2024-08-14

Tras 20 años sin registros fotográficos del ave

Registran un nuevo ejemplar de águila harpía en la selva misionera

Hace unos meses se filmó a una de estas aves en cercanías al Moconá y con este es el segundo caso confirmado en la zona. La Fundación Caburé-í realizó la investigación

El proyecto Águilas Crestadas Argentinas liderado por Manuel Encabo y Facundo Barbar, ambos integrantes de la Fundación Caburé-í, logró un significativo avistaje en la biodiversidad en la selva misionera. En una reciente expedición el equipo registró la presencia de un águila harpía, una especie que no había sido registrada en la región con confirmación fotográfica en los últimos veinte años.

En diálogo con El Territorio, Encabo explicó que la Fundación Caburé-í se fundó en el 2008  y desde entonces trabajan intensamente en la conservación y educación ambiental. El proyecto Águilas Crestadas Argentinas -iniciado en 2017- tiene como objetivo estudiar y proteger a las ocho especies de águilas crestadas presentes en el país. Entre estas especies, cinco habitan en la Selva de Misiones incluyendo el águila arpía que es considerada un monumento provincial.

Este ejemplar de águila harpía se registró a fines de julio. Foto: gentileza mManuel Encabo ww

“El águila harpía es la más grande y poderosa del mundo, con hembras que pueden pesar hasta nueve kilos”, comentó Encabo, destacando la importancia de este registro. Este tipo de águilas que requieren grandes áreas de selva en buen estado de conservación para vivir y reproducirse, son consideradas indicadores clave de la salud de un ecosistema. “La presencia de estas águilas significa que el ambiente está en buen estado de conservación”.

Durante la expedición, que duró aproximadamente diez días a fines de julio, el equipo identificó un ejemplar de águila arpía juvenil en una zona cercana a la ruta 21 en el ingreso a la reserva de Biósfera Yabotí. Esto se suma a que hace unos meses una persona filmó con un celular a un ejemplar adulto en cercanías al Moconá. Es decir, que existen dos aves distintas.

Manuel Encabo, Facundo Barbar y Sergio Moya en su expedición por la selva. Foto: gentileza Sergio Moya

“Pudimos identificar la edad por las diferencias en su plumaje, lo cual es fundamental para entender en qué estadio de vida se encuentran porque van mudando su plumaje todos los años y van cambiando de color. Ese patrón que tienen permite identificar en qué estadio de su vida está, si es un joven, si tiene dos o tres años, cuatro, y ya después del quinto o sexto año adquieren su plumaje definitivo, y ahí solo se sabe que es adulto pero puede tener seis, siete o puede tener treinta años”, explicó el referente de Caburé-í.

Además de este logro, Encabo enfatizó la necesidad de compartir estas noticias entre la población local para aumentar la conciencia sobre la biodiversidad de la región. “Muchos misioneros ni siquiera saben que tienen estos animales en su selva”.

La inmensidad de la biodiversidad misionera. Foto: gentileza Manuel Encabo

Para quienes deseen colaborar o seguir el trabajo del proyecto, Encabo invitó a contactarlos a través de su cuenta de Instagram @proyectoaguilascrestadas.

Además de los dos líderes de la fundación, también trabajan en conjunto con el Ministerio de Ecología, con el Instituto Misionero de Biodiversidad y en este proyecto también los acompañó Sergio Moya, reconocido divulgador de la biodiversidad de la tierra colorada.

Reproducción

“Nosotros en 2022 encontramos el primer nido de águila viuda -que es otra especie de estas águilas- entonces lo que necesitan estas águilas son selvas en buen estado de conservación. Necesitan árboles grandes para poder hacer sus nidos, y sobre todo lo que necesitan es un ecosistema que pueda sustentar la cantidad de presas suficientes para que ellas puedan alimentarse. Por eso se dice que estas águilas son indicadores de buen estado de conservación de los ambientes”, dijo el investigador.

En esa línea, profundizó que este tipo de aves son depredadores y, por lo tanto, si la selva está llena de cazadores o no hay suficiente cantidad de presas para que sustente una población de estas águilas, no se van a reproducir.

“Nuestro objetivo es siempre contribuir a sumar información sobre estas especies porque cuando uno empieza a tener información de las águilas sobre qué comen, dónde viven, cuánto necesita de selva, son todas herramientas que después sirven para los organismos tomadores de decisiones”, indicó. 

De esta forma, se puede crear un área natural protegida, proteger ciertas especies de árboles o evitar la extracción de maderas nativas de muchas reservas.

“La harpía es una especie que se utiliza como especie de bandera porque conservando lo que está arriba, toda la selva se debe conservar. Es importante que se difunda este tipo de información porque muchos misioneros ni siquiera saben que tienen estos animales espectaculares como la harpía, el yaguareté, el zorro pitoco. Lo que pasa es que hay que investigar más. Hace falta más laburo de campo para conocer más lo que tenemos”.

Sobre la harpía

La imponente águila harpía (Harpia harpyja) es el depredador alado más grande del tiempo. Con sus dos metros de envergadura y garras más grandes que un oso, es un implacable cazador de perezosos, monos, comadrejas y otros animales. En Argentina, esta especie tiene escasos registros en las selvas de la provincia de Misiones y está en peligro crítico de extinción. Las harpías son depredadores tope y cumplen un rol clave en los ecosistemas manteniéndolos equilibrados ya que a través de sus cacerías influyen en la abundancia y en la distribución de sus presas. De la igual forma, su mera presencia es indicador de un ecosistema en buen estado de conservación. 

A fines de julio se registró un individuo de harpía de unos dos años aproximadamente que fue avistado por integrantes del Proyecto Águilas Crestadas Argentinas mientras realizaban una de las periódicas campañas de campo que el proyecto lleva adelante en la zona de la reserva de Biósfera Yabotí. Se trata de un núcleo de selva que se extiende por unas 240.000 hectáreas linderas a los Saltos de Moconá, en el  límite con Brasil.

“Las harpías habitan las selvas desde México hasta Argentina y son naturalmente  escasas en toda su distribución. En nuestro país tienen muy pocos registros confirmados y toda observación novedosa es fundamental. Es por esto que esta es una noticia alentadora ya que el individuo registrado era joven, lo que lo  hace especialmente interesante”, explica el documento informativo elaborado por los investigadores. 

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