Meningitis: las coberturas bajan con la edad y el refuerzo de los 15 meses es uno de los puntos más críticos

Las cifras nacionales de 2025 muestran una caída progresiva en la vacunación contra el meningococo a medida que avanzan las edades, una tendencia que también se observa en Misiones. Advierten sobre la importancia de completar los esquemas y sostener la prevención.
miércoles 07 de octubre de 2026 | 18:00hs.

El Día Mundial de la Meningitis, que se conmemoró el lunes, volvió a poner el foco en una enfermedad que, aunque no es frecuente, puede evolucionar rápidamente y dejar consecuencias graves. En Argentina, uno de los aspectos que genera preocupación es la disminución de las coberturas de vacunación a medida que aumenta la edad de los chicos, particularmente en las dosis de refuerzo y en la vacunación de los adolescentes. Según el Calendario Nacional de Vacunación, la vacuna está indicada a los 3 meses de vida, a los 5 meses una segunda dosis, un refuerzo a los 15 meses y una única dosis a los 11 años.

De acuerdo con los datos de cobertura de vacunación de Nación correspondientes a 2025, con actualización al 2 de septiembre de 2026, la primera dosis contra el meningococo alcanza al 89,9% de los niños a nivel nacional, pero la cobertura baja al 85% en la segunda dosis y desciende al 76,9% en el refuerzo de los 15 meses. Entre los chicos de 11 años, la cobertura llega apenas al 57,2%.

En Misiones, el comportamiento es similar, aunque la primera dosis alcanza al 92,5%. La segunda llega al 80,9%, mientras que el refuerzo de los 15 meses alcanza al 67,6% y la vacunación correspondiente a los 11 años llega al 61,9%.

Para Fernando Burgos, médico pediatra y miembro de la Fundación Vacunar, estas cifras muestran una pérdida de oportunidades de vacunación a medida que los chicos crecen y requieren estrategias diferentes para sostener la cobertura. El especialista remarcó que la enfermedad meningocócica puede provocar cuadros de extrema gravedad aun cuando su frecuencia sea baja.

“Cuando las coberturas son insuficientes, quedan más niños y adolescentes expuestos a enfermedades que podemos prevenir. Aunque la enfermedad meningocócica es poco frecuente, puede avanzar rápidamente y provocar meningitis, sepsis, muerte o secuelas permanentes. El impacto alcanza también a las familias y al sistema de salud, por las internaciones, la rehabilitación y los cuidados que pueden necesitar los sobrevivientes”, señaló a El Territorio.

Burgos también señaló que hablar de vacunación contra la meningitis requiere tener en cuenta que no existe una única vacuna capaz de prevenir todas las formas de la enfermedad. El Calendario Nacional contempla vacunas dirigidas contra distintos agentes que pueden producir meningitis, entre ellos meningococo, neumococo y Haemophilus influenzae tipo b. En el caso de la vacuna meningocócica incluida en el calendario, la protección alcanza a los serogrupos A, C, W e Y.

La disminución de las coberturas tiene, según el pediatra, múltiples causas y no debería explicarse únicamente por el rechazo a las vacunas. Durante los primeros meses de vida los niños suelen tener controles pediátricos con mayor frecuencia, lo que facilita que los profesionales detecten las dosis pendientes y que las familias mantengan actualizado el calendario. Con el paso del tiempo, esos contactos con el sistema sanitario suelen espaciarse.

“También pueden intervenir horarios poco accesibles, dificultades de traslado, olvidos, información insuficiente, baja percepción del riesgo y oportunidades desaprovechadas durante las consultas. No corresponde atribuir toda la brecha al rechazo a las vacunas, hay que identificar las barreras en cada comunidad”, sostuvo.

El especialista aclaró además que los porcentajes corresponden a grupos de diferentes edades y no representan el seguimiento de los mismos niños durante once años. La dosis indicada a los 11 años constituye una estrategia específica de vacunación adolescente y, por lo tanto, requiere también intervenciones dirigidas particularmente a esa población.

En este punto, Burgos destacó la diferencia entre recibir una vacuna dentro de la edad recomendada y hacerlo de manera tardía. “Recuperar una dosis es valioso, pero no elimina el tiempo que la persona estuvo sin la protección recomendada. Y una cobertura menor en las edades más grandes no significa necesariamente un descenso respecto del año anterior: el Ministerio informó una recuperación de la cobertura meningocócica adolescente en 2025, aunque continúa lejos de la meta”, destacó. 

Acceso, seguimiento y prevención

Frente a este escenario, el desafío consiste en recuperar a quienes tienen esquemas incompletos y evitar que las oportunidades de vacunación sigan perdiéndose. Para Burgos, las estrategias deben combinar el acceso a las vacunas con el seguimiento de cada persona y una comunicación clara hacia las familias.

