“Tenían las armas preparadas para matar sin hacer ningún ruido”

Sábado 15 de junio de 2019 | 07:08hs.
Carlos Cardozo

Por Carlos Cardozo fojacero@elterritorio.com.ar

El jueves por la tarde, Jorge Álvarez (42) estaba sentado en la oficina de la empresa que tiene en el barrio Nuevo, de Garupá, como todos los días. A las 16.26 intercambiaba mensajes con un empleado que había ido a hacer una diligencia cuando, de reojo, vio una sombra extraña. Y rápidamente se dio cuenta que estaba en peligro.
Supo que era un arma y lo comprobó rápidamente, cuando los dos sujetos que habían entrado le dijeron que se trataba de un asalto. Se vio vencido y colaboró con el accionar de los delincuentes señalándoles dónde tenía guardado dinero. Estos lo tiraron al suelo y lo ataron de manos con una cuerda que tenían encima y un cable de teléfono que arrancaron ahí.
No tuvieron que buscar mucho para hacerse con 50.000 pesos destinado al pago de sueldos y aguinaldos de sus empleados, además de una cantidad de entre 5.000 y 8.000 reales, entre otros elementos. Los sujetos -dijo- actuaron con mucha profesionalidad y también se hicieron de un revólver calibre 32 y una escopeta.
Por el hecho, los efectivos de la Policía de Misiones realizaron horas más tarde un allanamiento en Candelaria, donde incautaron el vehículo utilizado para concretar el asalto. Sin embargo, hasta anoche, tres hombres -los dos asaltantes y un campana- estaban prófugos y no descartan que hayan huido a Paraguay.
En el procedimiento se encontró documentación de un ex convicto, que fue condenado en 2014 por acopio de cuatro toneladas de marihuana en Capioví, además del carné de un ciudadano paraguayo emitido en Encarnación.
Ayer, el empresario Álvarez recibió a El Territorio en su casa y contó su sorpresa e impotencia ante el hecho de inseguridad. Aseguró que su empresa es muy pequeña y no suele manejar cifras de dinero tan grandes, por lo que no entiende cómo delincuentes tan profesionales, que entraron con una escopeta y una pistola con la numeración limada, lo eligieron como blanco.

A cara descubierta
“Estaban muy jugados y violentos, la escopeta tenía un silenciador en la punta y el otro tenía una 9 milímetros. Me encañonaron los dos, me ataron y redujeron. Les dije que se queden tranquilos y la verdad que de lo violento que es ver a dos personas que te apunten, ellos dentro de todo no me pegaron ni me patearon”, aseguró sobre el momento del asalto.
Según Álvarez, después de presionarlo pidiendo más plata, los delincuentes se dieron cuenta que en la oficina no había más que el dinero con el que se habían alzado. “La verdad es que fue muy feo y triste, yo laburo 16 horas por día, me levanto a las 5 de la mañana y termino a las 10 de la noche, no tengo una vida de rico, manejo números chicos”, se lamentó aún sin entender.
Según aseguró, los delincuentes tenían tonada paraguaya y notó que tenían mucha experiencia en este tipo de hechos: “Estos eran tipos profesionales, no eran ‘robacelulares’, lo puedo asegurar. Ellos tenían las armas preparadas para matar sin hacer ruido y la 9 milímetros estaba limada y bien trabajada, por eso me sorprende que ataquen a un comerciante tan chico”.
El damnificado, que se dedica al servicio de baños químicos, considera que los delincuentes llegaron al lugar con un dato equivocado y aseguró que temió por su vida. “En un momento -prosiguió- como que me entregué y dije que si me tienen que pegar el tiro que me lo den. No me podía resistir y decidí relajarme”.
Álvarez aseguró que se preguntó “cómo le van a decir a mi familia que me mataron, mi preocupación era cómo le van a contar la historia a mi mujer y mis hijos. Me preocupó eso, estaba resignado, no era miedo honestamente, yo sabía que estaba en una situación difícil y lo entendí así”. En ese momento pensó en todo lo que tuvo que trabajar para tener su emprendimiento.
Pero el empresario no fue la única víctima, ya que un empleado suyo llegó justo en ese momento al lugar, se topó con el vehículo de apoyo que estaba esperando afuera con un conductor y recibió un culatazo de los delincuentes que salían del lugar con el botín en las manos. Esa secuencia sirvió para darse cuenta que habían sido víctimas de una importante vigilancia previa de la banda.
“Hace tres semanas ese vehículo -un Renault Scenic- fue a preguntar por baños químicos a mi empresa y cuando ellos se van yo le digo a este señor, el encargado mío: ‘Estos vinieron a hacernos daño, van a venir a robarnos’. Nos quedamos mirando y efectivamente después pasó”, reveló el entrevistado. Fueron dos los hombres -no los que lo asaltaron- quienes llegaron a su local y le dijeron: “Nos costó encontrarte pero al fin lo hicimos”.
Con estos datos, se puede inferir que se trata de una banda de entre cuatro y cinco integrantes.
Esa situación, supo después, hizo que su encargado anotara la patente del Scenic antes de ingresar a la empresa. El dato sirvió para que la Policía local avance en el esclarecimiento del hecho, aunque finalmente las actuaciones no concluyeron luego en detenciones.

