Maradona cumpliría 66 años y su leyenda sigue viva en cada rincón del mundo

Este 30 de octubre se recuerda el nacimiento de Diego Armando Maradona, el futbolista que llevó a la Argentina a la cima del mundo y trascendió todas las fronteras del deporte.
viernes 30 de octubre de 2026 | 13:37hs.

Hay nombres que pertenecen a la historia del deporte y otros que terminan formando parte de la identidad de un país. Diego Armando Maradona consiguió ambas cosas. Este viernes 30 de octubre de 2026, el astro argentino cumpliría 66 años y su figura vuelve a ocupar un lugar especial en la memoria de millones de personas que lo vieron jugar, crecieron escuchando sus hazañas o descubrieron, a través de imágenes y relatos, por qué aquel futbolista de apenas 1,65 metros fue capaz de conquistar el mundo.

Maradona nació el 30 de octubre de 1960 en el Policlínico Evita de Lanús y creció en Villa Fiorito, en el seno de una familia humilde encabezada por Don Diego y Doña Tota. Fue el quinto de ocho hermanos y, desde muy pequeño, encontró en una pelota mucho más que un entretenimiento. En las calles de tierra comenzó a construir una relación con el fútbol que años después lo convertiría en uno de los deportistas más extraordinarios de todos los tiempos.

Su muerte, ocurrida el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años, dejó un vacío difícil de dimensionar. Sin embargo, su presencia nunca desapareció. Está en los murales de los barrios, en las camisetas argentinas, en las canciones de las tribunas, en las imágenes de sus goles y en cada chico que sueña con gambetear rivales llevando la pelota pegada al pie.

De Villa Fiorito a conquistar el fútbol argentino

La historia futbolística de Diego comenzó a tomar forma cuando ingresó a Los Cebollitas, el equipo infantil vinculado a Argentinos Juniors que sorprendió por su talento y protagonizó una recordada racha de 136 partidos invicto.

A los diez años, Maradona ya llamaba la atención por una habilidad extraordinaria. Durante los entretiempos de los partidos entretenía al público haciendo jueguitos, mientras quienes lo observaban comenzaban a descubrir que estaban frente a un talento diferente.

El 20 de octubre de 1976, diez días antes de cumplir 16 años, debutó oficialmente en Primera División con Argentinos Juniors frente a Talleres de Córdoba. Aquella tarde comenzó una carrera profesional que cambiaría para siempre la historia del fútbol.

En el club de La Paternal disputó 166 partidos de liga y convirtió 116 goles. Su capacidad para gambetear, asistir y definir lo transformó rápidamente en una de las grandes apariciones del fútbol sudamericano.

En 1979 alcanzó su primera gran consagración internacional al conducir a la Selección Argentina al título del Mundial Juvenil de Japón. Aquel equipo dirigido por César Luis Menotti desplegó un fútbol brillante y Diego fue elegido mejor jugador del torneo.

Dos años después, en 1981, llegó a Boca , el club del que era hincha. Su paso fue breve, pero alcanzó para conquistar el Campeonato Metropolitano y construir una relación emocional que se mantendría durante toda su vida.

Barcelona, Napoli y la transformación de un futbolista en ídolo popular

En 1982, Maradona dio el salto al fútbol europeo al incorporarse al Barcelona de España. Allí atravesó momentos de enorme calidad futbolística, pero también dificultades, entre ellas una hepatitis y una grave lesión de tobillo provocada por una dura entrada de Andoni Goikoetxea.

En 1984 llegó al Napoli de Italia, una transferencia que modificaría para siempre la historia de la institución y de la ciudad.

Hasta entonces, el club del sur italiano no había conseguido ganar la Serie A. Con Diego como principal figura, Napoli conquistó los campeonatos de 1986-1987 y 1989-1990, además de la Copa Italia de 1987, la Copa UEFA de 1989 y la Supercopa italiana de 1990.

Maradona no solamente convirtió al equipo en protagonista del fútbol europeo. También se transformó en un símbolo de reivindicación para una ciudad que históricamente había sufrido prejuicios y desigualdades frente al norte italiano.

Su vínculo con Nápoles fue tan profundo que todavía hoy su imagen ocupa fachadas, altares, banderas y murales. Tras su fallecimiento, el estadio San Paolo fue rebautizado oficialmente como Estadio Diego Armando Maradona.

La ciudad que lo recibió como futbolista terminó adoptándolo como uno de sus hijos más queridos.

