Abrirse al juego

Jueves 23 de enero de 2020 | 02:00hs.
La Bruja López, con el juego a tope. | Foto: Nicolás Oliynek
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

Transformar la casa en una pista de carrera de autos o de baile, sacar la carpa al patio, reutilizar fundas de almohada viejas para una competencia de embolsados, puede ser un cambio a tono con las vacaciones de los más chicos. Apelar a la imaginación e impulsar la creatividad son las dos claves que, como en cualquier actividad, nos aseguran el éxito.
Si bien puede que los adultos en casa sigan con su rutina laboral de siempre, guardar un poco de energía para activar el juego también puede ser un aliciente de relax total a la hora de llegar al hogar. En todo caso, la época de vacaciones se toma ‘con más soda’ que el resto del año y en este sentido, son para toda la familia. La idea es que todos podamos relajarnos y disfrutar de estar más tiempo juntos, soltando algunas exigencias. Del mismo modo, si padres, tíos, abuelos y niños están realmente con mucho tiempo libre, qué mejor que incorporar acciones en conjunto.
No es necesario complicarse para traspasar esa línea del “me aburro” constante. Pocos elementos son necesarios para hacer de cada día una experiencia innovadora y divertida. Saltar la soga, jugar con pelotas, andar en bici, armar rompecabezas o reconvertir las rutinas de cocinar e incluso ordenar la casa pueden tener un giro inesperado.
A distintas edades, distintas preferencias y necesidades, sin embargo, prestarles atención a los más chicos es válido para todo rango etario. Escucharlos, mirarlos cuando nos cuentan algo, nos muestran algo. Poner el énfasis en esos detalles que quizás en la vorágine cotidiana se nos pierden. Charlar, conectar más, ser un poco más permisivo, flexible.
Por otro lado, atiborrarlos de actividades todo el tiempo no es lo ideal. Negociar y enseñarles a respetar los tiempos del otro es preciso, explicarles que no todo es diversión y que hay momentos en los que no podemos compartir el juego o en los que necesitamos hacer otra cosa, también hará que ellos mismos ejerciten la inventiva para poder entretenerse.
Tal como entendió Alejandra Perinetti, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, “el juego adquiere mayores niveles de complejidad a medida que los niños crecen y siempre cumple la función de estimular diferentes áreas con un importante impacto en el desarrollo. Jugar es el medio a partir del cual los niños y niñas se relacionan con el entorno, aprenden a sortear obstáculos, a enfrentar desafíos. A través del juego los niños exploran, descubren, experimentan, desarrollan su coordinación psicomotriz, estimulan el lenguaje, interactúan con otros, expresan diferentes emociones, aprenden a comunicarse”. Así, el hogar familiar, es el contexto en el cual se abre esta jugada y Norberto ‘la Bruja’ López, especialista en amenizar reuniones de chicos, detalló una serie de pasatiempos que se pueden trasladar a cada domicilio. “Tenés que sacarte la mochila del peso de todo el día y activar. Misiones está lleno de opciones y en la casa también”, arrancó diciendo el animador en diálogo con Radioactiva. “Hay juegos tradicionales que todavía van bien: el juego de la silla, dígalo con mímica, ponerle la cola al chancho”, enumeró. En coincidencia, planteó que el simple hecho de poner una lona con agua y detergente para deslizarse puede ser súper divertido. En las piletas, en tanto, “si el niño es muy chiquito se le enseña a zambullirse y sin darse cuenta cuando termina el verano ya esta aprendiendo eso”, resaltó. Por otra parte, “si  se sabe sumergir, clásicos como el marco polo o la mancha congelada son los más populares”, entendió. A su vez, destacó que “los chicos necesitan esas distracciones” y sumó que el respeto a las reglas de juego es una de las cosas que incorporan. Por eso, considera que en Posadas, las actividades deportivas en la Costanera están repletas de chicos. 
Porque opciones siempre hay, el desafío consiste en no esconderse y encontrarlas. 

Ideas simples

Cocinar juntos
Una opción ideal para cuando llueve, por ejemplo. Típicas recetas dulces como bombones de avena, galletitas y más pueden ser lo ideal. Incluso comida típica local como mbeyú o chipa. No sólo es entretenido trabajar las masas o hacer ‘sellos’ de frutas, sino que se puede cultivar la paciencia, aprender tiempos y temperaturas necesarios, historia y cultura.

Juegos creativos
También para dentro de casa, los rompecabezas son excelentes a la hora de compartir. También los clásicos juegos de mesa, de cartas, el dígalo con mímica, o ponerle la cola al chancho, por ejemplo. También el arte es inspirador y entretenido: hacer esculturas de arcilla o plastilinas, pintar con acuarelas y témperas.

Contra el calor
No hace falta tener una pileta para incorporar juegos de agua. Más allá de improvisar una divertida ducha con mangueras o baldes, se pueden usar pistolas de agua, bombitas y también el juego de la lona. Consiste en colocar una lona o plástico sobre una superficie no muy dura, como el pasto, y levemente inclinada, unas gotas de champú o detergente harán la magia para ¡poder deslizarse sin parar!

Al aire libre
Además de actividades predeportivas, como pases de pelotas o salir a andar en bici, se pueden rescatar juegos tradicionales como la mancha, el huevo podrido, saltar la soga, el elástico, carreras de obstáculos, carreras de embolsados y hasta improvisar juegos propios con reglas novedosas.

Vuelta de tuerca
Rutinas como mirar una película o leer un cuento pueden transformarse en experiencias más nutritivas con un poco de imaginación. Hacer pochoclo, poner un telón de fondo, usar disfraces y acentos para contar las historias.

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