Cámara de Carnes y Derivados de la Argentina detalló baja histórica en el consumo

La carne pierde lugar en la mesa y afirman que se elige lo más barato

El dato más reciente señala una caída de casi 5 kilos al año por habitante. Se trata del nivel más bajo en dos décadas. Comercios en Posadas ratifican que se compra menos.
sábado 29 de agosto de 2026 | 6:00hs.
En carnicerías de Posadas crece el consumo de cerdo en reemplazo de la carne vacuna. Foto: Julián Grondona
En carnicerías de Posadas crece el consumo de cerdo en reemplazo de la carne vacuna. Foto: Julián Grondona

El gobierno de Misiones pone en vigencia un paquete de medidas destinadas a proteger el ingreso de los trabajadores públicos y atender situaciones de sobreendeudamiento por la crisis nacional.

De la situación de asfixia de las familias argentinas se ocupa además el Financial Times de Londres, por lo que el gobierno de Javier Milei no puede acusar a los medios de presunta campaña en su contra que plantea cada vez que la situación supera a su administración.

La realidad también deriva en menos consumo en casi todos los rubros, esto lo ratifican los comerciantes. En comercios dedicados al rubro carnicerías en Posadas advierten que las familias compran menos cantidad, resignan cortes de mayor valor y recurren cada vez más al cerdo, el pollo, la carne picada y hasta el huevo para sostener “una alimentación medianamente nutritiva”.

Datos

En este sentido, la carne vacuna, uno de los alimentos más arraigados en la mesa argentina, atraviesa uno de sus momentos de menor consumo de las últimas décadas. El último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) ubicó en julio el consumo por habitante en 46,3 kilos anuales, tomando como referencia el promedio móvil de los últimos doce meses.

La cifra representa una caída de 4,8 kilos por persona respecto de un año atrás, equivalente a un retroceso interanual del 9,4%. El dato adquiere mayor dimensión cuando se lo observa en una perspectiva más amplia, es decir, se trata del nivel más bajo de consumo registrado en más de dos décadas. En este marco, se trata de un fenómeno no puede explicarse solamente por una cuestión de precios (ya que la carne no aumenta desde hace unos meses y mantiene sus valores estancados). El comportamiento del consumidor se cruza con otros factores que atraviesan a toda la cadena ganadera: una menor disponibilidad de hacienda para faena, los cambios propios del ciclo ganadero y una mayor participación de las exportaciones. Así como también cambios de hábitos en el consumo débito a la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores.

Entre enero y julio, según el relevamiento de Ciccra, el mercado interno recibió alrededor de 1,2 millones de toneladas de carne vacuna equivalente res con hueso, un 12% menos que en igual período del año anterior. En paralelo, la faena bovina acumuló una caída cercana al 9,8%, mientras las exportaciones crecieron 8,8% interanual.

En los comercios locales

En las carnicerías y autoservicios de Posadas, esa transformación aparece menos en las estadísticas y más en las conversaciones cotidianas frente al mostrador. Los comerciantes consultados coinciden en que los clientes siguen buscando carne, pero ya no compran de la misma manera.

Amalia Benítez, de Estación de Carnes, relató como observa desde su comercio una modificación sostenida en los hábitos de sus clientes. La comerciante aclaró especialmente que su mirada corresponde a la experiencia de su propio local y que no cuenta con información para extrapolar esos datos al resto de Posadas, Misiones o el país.

Desde esa perspectiva, explicó que la caída del consumo viene desde hace dos años pero se profundizó a partir del año pasado y que, “al menos en mi comercio, no encuentro todavía señales de una recuperación sostenida”.

Cambio de hábito

En diálogo con El Territorio detalló que uno de los cambios más visibles está en la manera de hacer las compras. Es decir, que las familias concurren con mayor frecuencia, pero llevan menos cantidad. El objetivo es evitar que un gasto importante en una sola compra deje sin margen al presupuesto para el resto de los días.

