2025-08-03

Países que se reinventan para volver al mapa del turismo global

Sri Lanka apuesta a un turismo más exclusivo; Perú se proyecta como destino integral de cultura, sabor y sostenibilidad. Qué tienen para ofrecer y cómo disfrutar estos destinos al máximo

Mientras la actividad turística aún retoma su pulso tras la pandemia, tres países se adelantaron al resto con estrategias ambiciosas para convertir este 2025 en un punto de inflexión en su recuperación económica y su proyección internacional.

Sri Lanka, según adelantó la Sri Lanka Tourism Development Authority, se ha fijado el objetivo de atraer 3 millones de visitantes extranjeros y generar 5 mil millones de dólares en ingresos turísticos en 2025, luego de haber recibido poco más de 2 millones en 2024. Para ello, reestructura su política turística y busca atraer visitantes con alto poder adquisitivo y estancias más prolongadas.

Una pausa en Arequipa es inevitable en Perú. 

 

Perú, por su parte, aterriza en Fitur 2025 con una propuesta trapeada sobre cultura, aventura y gastronomía. Promoción del Inti Raymi -presentado por primera vez en Europa-, degustaciones de café, pisco y chocolate, y una narrativa que apuesta por el turismo sostenible, inclusivo y vinculado a comunidades.

Sri Lanka

Desde Buenos Aires a Sri Lanka hay más de un día de vuelo -casi 26 horas si se viaja con Emirates, escalas incluidas-, pero lo que espera al otro lado de ese largo trecho justifica con creces cada hora en el aire. Se trata de una isla incomparable donde se mezclan junglas, playas, montañas, templos milenarios, té y una gastronomía llena de picante y personalidad.

El atractivo de Sri Lanka no tiene fisuras: por un lado, está su biodiversidad. El Parque Nacional de Yala, en el sudeste, tiene una de las mayores densidades de leopardos del mundo —hasta 22 ejemplares por cada 100 km² en su bloque I— además de unas 300 elefantas que caminan libremente por praderas abiertas, bosques y humedales donde también habitan más de 215 especies de aves . Las excursiones llegan al amanecer o al atardecer; allí, encima del vehículo, el guardaparque habla bajito mientras el felino se recorta entre los arbustos secos de octubre a noviembre.

Otro ícono imperdible es el viaje en tren entre Kandy y Ella, que en apenas unas horas atraviesa montañas cubiertas de tierra oscura y plantaciones de té, serpenteando puentes coloniales y túneles selváticos, mientras el humo se mezcla con la niebla y los pasajeros saludan a quien vendía kottu roti en la vía. Es considerada una de las trayectorias ferroviarias más bonitas del mundo.

El Parque Nacional de Yala tiene una diversidad interesante. 

 

En el corazón cultural del país se encuentran antiguos reinos como Sigiriya -la Roca del León que vigila cuatro siglos de templos y jardines- y la ciudad sagrada de Anuradhapura, con sus 2.000 años de historia budista, o Kandy, donde se venera el legendario “Diente de Buda”. Cada paso entre ruinas, mercados y pagodas ofrece un contraste de colores, aromas y devoción que se vive con intensidad.

¿Cómo se come en Sri Lanka? Diariamente en muchas casas y restaurantes se sirve rice & curry, un combo de arroces con varios curries -de verduras, dal, carne o pescado- y sambals picantes, que se rellena sin prisa entre cucharadas al mediodía. Y en los puestos callejeros, el kottu roti, hecho con roti cortado con cuchillos de hoja grande, huevo, verduras y curries, ofrece textura crocante al gusto local. En algunas cenas, sorprende el lamprais, un paquete envuelto en hoja de banano con arroz al caldo, curries y albóndigas al estilo burgués holandés, aromático e inolvidable.

Desde Argentina no hay vuelos directos: la conexión más común es con Emirates vía Dubái. Los vuelos entre Buenos Aires (EZE) y Colombo (CMB) duran entre 25 h 50 min y 26 h 20 min, en aviones Boeing 777 con una escala en Oriente Medio. También se puede volar con Qatar Airways (vía Doha) o Turkish Airlines (vía Estambul), aunque todos implican al menos dos escalas y más de 30 horas de viaje.

Perú

Desde Buenos Aires, un vuelo de ida y vuelta a Lima en 2025 toma apenas entre 4 horas 50 min y 5 horas, operado por Latam, Aerolíneas Argentinas y Sky Airline (tres aerolíneas que cubren la ruta sin escalas desde Ezeiza y Aeroparque), atravesando unos 3 150 km directamente hacia el corazón andino del Perú.

Es imposible pensar en el Perú sin imaginar Machu Picchu, la ciudadela inca suspendida sobre una montaña que recibe cada mañana la niebla, pero también sin esas rutas menos trilladas como el Salkantay Trek, una caminata de cinco días que atraviesa paisajes majestuosos -desde lagunas turquesas hasta nevados- para culminar frente a las ruinas, o Choquequirao, más extensa que Machu Picchu pero aún misteriosa y semivacía, posibilidad latente de un teleférico que facilitaría su descubrimiento intacto. Al sur, Paracas y las Islas Ballestas ofrecen encuentros con lobos marinos y pingüinos, y el Cañón del Colca permite observar cóndores planeando sobre terrazas agrícolas milenarias, mientras que el lago Titicaca revela las islas flotantes de los Uros, comunidades vivas sobre los totoras del altiplano.

La Lima moderna sobrevuela todos esos destinos con su centro frenético y su gastronomía seductora: el Mercado de San Pedro, obra del ingeniero Gustave Eiffel, sigue vibrando con puestos de ceviche, tiraditos, chifa y lomo saltado, reflejo del mestizaje culinario del país.

Porque si algo distingue al Perú en el mapa global, son sus sabores. El ceviche limeño -con pescado fresco marinado en limón- es Patrimonio Cultural de la Nación, al igual que el lomo saltado, mezcla criolla con técnicas chinas. El ají de gallina, cremoso y especiado, el anticucho de corazón adobado, la causa limeña, la pachamanca cocinada bajo tierra y el icónico pollo a la brasa redondean una paleta de sensaciones premiada por gourmet y chefs de todo el planeta.

Conviene volcarse a Perú en las temporadas medias -abril-mayo o septiembre-noviembre- cuando el clima es amable y los grandes centros arqueológicos aún no registran aglomeraciones, según lo aconsejan los expertos internacionales.

Viajar por el país exige moderación con la altura. Una pausa en Lima o Arequipa ayuda a aclimatarse antes de trepar a Cusco o escalar al Salkantay.

En materia de seguridad, más allá de algunas alertas puntuales en Lima, la percepción es que las zonas turísticas y villajos andinos receptivos son tranquilos, y bastan precauciones básicas como cuidar las pertenencias y moverse en horarios razonables.

Llegar al Perú desde Argentina es cruzar una frontera que desdobla paisajes y climas: desde las arenas del Pacífico hasta los nevados y lagos andinos, y desde mercados artesanales hasta restaurantes gourmet.

Todo en un país lleno de historia consciente de su destino: consolidarse como uno de los grandes atractivos mundiales en 2025.

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