México 1986, el Mundial que lo convirtió en eterno

Si existe un capítulo que explica la dimensión deportiva de Maradona, ese es el Mundial de México 1986. Con 25 años y la cinta de capitán, Diego protagonizó una de las actuaciones individuales más extraordinarias que se recuerden en una Copa del Mundo.

La Selección Argentina, dirigida por Carlos Salvador Bilardo, encontró en él a su conductor futbolístico y emocional. Maradona disputó los siete partidos del campeonato, convirtió cinco goles y entregó cinco asistencias, además de intervenir decisivamente en buena parte de las jugadas ofensivas del equipo.

El encuentro que terminó de instalarlo en la historia fue el disputado el 22 de junio de 1986 ante Inglaterra, por los cuartos de final.

Aquella tarde, en el estadio Azteca, convirtió dos goles que representan dos caras completamente diferentes de su personalidad futbolística.

El primero llegó después de tocar la pelota con su mano izquierda por encima del arquero Peter Shilton. El árbitro convalidó la conquista y, tras el partido, Diego pronunció una frase que quedó grabada para siempre: "Un poco con la cabeza de Maradona y otro poco con la mano de Dios".

Cuatro minutos después protagonizó una obra de arte. Recibió la pelota en su propio campo, avanzó dejando rivales ingleses en el camino, eludió al arquero y definió para establecer el 2-0.

La jugada fue elegida posteriormente como el Gol del Siglo en una votación organizada por la FIFA.

En la Argentina, aquella conquista también quedó asociada al relato de Víctor Hugo Morales, que inmortalizó la corrida con palabras que atravesaron generaciones: "Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?".

La victoria por 2-1 tuvo, además, una profunda carga emocional para los argentinos, apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas. Aunque se trató de un acontecimiento deportivo, el partido adquirió una dimensión simbólica que trascendió el resultado.

Maradona volvió a ser determinante en semifinales, cuando convirtió los dos goles del triunfo ante Bélgica. En la final frente a Alemania Federal, disputada el 29 de junio, entregó el pase decisivo para que Jorge Burruchaga marcara el 3-2 que le dio a la Argentina su segunda Copa del Mundo.

La imagen de Diego levantando el trofeo en el estadio Azteca se convirtió en una de las fotografías más representativas de la historia del deporte argentino.

Italia 1990, las lágrimas de un capitán que volvió a rozar la gloria

Cuatro años después de México, Maradona volvió a ponerse al frente de la Selección Argentina en el Mundial de Italia 1990. Esta vez, el camino fue mucho más difícil. El equipo llegó cuestionado, sufrió lesiones importantes y debió superar encuentros de enorme desgaste físico y emocional.

Uno de los episodios más recordados ocurrió durante el partido de octavos de final ante Brasil. Diego recibió la pelota en la mitad de la cancha, avanzó entre varios rivales y asistió a Claudio Caniggia, quien convirtió el gol de la clasificación argentina.                            

En semifinales, Argentina eliminó por penales a Italia en Nápoles, la ciudad que había convertido a Maradona en ídolo. El encuentro dejó una de las imágenes más particulares del torneo, con el público napolitano dividido entre el seleccionado de su país y el futbolista que había cambiado la historia de su club.

La final terminó con una derrota por 1-0 frente a Alemania Federal, mediante un discutido penal convertido por Andreas Brehme. Las lágrimas de Diego durante la ceremonia de premiación mostraron otra faceta del capitán que, aun sin alcanzar el título, había conseguido llevar nuevamente a la Argentina hasta el último partido.

Estados Unidos 1994 y el doloroso final de su historia mundialista

El Mundial de Estados Unidos 1994 representó el último capítulo de Maradona como jugador de la Selección Argentina.

Después de una intensa preparación física, regresó al equipo y convirtió un extraordinario gol ante Grecia en el debut. Su festejo frente a una cámara de televisión quedó entre las imágenes más recordadas de aquella competencia.

Sin embargo, su participación terminó abruptamente después del encuentro frente a Nigeria, cuando un control antidopaje detectó sustancias prohibidas y fue apartado del torneo.

En medio de aquella situación, pronunció otra de sus frases históricas: "Me cortaron las piernas".

Fue una despedida dolorosa de los mundiales para quien había disputado cuatro ediciones, acumulado 21 encuentros y convertido ocho goles con la camiseta argentina en esas competencias.

