“A mis niños les enseño que todo es posible”

Martes 11 de septiembre de 2018
De chica soñaba con ser maestra y lo cumplió con mucho esfuerzo, esa fuerza que aún hoy es motor para su tarea de enseñanza en un medio rural.
Hija de una familia muy pobre, Gladys Enerling (45) hace patria como educadora en la Escuela 779 de Colonia Esmeralda, en la lejanía de San Pedro. Es maestra y directora y realiza 45 kilómetros para cumplir con su trabajo. Más que obligación, por situaciones de la vida, la escuela es para esta mujer su casa, su familia, el lugar donde es feliz enseñando que “todo es posible”.
La escuela núcleo comenzó a funcionar en 1991, cuenta con dos aulas satélites, una en Esmeralda II y la otra en Yabotí. Los tres establecimientos quedan lejos del casco urbano de San Pedro y los chicos que asisten a las aulas provienen de familias humildes de chacarareros, trabajadores rurales, colonos.
“Las condiciones edilicias son buenas, la escuela inauguró un edificio de material hace unos años, que se mantiene en muy buen estado mediante el trabajo en conjunto entre docentes y padres”, relató.
La escuela ofrece desayuno y merienda y cuando los fondos de la comisión cooperadora lo permiten. Además de las dos comidas, Gladys prepara el almuerzo. Justamente, el almuerzo es una de las cosas que el grupo de educadores busca hacer realidad para los niños.
A Gladys le sobra vocación y fortaleza. Venida de una vida de mucho sufrimiento, de no tener qué comer cuando niña, supo dar vuelta esa realidad estudiando magisterio.
La vida no da tregua a la maestra guerrera, ya que hace poco perdió a sus padres, quienes fallecieron de cáncer, y ahora lucha por la salud de su esposo, Ernesto Bordón, quien también es docentes y se desempeñó en la misma escuela.
La vida de Gladys, aunque sufrida a veces, es un ejemplo de superación, humildad y amor por la enseñanza.
En ese sentido, puede asimilarse a la de otros maestros misioneros que enfrentan las inclemencias del tiempo, los caminos de tierra, los puentes precarios sobre arroyos sin nombre y miles de distintas situaciones para cumplir con su profesión de enseñar.
La docente por años debió unir su casa con la escuela, haciendo más de 40 kilómetros, la gran mayoría por camino terrado.
“Ese entrenamiento me hizo una excelente conductora aún en días de lluvia y con mucho barro”, dijo.
Hace algunos años ya, para evitar el trajín, los costos de movimiento y para ahorrar tiempo, la maestra se decidió a vivir en la escuela toda la semana y vuelve a su casa los fines de semana.
“Mi ranchito feliz”, llama ella a la casa de madera que se levantó para ella y que cuenta con varios servicios, aunque para tener telefonía móvil o internet debe salir kilómetros. En su estadía en la escuela, la educadora recibe el acompañamiento de las familias de sus alumnos, que le acercan productos frescos de la chacra y la ayudan con trabajos de mantenimiento del predio escolar.
Los feriados y fines de semana, Gladys regresa a San Pedro y en su descanso recibió a El Territorio para compartir su conmovedora historia.
“Hace 24 años trabajo en la Escuela núcleo 779, y hace catorce años soy la directora suplente con dos aulas satélites a mi cargo. Me voy los domingos y dejo todo en perfectas condiciones para el lunes cuando llegan los maestros. Vivo en una casita chiquita, sólo los últimos tiempos, por el problema de salud de mi marido, volvía todos los días a la ciudad, pero con todos los problemas que uno tiene, bajar del auto y ver la carita de los niños es lo más hermoso”, indicó.
La escuela núcleo cuenta con una matrícula de 62 chicos y sumando las dos satélites son más de 92 estudiantes. Los niños también ponen todo de sí para aprender, muchos caminan hasta ocho kilómetros para llegar a la escuela.
“Quedarme entre semana en la colonia me garantiza estar para los chicos, porque en varias oportunidades el camino se puso muy malo y ahí estuvieron los vecinos para ayudar a sacar el auto con bueyes, tractores y camionetas”, relató.
Esta presencia de la comunidad los vuelve familia: “Organizaron un festival para reunir fondos que fueron para la cirugía de mi esposo; me siento bendecida, agradecida”.
Recordó: “Vengo de una familia pobre, desde los 6 años tuve que tarefear, carpir y machetear, sé lo sufrido de la vida en la chacra, por eso a mis niños les enseño que todo es posible, que no se sientan menos que nadie, que cuiden todo lo que sus padres les brindan. A esta gente de mi colonia no tengo palabras para agradecer todo lo que hacen por la escuela y por mí”.


Exitoso festival en Campo Grande

“No hay regla para calificar el éxito de un festival y menos en nuestra provincia, porque ningún evento es igual a otro. Las circunstancias, capacidades, logística y muchos otros asuntos inciden”, señaló un docente jubilado acerca del Festival del Docente que tuvo lugar el pasado fin de semana.
El domingo finalizó el 33° Festival del Docente en Campo Grande, con un almuerzo multitudinario en el Polideportivo Oscar Andrujovich.
A la vez, se realizó la ceremonia de entrega de premios a los ganadores de las competencias deportivas.
“Este año hubo una gran respuesta para la participación en las competencias de deportes, eso lo vemos como algo muy bueno y como un espacio de interacción entre colegas”, indicó Norma Rippel, presidenta de la comisión permanente del festival.
Y añadió que “la cena show del viernes congregó a más de 1.100 maestros, pasamos una gran fiesta con alegría, música de excelentes grupos y el servicio impecable de la comida”, ponderó.
Por todo ello, la evaluación del evento fue “muy positiva”, consideró.

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