“Hace falta combinar acceso, seguimiento y comunicación. Esto implica garantizar disponibilidad de vacunas, ampliar horarios, organizar acciones en escuelas y comunidades, enviar recordatorios y buscar activamente a quienes tienen dosis pendientes. La información nominal permite identificar a esas personas y orientar mejor las intervenciones”, remarcó.

En ese trabajo, los profesionales de salud tienen un papel central, pero no son los únicos responsables. Revisar el carnet en cada consulta, recomendar las vacunas correspondientes, escuchar las dudas de las familias y facilitar la aplicación son acciones que pueden contribuir a mejorar las coberturas. Una consulta por otro motivo puede convertirse, de ese modo, en una oportunidad para completar el calendario. “Enfermería, medicina familiar y los equipos que atienden adolescentes son fundamentales para sostener ese trabajo”, agregó.

El especialista recordó que las vacunas incluidas en el Calendario Nacional son gratuitas y están disponibles en centros de salud y hospitales públicos, sin necesidad de una orden médica.

Aunque las bajas coberturas generan preocupación, Burgos planteó que no resulta adecuado hablar de un regreso de la meningitis porque ésta y la enfermedad meningocócica continúan presentes en Argentina. El objetivo, explicó, debe ser evitar casos y posibles brotes mediante la prevención y la vigilancia epidemiológica. “La vigilancia del Malbrán documentó circulación de distintos serogrupos e incluso un brote por meningococo B en Santa Fe durante 2024”, acotó.

La existencia de coberturas insuficientes implica que hay una mayor cantidad de personas susceptibles a los agentes que pueden prevenirse mediante las vacunas. Sin embargo, esos porcentajes no permiten anticipar por sí solos la aparición de un brote, ya que también intervienen otros factores, como la circulación bacteriana, el serogrupo y las condiciones de exposición.

“Una sospecha de meningitis requiere evaluación hospitalaria urgente. Los cuadros iniciales pueden ser inespecíficos, especialmente en bebés, y presentarse con fiebre, rechazo del alimento, irritabilidad marcada, decaimiento o dificultad para despertarlos. En niños mayores pueden aparecer dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello y alteración del estado de conciencia”, describió. En esa misma línea, insistió: “No hay que esperar a que estén presentes todos los síntomas ni a que aparezcan manchas en la piel para consultar”. 

Meningococo B, una protección diferente

Dentro de las meningitis bacterianas, las producidas por meningococo, neumococo y Haemophilus influenzae tienen especial relevancia en pediatría por su gravedad y por las posibles secuelas. En los recién nacidos también adquiere importancia el estreptococo del grupo B, mientras que las meningitis virales suelen presentar una evolución más favorable, aunque algunas pueden revestir gravedad.

En Argentina, la vigilancia epidemiológica presentada ante la Comisión Nacional de Inmunizaciones señaló el predominio del meningococo B en lactantes, además de la circulación de serogrupo C en determinadas zonas. Este dato también permite comprender un aspecto importante del esquema de prevención, ya que la vacuna ACWY incluida en el calendario no protege contra el meningococo B.

La vacuna contra el meningococo B está autorizada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) y puede administrarse desde los 2 meses de edad para prevenir la enfermedad invasiva causada por esta bacteria. Puede indicarse también en niños y adolescentes sanos, aunque el esquema depende de la edad en que se inicia la vacunación.

Esta vacuna complementa la protección que ofrece la vacuna ACWY, pero actualmente no forma parte del Calendario Nacional de Vacunación de manera universal. Se ofrece en el ámbito privado y existen indicaciones específicas de acceso público para personas con determinadas condiciones de riesgo, por lo que su indicación debe analizarse de acuerdo con la edad, los antecedentes y las recomendaciones vigentes.

La diferencia entre ambas vacunas es relevante porque completar el calendario oficial constituye una herramienta fundamental de prevención, pero no significa que una persona quede protegida frente a todas las causas posibles de meningitis. En ese sentido, la consulta con el pediatra permite evaluar las alternativas disponibles y las vacunas adicionales que puedan corresponder en cada caso.

En ese escenario, mejorar las coberturas no depende solamente de que las familias conozcan la importancia de las vacunas, sino también de que el sistema pueda detectar a quienes tienen esquemas incompletos y acercarles las herramientas necesarias para completarlos. La caída desde la primera dosis hasta el refuerzo y, especialmente, la baja cobertura entre los adolescentes muestran que el desafío no termina con iniciar el esquema, sino que consiste en sostenerlo a lo largo del tiempo.

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