2025-02-09

Pequeños cambios que hacen la diferencia

Hábitos saludables, el mejor antiestrés

La médica Patricia Guitelman, especializada en homeopatía y antroposofía, evidenció sobre las causas profundas que puede tener una enfermedad y sostuvo que el equilibrio cuerpo-mente-espíritu es fundamental para hacer frente a los desafíos de la vida

El estrés que nos acompaña como una sombra fue fundamental en la evolución humana, desde aquellos primeros sapiens que presentían en el horizonte el acecho de las fieras o las catástrofes climáticas hasta el homo tecnologicus de hoy.

Esta respuesta adaptativa que nos prepara para hacer frente a un peligro inminente es natural en justas dosis y contribuye a responder con energía, creatividad y lucidez a desafíos y exigencias de la vida cotidiana. Sin embargo, si este estado de vigilancia extrema se prolonga en el tiempo a causa del estrés permanente predispone a problemas de salud y es un gran padecimiento de las sociedades posmodernas.

“El mundo es un lugar estresante y vivimos en situación de alerta”, evidenció la médica Patricia Guitelman en una charla con El Territorio acerca del estrés crónico y su batería de síntomas. A la vez, la profesional profundizó en las causas de este proceso de tensión constante y en posibles estrategias para calmarlo.

Ante un entorno que se percibe como hostil y riesgoso, es decir, altamente estresante, “los hábitos de vida se convierten en la cosa más importante para contrarrestar el mundo del estrés que puede enfermar”, sostuvo.

Guitelman es médica clínica, homeópata y antroposófica, y desde este abordaje busca tratar a sus pacientes teniendo en cuenta al ser humano como una unidad en sus distintas dimensiones: física, emocional, mental y espiritual.

Esta perspectiva de la salud tiene por objetivo propiciar el desarrollo de las personas, cuidar los ambientes donde habitamos, brindar respuestas a la vida cotidiana de los pacientes y en muchos casos, trabajar de manera colaborativa con la medicina convencional.

La homeopatía usa sustancias diluidas de plantas, minerales y animales.

“En esta vida cotidiana, donde estamos apurados, abrumados por las obligaciones, preocupados por el dinero, corriendo para cumplir con la rutina, todo eso implica vivir en un mundo acelerado. Además, hay bombardeo de información en redes y en la televisión, mucho por interpretar, muchas decisiones que tomar. Vivimos en situación de alerta”, describió acerca de cómo impacta el estilo de vida actual en la salud y la calidad de vida de las personas.

“El ser humano tiene la posibilidad de adaptarse ante estas exigencias, pero cuando el estado de alerta es permanente a lo largo del tiempo, el cuerpo empieza a desarrollar cierto tipo de trastornos o alteraciones. No logra adaptarse al estrés y entonces claudica”, evidenció.

Los síntomas más comunes que pueden indicar estrés crónico son: insomnio, gastritis, trastornos digestivos, distensión abdominal, constipación, alteraciones del ciclo menstrual, alergias, dolores, cambios de peso, entre otros.

“Estos malestares pueden ser los primeros síntomas del estrés y son signos de alerta para revisar la forma en la que se está viviendo; atender a la alimentación, el descanso, la recreación, la actividad física, compartir con la familia y los amigos, cultivar el diálogo y la empatía”, marcó.

Si el mundo siempre puede ser estresante, ¿la clave sería cómo respondemos nosotros a esa demanda de sobreexigencia?

Exactamente, tenemos nosotros que encontrar un equilibrio, porque cada persona es diferente. Y los hábitos de vida se convierten en la cosa más importante para contrarrestar el mundo del estrés. Muchas veces cambiar de hábitos o incorporar nuevos hábitos no es fácil y por eso siempre recomiendo empezar por pequeños cambios, por metas concretas y que se pueden sostener en el tiempo como salir a caminar, compartir tiempo con los seres queridos, disfrutar de la naturaleza, mirar el río. Cosas que de a poco van conectando nuevamente con uno mismo. Dedicar un tiempo al trabajo para el bien común, en el campo de lo social, la actividad comunitaria, también es muy importante para el bienestar.   

¿El estrés es una causa frecuente de consulta médica, o la gente lo deja pasar?

 En realidad, el paciente viene cuando el síntoma ya está instalado. En el consultorio recibo mucha gente que viene porque se siente mal, ansiosa o cansada, o con síntomas específicos: taquicardias, dolores musculares o intestinales, y cuando empezamos a hablar de cada historia personal, me suelen decir que están muy ocupados con la familia, la pareja, el trabajo, la rutina, las preocupaciones. “No tengo tiempo para mí”, es un discurso bastante frecuente. Y ese “no tengo tiempo para mí” significa que me estoy olvidando de tomar registro de lo que me pasa y de lo que necesito. Y ahí, en esa desconexión, quizás uno da el terreno para que se desarrolle la enfermedad. Pero ¿cómo se hace para parar y hacerse tiempo en una vida de locos?, uno entiende que hay cosas imposibles de modificar pero hay algunas cosas que uno puede empezar a hacer para sentirse mejor y cuidarse. Comer menos comida procesada y más comida natural, tomar agua, encontrar un momento en la semana para salir a pasear con la familia, compartir con amigos, dialogar con la pareja, salir al aire libre, caminar, andar en bicicleta, meter las patitas en el agua, tomar un poquito de sol en los horarios que se puede, son cosas que no requieren dinero, pero que hacen muy bien a la salud integral.

¿Qué respuesta tiene la medicina convencional para el estrés? Hay gente que se suele frustrar porque no encuentra una solución a sus dolencias.

