2016-10-06

El ingenio de San Javier

En buena hora que el gobierno provincial tomó la decisión de reflotar el ingenio azucarero de San Javier cuya historia debe rescatarse en sus dos periodos de concreción: 1) Cuando por iniciativa de, entre otros, don Jacobo Lanuzza, Pedro O. Núñez y Kurt Heller, el 11 de noviembre de 1953, se creó la cooperativa respectiva y, 2) cuando el doctor César Napoleón Ayrault como interventor de la provincia de Misiones y luego como segundo gobernador constitucional, en ambos casos, ya había concretado préstamos importantes para concretar esa iniciativa. Justamente a pocos meses de haber asumido el gobierno, en un acto multitudinario en lo que era el puerto de San Javier, él presidió la recepción de todas las máquinas del flamante ingenio construido por la Metalúrgica M. Dedini S.A., de Piracicaba, Estado de San Pablo (Brasil). Desde Porto Xavier, en balsa a maroma, se trasladó toda esa inmensa carga en cuya ocasión, Ayrault, rodeado de autoridades y público presente, afirmaba: “Yo me hago cargo de este histórico acontecimiento”, mientras una banda de música brasileña hacía tronar el ambiente con ovación y aplausos.
En poco tiempo el ingenio comenzó a producir azúcar como también alcohol que, según los deseos de Ayrault, ya se estudiaba la manera de elaborar licores, especialmente el ron, tipo “Bacardí”, de Cuba. Justamente pegado al ingenio se habilitó una mini-chacra para experimentar con cañas traídas del Noroeste argentino como también de Cuba. Allí se comprobó que la caña de azúcar de Misiones era superior en su índice de sacarosa a las cañas de Tucumán y Jujuy.
La concreción de esta iniciativa, que vino a transformar notablemente la economía de esa zona, entusiasmó mucho al gobernador Ayrault que ya se había comprometido a concretar otro ingenio en Santa Ana. Pero no fue fácil contar con la ayuda de la Nación, no obstante tener en la presidencia de la Nación a un hombre del mismo partido de Ayrault, que era el doctor Arturo Frondizi, de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). Según los intereses del NOA, Misiones no era una “zona azucarera” para correr riesgos en caso de financiamiento nacional. Fue cuando con la amistad que unía a Ayrault con el R.P. Jorge Kemerer, éste se comprometió a interesar sobre el asunto al máximo historiador de las Reducciones Jesuíticas, que fue y es el R.P. Guillermo Furlong quien, para mayor satisfacción de Misiones, vino a Posadas afirmando que en esa época de civilización y cultura excepcional, junto a la yerba mate, el algodón y otros cultivos también existía la caña de azúcar. Precisamente por esa oportuna colaboración, el gobernador Ayrault se hizo cargo de la impresión del libro “Misiones y sus pueblos guaraníes”.
Para mayor ilustración, vale la pena recordar la positiva contribución que hizo para su tierra natal el geólogo Juan R. Olmo que, muy entusiasmado, informó que en Misiones no sólo se puede fabricar acero y aluminio, sino que también vidrio, un elemento esencial para la industrialización del alcohol, como para envases de vinos y cervezas que, para ese entonces, ya existían proyectos. Con el tiempo, frente al ingenio, se levantó un busto en homenaje al gobernador César Napoleón Ayrault que seguramente todavía estará en ese lugar.
Tampoco se debe olvidar que el crecimiento y el desarrollo de Misiones se logró gracias al sistema solidario del cooperativismo y que fue y debe ser reconocido con orgullo por los misioneros. Por eso este ingenio nació como cooperativa, como fueron también las cooperativas agrícolas y de servicios en Eldorado, Montecarlo, Puerto Rico, Leandro N. Alem, Oberá, Santo Pipó, Apóstoles, Aristóbulo del Valle, Andresito y tantos otros, como también la histórica Cooperativa de Electricidad de Posadas y la de Luz y agua potable de Garupá.
En mi poder tengo copia del acta de fundación de la Cooperativa Azucarera de San Javier donde en su primera asamblea se suscribieron 69 socios y en el Artículo 37 queda reflejado el espíritu justamente solidario del cooperativismo, al señalar: “Todo socio tendrá un solo voto, cualquiera sea el número de acciones que posea”.
Por eso, una vez más reitero que no debemos olvidar a nuestros pioneros y a quienes tuvieron la responsabilidad de gobernar en aquella época donde no había caminos pavimentados, ni telefonía ni tampoco luz ni agua potable; menos puentes o puertos… porque dominaba la milenaria selva misionera que se la respetaba con trabajo, esfuerzo, sacrificio y amor y esperanza a esta bendita tierra colorada.
Vale la pena recordar esa época de humildad al servicio del pueblo donde el vil dinero no dominaba!

Alberto Mónaca
Periodista

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