2023-10-23

Promover la educación igualitaria para todos

Estela Brítez es una docente que se convirtió en una leyenda en la zona donde se desempeña, ya que dicen que ‘como un ángel’ promueve la educación a niños y jóvenes mbya, un anhelo que tuvo desde muy joven en su vocación

La educación es clave para el crecimiento personal de las personas, es un derecho igualitario para todos los habitantes del territorio argentino, no obstante, los pueblos originarios no estaban incluidos en el sistema educativo convencional hasta que comenzaron a crearse las escuelas interculturales bilingües en las diferentes comunidades.

En Iguazú, las comunidades tuvieron la bendición de que una joven maestra recién egresada aceptara el desafío y luchó con todas sus fuerzas para lograr que sus alumnos estén dentro del sistema. Hoy sueña con que algunos se reciban de profesores para ocupar los cargos en sus escuelas.

Estela Eulalia Brítez es oriunda de Leandro N. Alem, se recibió como maestra de grado y con sólo 20 años recibió la propuesta de trabajar en una escuela municipal de Iguazú con un plan de alfabetización en la comunidad mbya Fortín Mbororé. Aceptó por manejar el idioma guaraní y se convirtió en un ejemplo de lucha y perseverancia en el lugar. Amada por sus alumnos y por los integrantes de la comunidad mbya.

“Yo estudiaba en la escuela Normal de Leandro N. Alem y en la biblioteca veía en el televisor imágenes de cómo los niños guaraníes de Fracrán y de Perutí no tenían acceso a la educación y le dije a la bibliotecaria algún día voy a trabajar con estos chicos”, contó sobre su sueño.

Con el pasar del tiempo y una vez recibida, su cuñado que trabajaba en la Municipalidad de Puerto Iguazú se comunicó y le ofreció ocupar el puesto en la escuela Municipal porque la directora Ángela Sánchez ya no podía hacerse cargo de esa labor por cuestiones de salud.

“Mi cuñado se comunicó y como yo hablo guaraní porque mis padres son paraguayos, acepté. Primero vine a ver porque tenía un total desconocimiento de la cultura y era mi primera experiencia como maestra de grado. Cuando llegué, vi una construcción muy precaria y los niños estaban escondidos en el monte. Uno a uno comenzaron a salir y vinieron a la escuela”, detalló sobre el inicio.

“Fue amor a primera vista”, describió Brítez. “Eran tiempos de mucha desconfianza y de discriminación, no es fácil ingresar a una comunidad. El hombre blanco en esa época era un intruso, pero a mi me recibieron con mucho amor, no me voy a olvidar nunca ese sentimiento”, agregó.

Sin embargo, comenzar a enseñar a los niños y adultos de una comunidad no era fácil. “Comencé con 15 alumnos desde 5 hasta 17 años, todos en el aula. Al principio yo hacía mi propio programa y mis contenidos hasta comenzar a organizar y avanzar para dar los contenidos que proponía el Concejo General de Educación”, comenzó explicando. “Tiempo después se creó la escuela primaria con sus aulas y con más docentes. Fue un camino difícil, con muchos aciertos y muchos errores, pero hemos logrado crecer, hoy la escuela primaria tiene 400 alumnos en la comunidad Mbororé y 87 en dos aulas satélite en otras comunidades de Puerto Libertad”, contó.

Si bien Brítez recuerda su trayectoria y puede ver los logros a lo largo de los 36 años de carrera, no olvida lo difícil del camino.

La discriminación es algo que aún le duele en el corazón. “Hay y hubo mucha discriminación, hoy el nivel de aceptación de la diversidad es muy importante, pero en aquella época mis colegas murmuraban y preguntaban qué había hecho para que me castiguen enviándome a una escuela en la comunidad. Ellos no sabían que fue algo que yo anhelaba”, describió.

Su lucha en las comunidades mbya de Iguazú, logró la creación de una escuela primaria y una escuela secundaria, ambas con matricula mixta, con un porcentaje de alumnos blancos (yuruá) que promueve la inclusión y la aceptación de la diversidad cultural, el gran anhelo de Estela.

“Miro para atrás y veo todo lo que hemos logrado, mi sueño es ver que los alumnos sigan estudiando y que se formen como profesores y maestros para que ocupen mi lugar. En pocos años me voy a jubilar, no sé qué haré porque mi vida fue luchar por ellos. No fue fácil, pero siento que mi vida tiene sentido con esto. Estoy dejando un legado”, marcó la docente.

La lucha de Estela Brítez fue clave, la primera escuela secundara intercultural Bilingüe BOP Nº 111 se creó en Iguazú y fue gestión de la docente. “Habíamos elevado tres veces el proyecto a Nación y lo rechazaban, un día vino el gobernador de ese entonces, Maurice Closs y me dijo: ‘Estelita qué necesitás’ y le pedí la escuela. En tres días él firmó la resolución y comenzó a funcionar en 2004”, relató.

Brítez dedicó su vida a sus alumnos y logró cambios significativos en la educación de los integrantes de la comunidad mbya al tiempo que se dedicó a algo que amaba.

Te puede interesar