En total, Maradona jugó 91 partidos y marcó 34 tantos con la Selección mayor. También participó de tres ediciones de la Copa América, en 1979, 1987 y 1989.

El regreso a Boca y una despedida que se convirtió en declaración de amor

Después de su salida del Napoli, Maradona continuó su carrera en Sevilla de España y Newell's Old Boys de Rosario. En 1995 regresó a Boca Juniors, donde volvió a encontrarse con el cariño de una hinchada que lo había adoptado como uno de sus máximos referentes.

Su último partido profesional fue el 25 de octubre de 1997, en el Superclásico que Boca ganó por 2-1 ante River Plate en el Monumental.

Años después, el 10 de noviembre de 2001, tuvo su partido homenaje en La Bombonera. Aquella jornada reunió a grandes figuras del fútbol mundial y a miles de hinchas que fueron a despedir al ídolo.

Fue entonces cuando Diego pronunció una de las frases más profundas y recordadas de su vida: "Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha".

La expresión se transformó en una síntesis de su relación con el deporte. Maradona reconocía sus errores personales, pero defendía el amor por el fútbol que lo había acompañado desde la infancia.

Una vida de gloria, excesos y contradicciones

La historia de Maradona no estuvo compuesta únicamente por triunfos deportivos. Su vida también estuvo atravesada por adicciones, problemas de salud, conflictos familiares, polémicas públicas y períodos de enorme exposición mediática.

Durante su etapa en Italia comenzó a enfrentar problemas de consumo de cocaína que afectaron profundamente su carrera y su vida personal. En 1991 recibió una suspensión de 15 meses después de un control antidopaje positivo.

Con los años atravesó internaciones y tratamientos médicos, mientras sus apariciones públicas continuaban generando una atención extraordinaria.

Su personalidad frontal también lo convirtió en protagonista de enfrentamientos con dirigentes deportivos, periodistas y distintas figuras públicas. Fue crítico de la FIFA, mantuvo posiciones políticas explícitas y nunca evitó involucrarse en discusiones que excedían el ámbito futbolístico.

Admirado por millones y cuestionado por otros tantos, Diego fue una figura imposible de separar de sus contradicciones. Su extraordinaria dimensión deportiva convivió con comportamientos y decisiones personales que generaron controversias y consecuencias para quienes lo rodeaban.

Su etapa como entrenador y el regreso a la Selección

Después de retirarse como futbolista, Maradona inició una trayectoria como director técnico que lo llevó por distintos equipos y países.

Sus primeras experiencias fueron en Deportivo Mandiyú de Corrientes y Racing Club, durante la década de 1990. Sin embargo, el desafío más importante llegó en 2008, cuando asumió la conducción de la Selección Argentina.

Con Lionel Messi como principal figura, dirigió al combinado nacional durante el Mundial de Sudáfrica 2010. El equipo alcanzó los cuartos de final, instancia en la que quedó eliminado tras perder por 4-0 ante Alemania.

Posteriormente trabajó en Al Wasl y Fujairah, de Emiratos Árabes Unidos, y en Dorados de Sinaloa, de México, donde logró una fuerte identificación con los hinchas.

Su última experiencia como entrenador fue en Gimnasia y Esgrima La Plata, institución a la que llegó en septiembre de 2019.

Su presentación en el estadio del Bosque estuvo acompañada por una multitud. Aun cuando los resultados deportivos fueron irregulares, su presencia generó una revolución popular en cada cancha que visitó.

Las frases de Diego que quedaron grabadas en la memoria colectiva

Maradona también construyó una identidad a través de sus palabras. Sus declaraciones podían ser emotivas, provocadoras, espontáneas o polémicas, pero difícilmente pasaban inadvertidas.

Entre sus expresiones más recordadas aparecen algunas que todavía forman parte del lenguaje cotidiano de los argentinos.

"La pelota no se mancha" quedó asociada a su despedida del fútbol. "Me cortaron las piernas" sintetizó el dolor de su salida del Mundial de 1994. Y la célebre "Mano de Dios" se convirtió en una expresión universal para identificar aquel primer gol ante Inglaterra.

También dejó una definición que retrataba su relación con la camiseta nacional: "La Selección es más importante que todos nosotros".

Otra frase que adquirió una dimensión especial después de su muerte fue "Yo quiero ser el ídolo de los chicos pobres".

Ese deseo, vinculado directamente con sus orígenes en Villa Fiorito, explica buena parte de la identificación popular que despertó durante toda su vida.