Allanamiento y documentos
El Scenic dominio IYQ-640 llevó a los investigadores al barrio Santa Cecilia de Candelaria, donde de forma inmediata se dispuso un operativo cerrojo con autoridades de la Unidad Regional X, la comisaría y la Mini Brigada local. También se hizo presente el juez Marcelo Cardozo, quien dirigió un allanamiento con el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) e Infantería.
En el lugar no había nadie, pero sí se halló gran parte de lo que sería el botín sustraído: 45.000 pesos, guaraníes y 1.250 dólares. También había cartuchos de diferentes calibres y la cédula azul del Scenic a nombre de una mujer identificada como Julieta D. con autorización de manejo para Marco Isaac Villalobo. Al parecer esa pareja reside allí.
Por otro lado, había una licencia de conducir expedida por la Municipalidad de Encarnación a un hombre del vecino país, identificado como Fabio S. I., además del coche en cuestión. Fuentes internas de la Policía aseguraron que creen que estos advirtieron la presencia de los móviles y huyeron del lugar antes del procedimiento, por lo que la ventaja que podrían tener los pesquisas se revirtió.

Narco implicado
A los uniformados les llamó la atención la presencia de una constancia de libertad condicional de la Unidad Penal 17 extendida a Villalobo por el Servicio Penitenciario Federal (SPF) con fecha del 27 de marzo de 2016. Es que el hombre, según indagó El Territorio, fue condenado a siete años de cárcel en mayo del 2014 como partícipe necesario de almacenamiento agravado de estupefacientes.
La condena se impartió al sujeto y a otros cinco misioneros tras el decomiso 4.226,630 kilogramos de marihuana en un campamento montado al estilo tarefero a cuatro kilómetros de la costa del Paraná, en la localidad de Capioví, el 27 de marzo del 2012. En ese momento también se secuestraron armas y celulares.
Según las crónicas de esa época, tras ocho jornadas de debate, los jueces Norma Lampugnani, Manuel Alberto Jesús Moreira y Mario Hachiro Doi, hallaron culpable como autor del delito de almacenamiento agravado de estupefacientes a Marcial Romero y determinaron diez años de prisión, mientras que Gustavo Alderete recibió ocho años por el mismo delito pero en carácter de coautor.
En tanto, recibió la misma calificación y pena que el ahora prófugo Javier Ramón De Leiva, Mario Pilar Alonzo. Para Marcos Vázquez, hijo de un concejal de Puerto Leoni -de donde eran oriundos todos los encartados- el veredicto fijó seis años de cárcel.
Las investigaciones, según se pudo indagar, no descartan que otros sujetos de esa banda hayan participado en el asalto o la inteligencia previa.
Por otro lado, en la jornada de ayer, la mujer implicada, Julieta D., se entregó a las autoridades policiales y permanecerá demorada hasta que se pueda establecer el grado de participación en el hecho. En un nuevo allanamiento en la víspera, con la luz del día, los efectos hallaron más documentaciones y la culata de una escopeta.


U$S 1.250

Además de 45.000 pesos en efectivo, la Policía incautó en el allanamiento, guaraníes y 1.250 dólares, que equivalen a una suma superior a los $52.000.

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