La Plata una histórica fábrica textil y de calzado confirmó su cierre por la caída del consumo
Clan Issime, la textil platense que sobrevivió a todas las crisis económicas del país desde 1973, no pudo con esto. El 31 de agosto cerrará para siempre, con apenas nueve empleados de los 129 que llegó a tener en su mejor momento, y ahora rematan hasta las máquinas para pagar las indemnizaciones.
Hay cierres que son apenas un dato económico más y hay otros que duelen como el final de una historia familiar. El de Clan Issime pertenece a esta segunda categoría. La fábrica textil y de calzado, fundada el 9 de septiembre de 1973 en el barrio de Tolosa, bajará definitivamente sus persianas el próximo lunes 31 de agosto, apenas unos días antes de cumplir 53 años de vida.
La firma funciona en la calle 526, entre 14 y 15, y hoy está a cargo de Dolores y Jorge Bizet junto a su hijo Martín, la tercera generación de una misma familia al frente del negocio. Jorge Bizet, uno de los fundadores, recorrió días atrás las instalaciones de la planta con una mezcla de nostalgia y bronca, mostrando lo poco que queda de una empresa que supo ser parte de la vida comercial de La Plata y de buena parte del país.
Una fábrica que resistió cada crisis, menos esta
Pocas empresas argentinas pueden decir que atravesaron tantas tormentas económicas seguidas. El clan Issime sobrevivió al Rodrigazo, a la apertura importadora de Martínez de Hoz, a la hiperinflación de los gobiernos de Alfonsín y Menem, a la convertibilidad del uno a uno, al estallido de 2001, a la devaluación de la gestión de Macri y hasta a la pandemia de coronavirus. Sin embargo, el escenario económico actual terminó siendo demasiado para un proyecto familiar que ya llevaba más de cinco décadas en pie.
En su mejor momento, allá por 2007, la empresa llegó a tener 129 empleados distribuidos entre la planta de producción de Tolosa, 14 locales propios y un centenar de puntos de venta tercerizados en todo el país. Desde diciembre pasado, esa cifra se derrumbó hasta los nueve trabajadores actuales, a medida que se fueron acordando las indemnizaciones con un personal que, en varios casos, llevaba tres décadas dentro de la firma.
Importaciones y ajuste fiscal, el combo que no pudo sostener
Producimos, pero es imposible con las importaciones, resumió Jorge Bizet al explicar el escenario que terminó de sellar el destino de la fábrica. Para los dueños de Clan Issime, el ingreso masivo de productos textiles del exterior fue determinante en el deterioro del negocio, ya que compite en condiciones desiguales frente a mercadería que llega a precios mucho más bajos. Es un cóctel explosivo, resumieron desde la firma, en referencia a la combinación entre la caída del consumo interno y la apertura importadora.
A ese frente se sumó el peso de las obligaciones fiscales. La caída en las ventas impidió a la empresa cubrir tres períodos de los planes de pago vigentes ante ARCA, lo que derivó en el inicio de un proceso de embargo sobre la firma.
Un remate para poder cerrar en paz
Para afrontar las indemnizaciones de los nueve empleados que aún continúan en la nómina, la familia Bizet decidió rematar tanto el stock de mercadería como las maquinarias de la planta. Todos los días, en el horario de 9 a 14, la fábrica de Tolosa ofrece descuentos de hasta el 50 por ciento sobre su indumentaria, en una liquidación que busca reunir los fondos necesarios antes del cierre definitivo.
Esto me dejó mal parado financiero y económico, pero pienso que voy a revertirlo, aseguró Bizet, quien reconoció que la situación le genera más bronca que tristeza. Antes del cierre, los locales de la marca ya venían reduciéndose: este año dejaron de funcionar dos sucursales de City Bell, y el último local propio que quedó en pleno centro platense, sobre la calle 49, bajará sus persianas apenas unos días antes que la fábrica. En la actualidad restan alrededor de cuarenta puntos de venta tercerizados, que también atraviesan su propio proceso de cierre.
Un final que refleja a toda una industria.
El cierre de Clan Issime no es un caso aislado dentro del sector textil y del calzado argentino, que viene atravesando un año particularmente duro. En los últimos meses se conocieron otros anuncios similares en la industria, con empresas que redujeron sus plantillas o directamente bajaron la persiana, en un contexto que distintos empresarios del rubro describieron como crítico.
El lunes 31 de agosto, cuando se apaguen las luces del taller de Tolosa por última vez, se cerrará también una parte de la historia industrial de La Plata que atravesó, sin excepción, cada una de las crisis económicas de las últimas cinco décadas.