Un argentino que no para de nacer

Miércoles 11 de septiembre de 2019
Mauro Parrotta

Por Mauro Parrotta redaccion@elterritoriodigital.com

Tiene 58 años y apenas puede caminar. También tiene dificultades para hablar. Está pasado en kilos y la gran familia que supo ser su orgullo durante décadas, desde hace unos años son los rivales a gambetear como cuando lo hacía en las canchas de fútbol de cualquier parte de este bendito planeta.
Su adicción a las drogas, más precisamente a la cocaína, lo acercaron a la muerte que también supo gambetear en varias ocasiones. Es considerado mejor jugador histórico de la selección argentina y del Napoli de Italia. 
Diego Armando Maradona es un tipo que no para de nacer. De volver a renacer a pesar de sus imposibilidades y de revolucionar el mundo que más sabe manejar. El del fútbol. Se vistió de héroe, de víctima, se escudó con el mismísimo Fidel Castro, se alistó detrás de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro. Y desde la primera hora de los Kirchner. Con Cristina, otra empoderada que sabe de enfrentarse a multitudes.   
Nacido en el barrio pobre de Villa Fiorito, ya con una cámara que lo capturó cuando dijo que su sueño era ser campeón del mundo, Diego tomó el poder al cumplirlo, pero más que al levantar la copa, lo que lo empoderó fueron los goles a Inglaterra, cuatro años después de la guerra de la pobre Argentina contra la poderosa Gran Bretaña.
Ya nada seria normal. Todo caería en una carrera contra los enemigos que la mayoría de los argentinos sentían por igual. Cada fracaso envuelto siempre entre drogas, Diego supo salir herido pero con su verborragia intacta. El Diego empezó a mostrarse como todos los imaginaron. Duro con él mismo, enojado con quienes ayer amaba, empezó a autoflagelarse, a hacer lo que quería por más que supiera que lo podía matar. Y eso a sus seguidores les encantaba, los ponía casi a la misma altura. Dios, el Dios, una iglesia maradoniana, películas sobre él, que Diego supo ser más conocido que cualquier Papa, que Diego quedó afuera del Mundial, que Diego esto y lo otro.
Diego sería perdonado siempre por más mal que haya podido estar, actuar o armar frases que molestan a la mayoría. La vida detrás de una pelota. A la que pidió perdón y aseguró que no se mancha.
El único hombre en hacer llorar a un varón de 50 años, a un chico de 13 o a un cuarentón que agradeció el hecho de ser el técnico de Gimnasia La Plata, ahora reconocido mundialmente y no por ser campeón. Sólo porque a alguien se le ocurrió que desde hace pocos días atrás sea la casa de Maradona.
No para de nacer, esta vez, en la tierra de la argentinidad, en donde todo es extremo, demencial y pocas, pocas veces normal. 

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