Canto a la vida
Allá por 1820 el polaco Artur Schopenhauer escribió un pensamiento de que la palabra vida es un eufemismo de sufrimiento. Quien codicia objetos, sucesos o personas saca un pasaporte a la frustración porque luchar por conseguirlos hacen padecer, y una vez acaparados no redimen el sufrimiento. Decía también, que el cuerpo humano absorbe y estimula las alegrías y placeres, pero concluye, inflexible, que la densidad de padecimientos es siempre superior a los inciertos goces conseguidos.
Debemos considerar razonablemente, que personas así las hay, pero son las menos.
Por el contrario, la inmensa mayoría de seres humanos, en las buenas y en las malas, promueven una visión positiva y esperanzadora de su capacidad para superar las adversidades y encontrar la alegría en la vida.
Un ejemplo es Víctor Frankl, autor de “El hombre en busca de sentido”, quien, a pesar de haber vivido experiencias terribles en campos de concentración, encontró en el ser humano una increíble capacidad de resiliencia y búsqueda de sentido. Y esa actitud humana observó y lo expuso a través de la experiencia en campos de concentración nazis. Argumentó que incluso en las circunstancias más extremas, la capacidad humana de encontrar significado y propósito en la vida puede actuar como un escudo contra la desesperación y la adversidad.
Frankl enfatizó que, a pesar de las limitaciones externas, las personas siempre tienen la libertad de elegir su actitud frente a la adversidad.Esta libertad interior, esta capacidad de elección, es fundamental para la resiliencia.
Otro ejemplo es la novela de Mark Haddon. Cuenta la historia de un joven con autismo que, a pesar de sus dificultades, descubre la belleza y la bondad en el mundo.
Y en nuestro medio, abundan ejemplos de canto a la vida y citaré algunos.
Evelin escribió: No estoy esperando curarme; estoy viviendo. Hace algunos cuantos días escribí en las redes sociales sobre mi diagnóstico de cáncer de pulmón estadío IV con metástasis varias y mi recuperación.
El texto se viralizó y llegó a miles de personas. Muchísimas me escribieron; trato de contestar a todas y seguiré haciéndolo.
Quiero que sepan que cuento mi experiencia, cómo lo siento y lo vivo yo. No estoy para dar consejos, sólo para compartir. Aunque sí, tal vez pueda recetarles una pastilla que a mí me funciona: “Todo me chupa un huevo-plus-max”. Es gratis, no produce efectos colaterales, puede llegar a ser adictiva pero no hace mal y pueden tomarla (de ser necesario) varias veces al día. Me ayuda a dramatizar menos, a no tomarme tan en serio ni a mí ni a mis problemas, a saber que, todo está bien siempre.
No tengo actitud de lucha ni de “tengo que vencer al cáncer”. Prefiero abrazarlo fuerte, agradecerle infinitamente lo que vino a mostrarme y a enseñarme e invitarlo a irse. La lucha nunca me interesó; me suena violenta.
No hay esfuerzo, no hay conflicto. Solo entregarme total y conscientemente a lo que es. Dejo la carga de querer entenderlo todo y siento. Hay una gran paz en eso.
Gracias nuevamente por todo el amor que me llega de quienes me leen. Aprovecho para pedirles un favor: no me vean enferma, no me sientan enferma. Yo estoy bien.
Por su parte el Dr. Eduardo expresó: Ella amamantaba a nuestra hija más pequeña, instante de felicidad en que todo era alegría en nuestras vidas, y la vida misma nos sonreía. Después de terminar de alimentarla mirándome a los ojos me dijo: -estoy notando al tocarme un pequeño nódulo en el borde externo de la mama derecha, pero no te preocupes- agregó.
De golpe sentí escozor seguido de la rara sensación de que el mundo daba vueltas y ya no estaba allí.
-No te preocupes- me dijo mi señora en aquel momento, -mañana tengo consulta con el ginecólogo y veremos-.
Así fue, pero hasta el día de hoy no quiero recordar lo que se desató en mi espíritu a partir de allí. La incógnita de la primera consulta, la primera biopsia, la espera por días de los resultados e imprecisiones cuando las hubo. Sin resultados ciertos, los colegas no sabían qué decir cuando ya sospechaban que fuera maligno.
A partir de allí tuvimos apoyo de muchas personas generosas y de los amigos. Pero lo más importante fue que ella decidió ayudarse en no decaer y hacer caso a cuantas indicaciones recibió de los médicos que la trataron, jamás cuestionó ni desobedeció ninguna indicación facultativa.
Realizó todas las indicaciones respetando a pie las consignas que le iban dando los oncólogos que la trataron, cumpliendo los tratamientos indicados y mucho más. Y hoy, 25 años después, muestra su brazo derecho vaciado de ganglios como el estandarte de una victoria que nadie festejó pues sólo ella sabe el trajín rutinario de todo lo que le costó, y sabe cuántos viajes tiene ese brazo, cuantas noches de angustia, pero también mañanas de alegría por los buenos resultados obtenidos
En la primera estrofa de Piú Avanti, Pedro Bonifacio Palacio (Almafuerte) expresa ¡No te des por vencido ni aún vencido! Dedicado a quienes han vivido, viven y vivirán, como un canto de esperanza y paz espiritual.