Abrazó a sus cuatro hijos mientras el temporal arrancaba el techo
El temporal con características de tornado que golpeó Cruce Caballero dejó viviendas destechadas, árboles derribados y daños en distintas chacras de la zona. En una de esas propiedades se encontraba Adriana junto a sus cuatro hijos, mientras cuidaban el lugar debido a que sus dueños habían viajado por cuestiones laborales. Lo que comenzó como un almuerzo familiar se transformó, en pocos minutos, en una desesperada búsqueda de resguardo.
“Recién habíamos parado a almorzar con los chicos cuando se cortó la luz. Miré hacia afuera y el tiempo se puso oscuro. Pensé que las ventanas y las puertas estaban bien trancadas, así que les dije que se quedaran adentro”.
Cuando intentaron asegurar la última abertura, la fuerza del viento empujó la ventana e impidió que pudieran cerrarla nuevamente. Ante el avance de la tormenta, Adriana llevó a los niños hasta una pequeña habitación, los reunió a su alrededor y permaneció abrazada a ellos.
“Los abracé a los cuatro y le pedí a Dios que nos protegiera porque vi que se iba a poner feo. En medio de todo, uno de ellos me dijo: ‘Tranquila, mami, ya va a pasar. Dios está con nosotros’. Y acá estamos”.
El padre de los chicos no se encontraba en la chacra y su ausencia incrementó la angustia. Los niños preguntaban por él, pero su madre intentó calmarlos. Más tarde agradeció que no hubiera emprendido el regreso durante el fenómeno, ya que podría haber quedado expuesto en el camino.
“Ellos pedían por su papá porque estábamos solos. Después pensé que, gracias a Dios, tampoco vino desde donde estaba, porque imaginate si agarraba el camino en medio de todo eso”.
Cuando la claridad volvió, la mujer levantó la vista y descubrió que el techo había desaparecido por completo. El llanto y la desesperación le impidieron percibir con precisión el estruendo, por lo que recién dimensionó los destrozos al abandonar el refugio con sus hijos.
“Cuando abrí los ojos, vi que arriba ya estaba claro porque no había nada del techo. No sé si hubo mucho ruido, porque con el llanto y estando con mis hijos casi no escuché nada. Me levanté y encontré aquel desastre”.
Una vez afuera, Adriana buscó a los animales y comprobó que los perros y los demás ejemplares estaban a salvo. Como todavía había señal telefónica, consiguió comunicarse con el padre de los niños para avisarle lo ocurrido. Ninguno de los integrantes de la familia sufrió lesiones.
“Gracias a Dios, los chicos, los animales y yo estamos bien. Fue más que nada un susto, porque no hubo ningún herido, pero lo que vivimos fue horrible”.
Al recorrer el terreno, constató que los daños no se limitaron a la vivienda. El fenómeno rompió los plásticos del invernáculo, afectó los pequeños galpones donde guardaban las herramientas y derribó numerosos árboles alrededor de la chacra.
“Se voló todo el techo y también se rompieron los plásticos del invernáculo y los galponcitos donde estaban las herramientas. Hubo muchos árboles caídos, pero, por suerte, nosotros estamos todos bien”.