La carne vacuna se aleja de la mesa y las carnicerías de barrio sienten el impacto
La caída del consumo de carne vacuna ya se refleja en las carnicerías y autoservicios de barrio de Posadas y alrededores. A la reducción del consumo promedio se suma un cambio en los hábitos de los clientes, que cada vez compran menos cantidad, buscan ofertas y reemplazan la carne vacuna por alternativas más económicas.
Agustín Verón, integrante del autoservicio Los Amigos, ubicado en el kilómetro 7,5 y a pocos metros del campus universitario, describió el escenario que observa diariamente en su comercio y aseguró que la caída del consumo "se nota muchísimo".
"Bajó mucho el consumo de carne, principalmente la carne buena, la carne que viene de Santa Fe, Buenos Aires, la carne de ternera", explicó.
Según relató, el cambio resulta evidente al comparar las ventas actuales con las de una década atrás. "Antes, por decirte, por tirarte una estadística, en 2014 bajabas una media a la mañana y a la noche ya la habías vendido toda. Hoy, si bajás una y media, no la vendés. Tarda tres días, cuatro días en venderse", señaló.
Menos carne vacuna y más pollo, cerdo y huevos
La pérdida de poder adquisitivo modificó las elecciones de los consumidores. Verón contó que muchos clientes dejaron de comprar determinados cortes y comenzaron a buscar opciones que permitan estirar el presupuesto.
"La gente consume más milanesa, por ejemplo, de cerdo, consume más milanesa de pollo, consume otros cortes porque no le alcanza", sostuvo.
El fenómeno se observa con mayor claridad entre los estudiantes que concurren habitualmente al comercio. "Yo hablo acá con los estudiantes, por ejemplo, que la mayoría son mis clientes, y ellos te llevan una salchicha, la más económica, y se llevan un maple de huevo", relató.
Según explicó, con esos productos buscan resolver buena parte de la alimentación de la semana y reducir el gasto. "Tienen ya para toda la semana, para 15 días, porque el presupuesto que tienen es muy, muy poco. Tienen que alquilar y tienen que subsistir hasta fin de mes", afirmó.
En la carnicería, algunos de los cortes que todavía mantienen demanda son la carne picada, la aguja y las costillas más económicas. "El estudiante te lleva la molida. 'Dame 2.000 pesos de molida', que es una cosita chiquita", contó.
También mencionó que la pulpa tiene una demanda mucho menor y que las milanesas de pollo se convirtieron en una alternativa frecuente para quienes buscan reducir el gasto.
"La gente no es que no quiere consumir carne, sino que no puede"
Para Verón, la caída del consumo no responde a una pérdida de interés por la carne, sino principalmente a la falta de dinero disponible.
"Yo creo que en algún momento tiene que tender a bajar el precio de la carne buena para que la gente vuelva a consumir", planteó.
El comerciante también señaló que los ingresos familiares ya no alcanzan como antes. "La gente gana poco o, si no, en la familia trabajaban las dos, ahora trabaja una persona sola y bueno, tenemos este presupuesto para resolverlo y no nos alcanza", describió.
En ese sentido, sostuvo que la dificultad aparece incluso antes de llegar a mitad de mes. "La gente no llega a fin de mes y llegó el 10 y ya terminó la plata. Pagó los servicios y ya no hay plata", expresó.
El costo de mantener una carnicería también aumentó
Mientras las ventas disminuyen, los comercios deben afrontar costos cada vez mayores. Verón explicó que mantener una carnicería implica un importante consumo de energía por las cámaras frigoríficas, heladeras y maquinaria.
"Hoy tener una carnicería se encarece mucho. Y el bajo consumo no cierra los números hoy por hoy", sostuvo.
Según contó, varias carnicerías de la zona terminaron cerrando debido a la falta de rentabilidad. "Muchas cerraron porque no da, no da los números. Sinceramente, con las ventas que hoy tenés, no cierran los números", afirmó.
En su propio caso, el impacto también significó una reducción de la estructura comercial. "Nosotros éramos cuatro locales. De cuatro locales pasamos a tres, de tres pasamos a dos y ahora somos un local solamente", relató.
Verón también vinculó la situación de los pequeños comercios con la menor actividad económica y la caída del empleo en determinados sectores.
Recordó que durante 2013 y 2014, cuando había mayor movimiento de la obra pública, trabajadores de la zona concurrían diariamente a los comercios de barrio después de terminar sus jornadas laborales.
"Terminaban su trabajo y sí o sí a las 5 de la tarde o 6 se venían y paraban los negocios. Nosotros, los negocios de barrio, es lo que nos quedaba", recordó.
En aquella época, según relató, era habitual que los clientes realizaran compras de mayor volumen. "Te decía, '¿tenés costilla? Costilla, dame dos kilos. Dame vacío'", recordó.
Para el comerciante, ese movimiento hoy se perdió. "La falta de mano de obra de la parte de la obra pública que no hay, que no está, se siente mucho. Principalmente nosotros, los negocios de barrio", sostuvo.