando se puede hay que aprovechar. No midan distancia, no midan edad, hay que aprovechar y estudiar”.
Más de 390 personas egresaron este año de la Escuela de Oficios
En distintas localidades de la provincia, la Escuela de Oficios de la Universidad Nacional del Alto Uruguay (Unau) desarrolló durante el año una propuesta de formación intensiva que alcanzó a más de 390 personas, con cursos dictados en Pueblo Illia, Jardín América, Aristóbulo del Valle y San Vicente, a partir de una articulación sostenida entre la universidad, instituciones educativas y municipios.
“Este año estuvimos en Pueblo Illia con los cursos de soldadura, tornería y repostería. Ahí tuvimos 40 participantes en total. Arrancamos en julio y terminamos en noviembre, con la entrega de certificados en la primera semana de diciembre. Fue un intensivo, pero nos permitió hacerlo y funcionó muy bien”, señaló Bruno Gini, secretario de Extensión, Cultura y Relaciones Institucionales de la Unau.
Jardín América
Por otra parte, en Jardín América se concentró una amplia oferta formativa, con cursos correspondientes tanto a la Escuela de Oficios como a la Escuela de Lenguas. En esa localidad se dictaron secretaría administrativo contable, herramientas web, operador de informática, lengua de señas e inglés en dos niveles, con una entrega total de más de 120 certificados.
“La idea del año que viene es mantener los cursos, no todos, pero sí algunos, y ver qué nuevo podemos generar. También buscamos tratar de identificar alguna demanda particular del lugar, para que valga la pena, que tenga una aceptación, y que después tenga su inserción laboral”, destacó el funcionario.
Asimismo, en Aristóbulo del Valle se dictaron los cursos de soldadura y herramientas web, con una participación de más de 30 personas. La experiencia se extendió desde julio hasta noviembre y contó con el apoyo del municipio y de la comunidad local, que colaboró tanto con logística como con herramientas.
San Vicente
En tanto, San Vicente fue la sede con mayor despliegue de propuestas, con doce cursos y más de 200 egresados de la Escuela de Oficios. Entre las capacitaciones se incluyeron cocina, repostería, operador en meliponicultura, cerrajería y electricidad industrial, además de auxiliar en electricidad industrial, varios de ellos incorporados por primera vez este año.
“Fue un año muy potente para la Escuela de Oficios, con muchos cursos nuevos y una repercusión muy buena. Terminamos muy contentos, con los profesores entusiasmados y con la comunidad acompañando”, afirmó Gini.
De cara al próximo año, desde la Unau prevén sostener parte de la oferta y realizar ajustes en los contenidos y las duraciones, con el objetivo de mejorar las posibilidades de inserción laboral de los participantes. En ese sentido, se analiza la implementación de certificaciones intermedias y cursos cuatrimestrales, además de nuevas propuestas surgidas a partir de encuestas de demanda en cada localidad.
“De cara al año que viene tenemos muchas expectativas. Ojalá el presupuesto acompañe para poder seguir desarrollándonos, sobre todo en la compra de insumos y maquinaria, que es lo más costoso, y en el sostenimiento de los sueldos docentes. La idea es seguir creciendo porque es una propuesta que tuvo buena aceptación, respondió bien en la comunidad y también a la necesidad de trabajo y de formación que hoy exige el mercado laboral”, concluyó el secretario de Extensión.