Para muchos argentinos, Diego no era solamente un deportista extraordinario. Representaba la posibilidad de que un chico nacido en un barrio humilde pudiera alcanzar lugares que parecían reservados para otros.

El día que Argentina despidió a su máximo ídolo

El 25 de noviembre de 2020, Maradona murió a los 60 años mientras permanecía en una vivienda de Tigre, donde transitaba una internación domiciliaria después de haber sido sometido a una cirugía por un hematoma subdural.

La noticia provocó una conmoción inmediata en la Argentina y en numerosos países del mundo. El Gobierno nacional decretó tres días de duelo y sus restos fueron velados en la Casa Rosada, donde miles de personas se acercaron para despedirlo.

Las imágenes recorrieron el planeta. Hinchas de Boca, River, Argentinos Juniors, Napoli y de innumerables clubes dejaron de lado sus rivalidades para homenajear al futbolista.

En Nápoles, las calles se llenaron de flores, velas y camisetas. En Buenos Aires, los murales comenzaron a multiplicarse. La Bombonera, el estadio de Argentinos Juniors y otros escenarios emblemáticos se transformaron en puntos de encuentro para quienes necesitaban expresar su tristeza.

Su fallecimiento también abrió una investigación judicial sobre las circunstancias de su atención médica y las eventuales responsabilidades de los profesionales que participaron de sus cuidados.

El legado de Diego y la tercera estrella argentina

Maradona no llegó a presenciar la consagración de la Selección Argentina en el Mundial de Qatar 2022. Sin embargo, su figura estuvo presente durante todo el recorrido del equipo dirigido por Lionel Scaloni.

Los hinchas llevaron banderas con su rostro, cantaron canciones dedicadas al Diez y recordaron permanentemente aquella conquista de México 1986.

La tercera estrella argentina también permitió unir simbólicamente dos generaciones extraordinarias: la de Diego Maradona y la de Lionel Messi.

Ambos capitanes condujeron a la Argentina hacia la gloria mundial, cada uno con su personalidad, su estilo y su propia historia.

Lejos de borrar los recuerdos del pasado, la consagración de Qatar renovó el interés de las nuevas generaciones por conocer las hazañas de Maradona.

Su legado también permanece en la cultura popular. Documentales, películas, canciones, libros, obras de arte y producciones audiovisuales continúan reconstruyendo su historia. Artistas como Rodrigo y Andrés Calamaro le dedicaron composiciones que terminaron convirtiéndose en himnos populares.

En las canchas argentinas, su nombre todavía aparece en los cánticos. En Nápoles, su rostro sigue siendo parte del paisaje urbano. Y en distintos rincones del mundo, la camiseta número 10 de la Selección Argentina continúa siendo una de las imágenes más reconocibles del fútbol.

Un cumpleaños que sigue reuniendo a generaciones

Este 30 de octubre, Diego Armando Maradona cumpliría 66 años. Es el sexto cumpleaños que llega sin su presencia física, pero también una nueva oportunidad para dimensionar la huella que dejó en el deporte y en la cultura argentina.

Su trayectoria profesional, que comenzó cuando todavía era un adolescente, comprendió 724 partidos oficiales y 358 goles, además de títulos nacionales, internacionales y una Copa del Mundo que lo instaló definitivamente entre los grandes protagonistas de la historia.

Sin embargo, las estadísticas resultan insuficientes para explicar su dimensión.

Maradona fue el chico de Fiorito que soñaba con jugar un Mundial, el adolescente que maravillaba haciendo jueguitos, el capitán que levantó la Copa en México, el futbolista que convirtió al Napoli en campeón y el hombre que emocionó a multitudes incluso después de haber dejado de jugar.

Su vida estuvo lejos de ser perfecta y su historia conserva tanto sus momentos de gloria como sus capítulos más oscuros. Pero existe algo que el paso del tiempo no ha conseguido modificar: la emoción que todavía provoca verlo recibir una pelota, levantar la cabeza y comenzar a correr hacia el arco rival.

A 66 años de su nacimiento, Diego sigue habitando ese lugar donde el fútbol deja de ser solamente un deporte y se transforma en memoria colectiva.

Porque las generaciones cambian, los campeones se suceden y aparecen nuevas figuras, pero cada 30 de octubre la Argentina vuelve a encontrarse con una parte fundamental de su historia. Y el Diez, de alguna manera, vuelve a salir a la cancha.

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