Benítez definió ese comportamiento como una “compra racional”. El consumidor analiza qué productos necesita realmente y decide dónde poner el dinero disponible. Destacó que pese al panorama “la carne continúa teniendo un lugar importante, pero la forma de incorporarla a la alimentación cambia”.

Seguidamente, explicó que “esta transformación también alcanza al menú tradicional como el asado de cada domingo, el bife o las milanesas de carne vacuna que dejaron de ser una presencia automática en algunas familias”. Benítez aclaró que no necesariamente desaparecieron, pero se espacian o se reemplazan por preparaciones que permiten utilizar otras carnes y rendir mejor el presupuesto.

La comerciante ejemplificó que una comida tradicional que antes podía hacerse de una determinada manera ahora se reemplaza por guisos, pastas, estofados o preparaciones con cerdo o pollo, incluso búfalo. “El búfalo es un corte muy rico y nutritivo que viene posicionándose mucho, pero lo que más sale actualmente en reemplazo de la carne es el cerdo que viene creciendo mucho comercialmente. Ambos tienen cortes muy atractivos y económicos”. Agregó que cada vez se ocupa más para ocasiones especiales cortes como la costilla de cerdo o la paleta (pernil).

Cortes que perdieron demanda

Por otro lado, Agustín Verón, del autoservicio Los Amigos, contó que el comercio trabaja principalmente con un público de cercanía y señaló que entre sus clientes hay una presencia importante de estudiantes. Desde ese lugar manifestó cómo los presupuestos familiares y personales determinan cada vez más qué llega a la mesa.

Según relató, la caída se nota especialmente en las carnes de mayor valor. Los cortes de ternera y aquellos considerados de mejor calidad perdieron salida, mientras aumentó la búsqueda de alternativas más económicas.

Para graficar la diferencia con años anteriores, recordó que una media res podía venderse prácticamente en el transcurso de una jornada. Actualmente, según su experiencia en el comercio, una media puede permanecer tres o cuatro días hasta completar su venta. Estas declaraciones también coinciden con Benítez, quién planteó una situación similar en sus carnicerías.

“La gente consume más milanesa de cerdo, consume más milanesa de pollo, consume otros cortes porque no le alcanza”, explicó Verón.

En su mostrador, la carne picada aparece como una de las alternativas más accesibles. También relató que tienen mayor salida cortes como la aguja y las costillas de menor precio. En cambio, la pulpa y los cortes de mayor calidad tienen una demanda más limitada.

La escena se vuelve todavía más evidente entre los estudiantes. Verón contó que algunos llegan con un presupuesto muy reducido y piden pequeñas cantidades de carne para resolver una comida.

“Dame dos mil pesos de molida”, indicó al describir una compra que, según señaló, se volvió habitual entre jóvenes que deben distribuir un presupuesto limitado entre alimentación, alquiler, servicios y otros gastos.

En otros casos, coincidió que directamente se eligen productos que permitan resolver varias comidas con un gasto menor. El huevo, el pollo y el cerdo aparecen así como alternativas para sostener el consumo de proteínas sin afrontar el costo de determinados cortes vacunos.

Se come menos cantidad

Si bien la carne vacuna continúa formando parte de la dieta, los consultados advierten que se da pero con otra frecuencia y bajo otras condiciones. “El consumidor puede elegir carne picada en lugar de un corte de pulpa, una costilla económica en lugar de un asado de mayor calidad, o directamente reemplazar una comida de carne vacuna por una preparación con cerdo o pollo”, coinciden.

Precios

Según los valores mencionados desde Estación de Carnes, el kilo de asado vacuno se ubica en $13.999 para un corte congelado y $18.300 en otra presentación, mientras que la paleta y el pernil de cerdo se ofrecen a $5.100 el kilo, con promociones desde $4.590 por kilo llevando dos kilos. En el caso del búfalo, la comerciante señaló un valor de $14.000 el kilo para la pulpa, mientras que cortes con hueso como aguja y paleta se ubican en torno a $9.900 el kilo.

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