En medio del panorama complejo del sector

Cinco pymes forestales avanzan en certificado internacional

Buscan ampliar un sello que garantice trazabilidad y sustentabilidad. De este modo, suman herramientas “que abran puertas para captar nuevos clientes”
miércoles 12 de agosto de 2026 | 6:04hs.

En un contexto complejo para la industria forestoindustrial, empresas de Misiones y Corrientes avanzan en nuevos procesos de auditoría para sostener y ampliar sus certificaciones internacionales de cadena de custodia PEPF. El objetivo es garantizar que la madera utilizada en los procesos productivos pueda ser trazada desde su origen hasta el producto final, bajo parámetros vinculados con la legalidad, la sustentabilidad y las condiciones laborales. “La recesión castigó mucho a todas las empresas, aunque somos expectantes y este tipo de herramientas contribuye”, manifestó la titular de Apicofom.

Actualmente, cinco empresas integran el grupo Apicofom Sustentable y cuentan con una certificación de cadena de custodia. Se trata de Valerio Oliva Forestal, de Garupá; Forestal Guaraní, con planta industrial en Ituzaingó y oficinas en Posadas; Forestal y Ganadera Indumarca, de Concepción de la Sierra; Aserradero Puerta de Misiones, de San José; y Aserradero Don José, de 9 de Julio.

Durante la auditoría que se desarrolló días atrás, se incorporaron al proceso dos empresas correntinas: Las Misiones SA, ubicada en Garruchos, y Mercopales, de Santa Rosa. Ambas buscan sumarse al certificado grupal, aunque la incorporación quedará sujeta al resultado final de la auditoría.

Certificación internacional

La gerente de Apicofom, María Cristina Ryndycz, explicó en diálogo con El Territorio  que la certificación de cadena de custodia permite realizar un seguimiento de la madera desde el monte hasta que el producto llega al consumidor.

“Se hace toda la trazabilidad desde el origen, que sería el monte donde los aserraderos se abastecen de la materia prima, ya sea eucalipto o pino”, explicó.

El control abarca las diferentes etapas de la producción. Es decir, el ingreso de los rollos, su transformación en madera aserrada, los procesos de manufactura y la salida del producto terminado. “De esta manera, se busca que cada eslabón pueda ser respaldado mediante documentación y registros”.

Según la empresaria, además de representar un requisito que puede ser determinante para determinados mercados, la certificación funciona como una herramienta para las propias empresas.

“Todos los procesos se controlan, entonces ayuda a normalizar lo que se trabaja y a cerrar el circuito dentro de toda la producción”.

“Abre mercados”

Uno de los principales beneficios señalados por Apicofom es la posibilidad de acceder a compradores que exigen certificaciones internacionales como condición para adquirir productos forestales.

“Casi todas las empresas que forman el grupo son pymes, pero exportan. Algunas más, otras menos, pero todas exportan”, indicó Ryndycz. Agregó que existen países que exigen este tipo de certificación para comprar, por lo que contar con ella “abre puertas para captar nuevos clientes”.

La modalidad grupal resulta especialmente importante para las pequeñas y medianas empresas. Explicó que las pymes pueden acceder a este esquema siempre que no superen los 10 millones de euros de facturación anual y que no tengan más de 50 empleados afectados a la cadena de custodia.

“La ventaja es que los costos de la certificación pueden distribuirse entre los integrantes del grupo. Pero, además, permite que las empresas compartan experiencias y se apoyen frente a consultas o dificultades vinculadas con el cumplimiento de los estándares”, detalló.

Del monte al producto terminado

El proceso de auditoría no se limita a revisar documentación dentro de las fábricas. El auditor debe verificar los distintos eslabones de la cadena. Así lo confirmó Darío Braun, auditor de SCS Global Service, organismo de certificación con sede en Estados Unidos,

“Estuvimos en medio de un proceso de auditoría para el estándar de cadena de custodia a las empresas que ya venían certificadas desde hace cuatro años”, explicó.

Braun destacó que las empresas visitadas hasta el momento de la entrevista se encontraban “muy bien consolidadas”.

“Nosotros auditamos desde el origen, es decir, desde la plantación, el transporte, los contratistas, la planta fabril en sí, el aserradero. Cada una de las cadenas de suministro las auditamos y verificamos”, detalló. Braun remarcó que la certificación no se reduce a verificar de dónde proviene la madera. Se trata de un conjunto de requisitos que deben cumplirse de manera integral.Señaló que cuando se detecta un incumplimiento, puede generarse una no conformidad que debe ser corregida.


Para pequeñas y medianas empresas

Uno de los aspectos que el auditor Darío Braun buscó destacar es que una certificación internacional no necesariamente está reservada para grandes compañías.

“Depende de la prolijidad de los documentos y de la legalidad de la madera”, resumió.

En ese sentido, relató que incluso auditó empresas familiares de apenas cuatro empleados que pudieron certificar porque contaban con los registros, procedimientos y documentación necesarios.

“No necesitan un mega batallón de procedimientos y registros para poder garantizar esa documentación y esa trazabilidad a lo largo del proceso”, afirmó.

Desde Apicofom buscan justamente que más empresas conozcan esta posibilidad.  

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