Pasa que los síntomas son de manifestación inespecífica, los pacientes dicen cosas como “me siento cansado” o no “estoy durmiendo bien, estoy un poco triste y no sé por qué, no le encuentro sentido a la vida”... Y en general, el médico prescribe un antidepresivo o indica ver a un psicólogo o hacer deporte, pero no busca en el fondo de estos factores adaptógenos al estrés que empiezan a claudicar. Se tiende a tapar el síntoma y seguir. Por ejemplo, la vida emocional silenciada, es decir, no comunicar lo que me pasa es un factor que altera la salud. Yo soy de Buenos Aires y llegué a Misiones a vivir y a trabajar hace nueve años, ya me siento misionera. Y una de las cosas que observé es que el misionero es reservado, es muy para adentro, de no manifestar sus sentimientos. Y gran parte de esta problemática es justamente por todo lo que no se habla. Todo lo que queda guardado impacta enseguida en el cuerpo, en la tripa, en el intestino. Entonces, el paciente le dice al médico “me duele el intestino, me hincho después de comer”. Y el médico pide estudios, pero da todo normal y dice “no tenés nada”. Pero vos seguís con el problema, porque no es que no tenés nada, algo te está generando sufrimiento. A lo mejor tiene que ver con esta vida emocional, que como no es manifestada hacia el exterior, no es verbalizada o expresada con el físico termina impactando en algún sufrimiento visceral, o dando un desequilibrio metabólico. Por eso me dediqué a la homeopatía y a la antroposofía, porque trabajan también sobre el mundo anímico espiritual de la persona.

Cada vez más personas buscan respuestas y bienestar en la medicina complementaria, pero también hay mucho desconocimiento. ¿Qué es la medicina antroposófica?

La medicina antroposófica es una ciencia que viene a ampliar la medicina alopática o convencional ya que ésta concibe la enfermedad solo en el cuerpo físico. Y la antroposofía contempla al ser humano en su integridad: tiene un cuerpo físico que es su sustancia, sus órganos; también tiene un cuerpo vital, que mueve la vida a través del metabolismo; y también está el cuerpo anímico, el alma. Y una “organización del Yo” que da unidad a la existencia. Estos cuerpos están interrelacionados. Pensar en términos de medicina integral o integrativa significa entender a la salud y la enfermedad como parte de un mismo proceso de la vida, cuya manifestación es producto de una alteración de ese sutil equilibrio.

Misiones reconoció por ley a la medicina complementaria dentro del sistema de salud. ¿Esto constituye un avance a que más personas puedan acceder?

¡Por supuesto que sí! La Provincia aprobó la ley y ahora se comienza a trabajar en la regulación de la norma, yo participé de una reunión que convocó el Ministerio de Salud. Las medicinas complementarias contemplan otras formas terapéuticas que están por fuera de la medicina clásica. Y que contribuyen muy positivamente a la mejora de los pacientes. Yo no estoy negando la medicina ortodoxa, de hecho mi formación de base es en la UBA, con todos sus avances y sus virtudes, en términos de diagnósticos y tratamientos. Estoy hablando de la limitada resolución que tiene la medicina clásica, alopática, para los problemas de la vida cotidiana de la gente, donde quizás no se evidencia lesión orgánica pero el síntoma existe o donde la lesión orgánica mejora tratando la regulación anímica-somática. Entonces, se recurre a otro tipo de terapias, con sus distintos enfoques, que pueden ser efectivas por sí mismas o acompañar un tratamiento en la resolución completa de un cuadro. Claro que la medicina complementaria no va a reemplazar una intervención quirúrgica o a un antibiótico cuando hay una infección avanzada. Pero sí va a complementar muy bien con un refuerzo del sistema inmunológico por ejemplo, o calmando con sustancias naturales la ansiedad del paciente. La homeopatía utiliza, según el cuadro a tratar, los principios activos de los vegetales, minerales o de los venenos de ciertos animales o insectos en dosis infinitesimales, sin riesgo para los pacientes y actúan por vías distintas que la medicina alopática. En definitiva, son los mismos principios activos que usaron las farmacéuticas en el desarrollo de los medicamentos sintéticos industriales que por ser administrados en términos de dosis-respuesta, representan riesgos de intoxicación o de efectos secundarios o adversos. Así como la medicina tradicional, la medicina complementaria tiene muchísima investigación, muchísimo estudio y tiene mucho para aportar en la mejora de la calidad de vida de las personas.

Perfil

Patricia Guitelman
Médica clínica, homeópata y antroposófica.
Trabaja en consultorio en el ámbito de la salud pública y privada en Posadas. Es magíster en gerencia y administración de servicios sociosanitarios, en esta área lideró e integró proyectos en el Ministerio de Salud de la Nación y el Ministerio de Salud Pública de la Provincia de Misiones.


El estrés crónico y cómo prevenirlo 

Mecanismo de defensa
El estrés es un estado de tensión física, mental y emocional frente a una situación de amenaza o riesgo inminente. Es la respuesta adaptativa del cuerpo, que libera al torrente sanguíneo hormonas como cortisol y adrenalina para despertar el sentido de alerta.

Crónico
Cuando el estado de alerta se mantiene en el tiempo como respuesta a estresores cotidianos, se está frente al estrés crónico. Algunos síntomas pueden ser:  insomnio, gastritis, distensión abdominal, alteraciones del ciclo menstrual, acné, alergias.

Para regular
Algunos hábitos para regular el estrés son ejercicio físico, yoga, meditación, alimentación saludable, dormir lo suficiente, disminuir el tiempo en pantallas, realizar actividades recreativas, pasar tiempo al aire libre, compartir con familia y amigos.

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