¿Vibró Vibrass? La banda de música que cumplió tres años y lo celebró anoche
Una banda que cumple tres años, 16 músicos en escena y una fiesta de aniversario: con esos ingredientes, casi cualquier noche alcanza para que todos digan que estuvo linda. Queda la duda de si Vibras vibró de verdad o si simplemente hizo la fiesta que se esperaba de ella. La respuesta llegó con el primer combo.
Los 16 músicos aparecieron en escena, algunos con camisas estampadas y más sobrios otros, con estilos distintos que se notaban a simple vista. Vibrass había elegido La Murga de la Estación para celebrar. Quien esto escribe los venía siguiendo por las redes y los había escuchado al pasar en el Parque Paraguayo y en alguna que otra fiesta, pero esta noche eran los protagonistas de toda la atención.
La previa
Antes de ellos subió APA, un grupo de percusión que abrió la noche con una base rítmica excelente y un director que se hizo notar en los cortes y en el pulso. Desde el escenario hicieron además una invitación abierta: quien quiera acercarse a tocar puede sumarse, sin importar la edad. Ensayan en Grillitos Sinfónicos.
Los protagonistas
Después vinieron los dueños de la fiesta. Loreley Benítez Kitegroski, la voz principal, no ocupó el centro sino un costado, como si el escenario avisara que acá nadie es el único protagonista. Hubo vientos, percusión, cuerdas. Sergio Tarnoski se sumó con el acordeón en las primeras canciones, y la gente tardó poco en ponerse a bailar.

El repertorio se repartió entre el Combo Pachanguero (ritmos latinos) y el Brassuka (canciones del país vecino), cuyo cambio se avisaba con luces detrás de los músicos. Todos los temas eran conocidos, y aunque no lo hubieran sido, esta banda sabría cómo hacer que al público le gusten. El clarinete de Tomas Mendez tuvo su momento al inicio de la cumbia colombiana, y el saxo de Lucas Giménez dijo "hola, acá estoy" cuando arrancaron las obras de los redondos en versión cumbia, sin un solo minuto de desperdicio. Hubo un acople leve, de esos que no pueden faltar en ninguna fiesta con sonido, y que seguramente solo notaron los músicos y alguien más atento.

En escena no había amateurs ni improvisados. Eran músicos con muchos años de estudio encima, algunos con trayectoria en el Parque del Conocimiento, otros docentes de música, otros con clases particulares. Alguno de formación académica, aunque esa noche no hubo música académica. Entre ellos estaban Diego Olsson en guitarra eléctrica y voz, Carlos Balbuena en el bajo, Fernanda Ibarrola en flauta traversa, Camila Corona en el saxo, Gonzalo González en la trompeta, Marcos Mendezen trombón, Cristian Britos en la batería y más percusión de la mano de Lucía Santilli, Matías Almirón, Jonas Gunzel y Mauricio "Chori" Ovando, ovacionado esa noche.

La grada vacía
Al entrar, la grada parecía el lugar indicado, como cuando se va a ver una de las obras a las que el grupo de teatro de la murga tiene acostumbrado al público. No duró ni un tema: se invitó a la gente a ocupar la pista y la pista quedó a centímetros de los músicos. Y no fue solo cuestión de espacio. El público cantó, siguió las palmas y los ritmos que la banda iba indicando, y esa participación acortó todavía más lo poco que quedaba de distancia.
Casi al final, Loreley se metió entre la gente y le cedió el micrófono al público, en un karaoke improvisado. Fue divertido, y también esclarecedor: todos llegamos a la misma conclusión, que es mejor que cante ella, siempre.
El trencito no faltó. Primero lo armó solo el público, y casi al final de la noche lo guió Loreley.

Dicen que el culpable de todo es el director, Sebastián Gensollen. Fue él quien marcó los ritmos, las intensidades y las entradas, porque para que una banda suene así hace falta esa guía. Los enganches fueron tan limpios que a más de un DJ le vendría bien una clase con ellos.
La duda del principio quedó resuelta sin necesidad de más pruebas: Vibras vibró.