2019-04-28

Huertas urbanas que contribuyen a cuidar el medioambiente y el bolsillo

Hace más de cuatro años, Manuela Barreyro y Graciela Woronowicz compartieron una idea que meses después se concretó. Pensaron e idearon una propuesta para todo aquel que vive en departamentos y es amante de la naturaleza: una huerta urbana.
Con materiales reciclables transformaron esa iniciativa en realidad. Una caja de madera -las que se utilizan en las verdulerías-, una bolsa de alimentos para perros, ruedas, un poco de pintura resistente al agua, tierra, abono, semillas y plantines son los elementos que forman la huerta que puede ser colocada en cualquier parte de la casa, tanto dentro como afuera.
Allí, pequeñas plantaciones acaparan el diámetro de 50 por 40 centímetros para cultivar en la huerta. Orégano, perejil, cebollita de verdeo, albahaca, morrones, rúcula y menta son algunas de las posibilidades para el consumo cotidiano. Opciones varias para agregar y degustar en el almuerzo o la cena.
Es una iniciativa que ganó terreno en los últimos años para volver a tomar contacto con la naturaleza en los grandes centros urbanos, y que permiten también revalorizar nuestras prácticas para con ella y dejar un ambiente mejor, tanto para el presente como para el futuro.

Una idea natural
En 2015, la iniciativa de armar una consultora que busca poner al medioambiente como un eje prioritario derivó en una de las primeras acciones: reciclar elementos cotidianos para armar pequeñas huertas para las casas de Posadas.
Si bien ambas ejercen profesiones diferentes (Manuela es licenciada en Ciencias Ambientales y Graciela, abogada) ambas conformaron un grupo interdisciplinario de profesionales especializados en diversas áreas ambientales con el objetivo de educar en desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente. “Con Graciela hicimos cursos de posgrado y somos ambientólogas”, explicó Manuela.
Graciela, por su lado, contextualizó los inicios: “Le dije, ‘qué te parece si hacemos unas huertas urbanas’, pensando en los niños, para que tengan la idea de lo que es plantar, ver crecer y consumir una planta”.
Así fue como empezaron con la recolección y reciclaje, etapa que llevó unos cuatro meses. De a poco, fueron diseñando la huerta. Encontraban y compraban algunas ruedas para colocar, para que sea de fácil y rápido movimiento dentro de la casa. La tierra, infaltable. Abajo de la caja, unos agujeros pequeños para que el agua drene.
Optaron por algunas plantas aromáticas de uso frecuente en la cotidianidad. “Muchas de las verduras que tenemos en nuestras huertas urbanas tienen un efecto curativo en nuestros cuerpos, eso lo fuimos descubriendo e incorporando con pequeños carteles señaléticos para que también haya un aprendizaje”, indicó Graciela.
Las ambientólogas manifestaron que en los primeros meses llegaron a armar hasta 60 huertas.
La gente fue conociendo una iniciativa “sobre todo porque querían tener algo natural para sus comidas. Un cliente nos dijo que desea tener al lado de su parrilla unas especias para el chimichurri. También, para los fideos, siempre es infaltable el orégano para condimentar alguna salsa”, recordó Graciela.

Ahorro y cuidado ambiental
Tener a mano una huerta representa además la posibilidad de producir los propios alimentos para el consumo.
En términos económicos, genera ahorros en el largo plazo. Según ejemplificaron, “capaz hoy sale más barato comprar un paquete de orégano pero, si tenés tu propia cosecha y a medida que se vaya utilizando, generará nuevos brotes y mínimo un año tenes asegurada esa planta. En todo ese tiempo, te ahorrás el dinero e ir al supermercado”.
Si bien en los orígenes del emprendimiento vendían cada huerta en un valor de 300 pesos, hoy los precios son más elevados. “No es caro si uno piensa en los ahorros que produce en el largo plazo, no sólo para el bolsillo de la persona, sino para el medioambiente en general”, precisó Manuela.
Asimismo indicaron que con esa pequeña acción se reducen los niveles de contaminación. “El paquete de orégano es plástico e implica todo un proceso de producción que gasta y elimina diferentes recursos”, detalló Graciela.
De esa manera, no sólo se reducirá los impactos de la contaminación, sino que conllevará que se conozca el origen de los alimentos. Manuela comentó que las buenas prácticas de cuidado del ambiente son, en parte, para conocer el proceso de un alimento, libre de agrotóxicos y productos y químicos agregados que, a la larga, puede generar consecuencias serias en el cuerpo.
“Es conocido como consumo responsable, de saber e investigar de dónde viene, en qué condiciones y qué tipo de tierra se utilizó. Es, además, responsabilizarnos de precisar los orígenes de todo lo que consumimos diariamente”, dijo.

Generar el contacto
Ambas hacen hincapié en la educación ambiental, de tener conciencia sobre qué tipo de mundo dejamos para las próximas generaciones.“Muchos chicos, sobre todo de las zonas urbanas, carecen de contacto con la naturaleza y se olvidan de todo el proceso que tiene una fruta o verdura”, comentó Graciela. En este sentido, reflexionó que la posibilidad de tener una huerta en el domicilio permite que el niño contemple y viva el proceso que implica el cultivo, observación y cuidado de la planta.
Añadió que las nuevas generaciones conocen la naturaleza como un mero concepto abstracto, algo lejano u observable mediante fotografías.“No es un proceso fácil ya que implica mucha paciencia, pero esa dedicación genera que uno valore más el producto final. De a poco la gente retoma ese contacto y cuidado con nuestro planeta”, dijo Manuela. Es decir, de volver a tomar el contacto y vivir el proceso del cuidado y la naturaleza que, en las grandes ciudades, se perdió como consecuencia de la urbanización.

Pensar en el futuro
“Las acciones e iniciativas que hacemos hoy en pos de la naturaleza es sinónimo de valorar nuestra casa común, de todos, y si lo entendemos así es importante, un regalo y una gran responsabilidad para las generaciones próximas”, consideró Manuela.
Por su parte, Graciela enunció que “hay que cambiar conductas y hábitos, en un mundo muy volátil donde, en 50 años, el hombre devastó todo y nos compete realizar acciones para dejar un lugar mejor para las próximas generaciones. Nuestra misma Constitución Nacional nos indica que tenemos derecho a un ambiente sano, pero somos nosotros quienes tenemos que garantizar esas buenas condiciones”.
Ambas concluyeron que el misionero, al habitar una provincia de naturaleza pura, toma conciencia sobre el cuidado.
Sin embargo advierten que hay que estar alerta y no descuidar la atención a la casa, a la naturaleza, a nuestro ambiente, el del presente y sobre todo, el del futuro.