Su recorrido incluye localidades como Montecarlo, Caraguatay y El Alcázar
Médicas rurales, una vocación que atraviesa caminos para cuidar y sanar
El trabajo de los médicos rurales es sumamente importante para la provincia dado que hay colonias y parajes muy alejados. Entre ellos se destacan las comunidades mbya guaraní que eligen zonas distantes con caminos difíciles de atravesar, lo que dificulta la tarea de los profesionales, pero que con esfuerzo llegan igual. Una de estas personas es Andrea Rohrmoser, actual jefa de Área Programática que incluye Montecarlo, Caraguatay y El Alcázar. Y junto a ella también está la pediatra Ángela Martínez, que cubre gran parte del área rural desde hace muchos años. A pesar de las adversidades y las cuestiones climáticas, siempre buscan la manera de poder llegar al paciente.
Rohrmoser estudió medicina en la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) de Corrientes y desde el inicio contó con el total apoyo de sus padres. Sus dos hijos también se inclinaron por la medicina, formándose en Posadas.
“Me recibí en el año 1998 con la materia de pediatría, siempre dije que quería ser pediatra, pero por razones de puntaje y de querer entrar a la residencia de la provincia de Misiones elijo la especialidad o la residencia en medicina familiar y general que también tiene pediatría y que me daba la posibilidad de un mejor orden de mérito. Y pude hacer la residencia en el Hospital Madariaga desde 1999 hasta el 2002”, contó.
En esa misma línea, relató que al terminar la residencia hizo la rotación en Montecarlo. “El doctor Julio Loto me ofreció trabajar en su sanatorio. Y en el Hospital de Montecarlo el director Scalini pide que asista a los Caps en Caraguatay y Tarumá; voy en colectivo. La baja complejidad era obligatoria, era parte de la residencia y a fines de mayo la termino y arranco en el sanatorio loto, también consigo un contrato de médicos de cabecera de Salud Pública, continuando en los Caps de Caraguatay. Siempre yendo con el colectivo, desde ese entonces ya había comenzado a ir a las comunidades aborígenes de Caraguatay, que eran tres”, sostuvo.
Fue en 2008 que le proponen ser jefa de Área Programática y trabajar con los equipos de Montecarlo, Caraguatay y El Alcázar. “En el 2005 está la posibilidad de hacer el posgrado en Medicina Social y Comunitaria, que también pertenecía al Ministerio de Salud Pública, era una beca de trabajo y de estudio, teníamos que seguir trabajando en Caraguatay y en las comunidades aborígenes, fueron dos años”, mencionó.
El trabajo en la medicina rural es muy sacrificado para todos los profesionales que deciden hacer esta tarea que se refleja en la vocación de servicio y cuidar al prójimo porque deben viajar varias horas para llegar a zonas muy alejadas y preparados para toda una jornada de atender en aulas satélites, bajo un árbol, sentados en un tronco, llevar su agua y alimentos. A esto se suma enseñar los cuidados principalmente a las comunidades mbya, donde en principio costó lograr la confianza y hoy ya están adaptados a la medicina del blanco.
“La comunidad de Guaviramí sigue existiendo igual que la comunidad de Isla donde seguimos yendo. En un principio nos llevaba un chofer de la zona Norte que venía cada semana, hoy en día tenemos una excelente relación con los municipios tanto de Montecarlo como de Caraguatay y con ellos articulamos para que siempre un móvil nos lleve a esas comunidades”, indicó.
Asimismo, destacó al municipio de Alcázar que se encarga de hacer el traslado de la médica Ángela Martínez que asiste a la comunidad de Perutí. “El desafío es llevar medicamentos, implica llevar vacunas, el mate, el tereré, llevar algo para comer, nunca me voy sin llevar alimento para los perros, les explicamos que tiene que darles antiparasitarios y hoy en día ya ellos nos piden el medicamento para cuidar a sus perros”, contó.
Además, recordó: “Sigo ejerciendo, sigo yendo a las comunidades, tengo cientos de anécdotas. Cuando arranco a trabajar en Salud Pública voy a una comunidad, y una mujer estaba en trabajo de parto y como no llegábamos a Montecarlo, hacemos el parto en el Caps de Tarumá con una enferma. Esa beba lleva mi nombre y hoy Andrea tiene 21 años y ya tiene hijos. Historias y anécdotas muy lindas”
La logística para llegar a las zonas rurales no es la misma que en el consultorio, sino que es más detallado para no olvidarse de nada. Ella va acompañada del equipo de Salud Indígena que son Graciela Delgado y Graciela Encina, que se le unen a las comunidades de Caraguatay y Montecarlo. En la comunidad El Doradito destacó a la agente sanitaria Gregoria y en Perutí a los tres agentes sanitarios que trabajan las 24 horas.
El trabajo de Ángela

La salud en los niños es fundamental para toda la comunidad y la atención pediátrica es la más solicitada en los Caps y hospitales, lo que obliga también a contar con esos profesionales a la hora de realizar operativos de salud en zonas puntuales como colonias y parajes alejados.
Ángela Martínez es pediatra egresada de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) de Corrientes. Inició sus prácticas profesionales en Corrientes capital, después en Puerto Piray y luego la formación de pediatría la inició en el Hospital Samic de Eldorado. “Cuando estaba terminando mi formación de pediatría nosotros hacíamos pasantía por alta y baja complejidad. La de alta complejidad la hice en el servicio de terapia intensiva del Garrahan y por baja complejidad elegí el Hospital de Área de Montecarlo, porque era el lugar donde me iba a establecer”, recordó.
En ese trayecto de formación profesional fue adquiriendo experiencias y sobre todo adaptándose a las distintas zonas que le tocaba atender. “En ese proceso conocí a la doctora Lía Scherer quien me invitó a conocer las comunidades mbya guaraní y las atenciones rurales y al año siguiente me ofreció para continuar el trabajo en su lugar, porque se fue de Montecarlo por cuestiones personales”, contó.
Es así que tomó el desafío de trabajar con una comunidad a la que le costaba mucho crear confianza con la medicina del blanco. “El trabajo con ellos es muy bueno. Me siento muy en confianza, creo que es difícil, quizás, por las diferencias de cultura, pero en mi caso desde un primer momento tuve una buena relación, hubo una buena aceptación de ellos hacia mí y de mi parte hacia ellos también, creo que fue mutuo”, contó.
Habló también de la asistencia de los niños y las mamás con sus bebés a los controles y todo lo referido a la salud. “Acuden a las consultas en la sala, aceptan nuestras propuestas de tratamiento, también tenemos nuestras diferencias sobre todo culturales, pero son conversables y tratables. Siempre se trata de llegar a un a un punto en común de acuerdo y de comprensión”, indicó y se refirió al caso del nacimiento de unos trillizos y del seguimiento y controles a domicilio sin que tengan que hacer esa sali.
Actualmente se desempeña en Montecarlo en el Hospital de Área, en la salita del barrio San Lorenzo, en el Caps de colonia Guatambú, la salita de colonia Itacuruzú, en el Caps de la comunidad Purutí, en un sanatorio privado de Montecarlo y a través del municipio trabaja en el hogar de niños la Divina Misericordia de Jesús de Montecarlo.
“Me apasiona la clínica pediátrica. El ver crecer, el disfrutar con los padres, el aprender juntos, el acompañarnos poder ir identificando paso a paso. También tiene sus sabores amargos como a veces toca dar diagnósticos que no son tan buenos y que generan un duelo tanto para los padres como para mí”, cerró.