Se encuentran en Misiones desde hace tres meses

Dejaron todo y hoy recorren el país en su casa rodante

Anahel y Jonás renunciaron a su vida en Santa Fe, transformaron un colectivo en su hogar y ya recorrieron nueve provincias junto a sus dos gatos.
sábado 01 de agosto de 2026 | 2:00hs.
Tras una pérdida familiar decidieron dejar todo para viajar.
Tras una pérdida familiar decidieron dejar todo para viajar.

Hace poco más de un año, Anahel y Jonás, una pareja santafesina que comparte la vida desde hace quince años, renunciaron a sus trabajos, vendieron todas sus pertenencias y emprendieron un viaje sin fecha de regreso. La decisión surgió tras una pérdida familiar que cambió por completo su forma de ver la vida y los llevó a elegir un estilo de vida nómade. Hoy recorren la Argentina junto a sus dos gatos, viven en un colectivo que ellos mismos transformaron en una casa rodante y aseguran que el verdadero lujo es disponer del tiempo para decidir cómo quieren vivir.

Ella tiene 29 años y es oriunda de Providencia, Santa Fe. Antes del viaje trabajaba como profesora de Nivel Inicial y también desarrollaba emprendimientos propios. Él, de 35 años y nacido en Llambi Campbell -en la misma provincia-, se dedicaba al movimiento de suelo y al mantenimiento de tambos con camiones y retroexcavadoras.

Sin embargo, la muerte de la madre de Jonás marcó un antes y un después; fue el punto de partida para pensar la vida de una manera diferente. “El viaje surge por una propuesta de Jonás, a raíz de la muerte de su mamá. La idea era salir a conocer otros lugares, salir de la rutina y del trabajo, que nos ocupaba casi todo el tiempo y la semana completa”, indicó Anahel sobre cómo surgió el cambio de vida.

Aquella conversación terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Renunciaron a sus trabajos, vendieron los camiones y apostaron todo a un sueño que parecía imposible: vivir viajando por la Argentina, y lo más interesante con una casa construida con sus propias manos.

Para que la idea se convierta en realidad compraron un colectivo modelo 1999, carrocería El Detalle, con motor Deutz de seis cilindros turbo. Cuando llegó a sus manos estaba completamente vacío. Durante siete meses trabajaron prácticamente sin descanso para convertirlo en el hogar que hoy los acompaña por cada rincón del país.

Hoy el colectivo cuenta con 24 metros cuadrados distribuidos en un living, cocina totalmente equipada con heladera, anafe y calefón, baño completo, dormitorio con cama de dos plazas, placares, salamandra y aire acondicionado. No viajan solos. Los acompañan Uki y Oli, sus dos gatos, que también forman parte de esta aventura.

Ponerle primera a la vida

Partieron de Santa Fe el 18 de mayo de 2025. Desde entonces ya recorrieron nueve provincias, entre ellas Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Entre Ríos, Corrientes y actualmente Misiones, donde permanecen desde hace tres meses y en estas semanas atraviesan las localidades del Norte donde se encuentran encantados por el verde de la selva y la tierra colorada.

Uno de los aspectos especiales de la historia es que se toman el tiempo para conocer y admirar todo a su entorno ya que el objetivo nunca fue llegar rápido. “Queríamos conocer nuestro país de manera más lenta y a conciencia. Antes viajábamos cuando podíamos, en vacaciones o durante un fin de semana, siempre con el tiempo contado”, explicaron.

Para ellos, el viaje no consiste únicamente en cambiar de destino, sino en modificar la manera de habitar cada lugar. “Esta vida nos permite decidir en qué invertimos nuestro tiempo. Elegimos el patio donde queremos disfrutar, conocemos personas, culturas, comidas, animales y paisajes distintos. Aprendimos a disfrutar de las cosas simples, como un atardecer, una comida o una charla”.

La vida sobre ruedas les exige adaptarse todos los días. Encontrar lugares para estacionar, cargar agua, vaciar los depósitos del vehículo o resolver imprevistos mecánicos forma parte de la rutina. Sin embargo, la pareja asegura que aprendió a mirar esas situaciones desde otra perspectiva. “Ya no hablamos de cosas negativas. Preferimos verlas como aprendizajes”.

Entre los mayores desafíos mencionan abandonar la zona de confort, desprenderse de lo material y aprender a sostener los vínculos familiares y de amistad a la distancia. “Hay momentos importantes, como cumpleaños o reuniones familiares, en los que ya no podemos estar presentes físicamente. Eso forma parte de esta elección”.

Si bien los imprevistos acontecen, se trata de un viaje recuerdos inolvidables, donde la mecánica puso a prueba el proyecto desde el primer día. Durante el traslado del colectivo desde Buenos Aires hacia Santa Fe sufrieron la rotura de una cubierta, problemas en el turbo, una pérdida de combustible y la falla del alternador.

Con el paso de los kilómetros aparecieron nuevos inconvenientes: filtros de gasoil tapados en Córdoba, inyectores averiados en Catamarca, la rotura del compresor de aire y problemas en una rueda cuando recorrían Belén. Cada dificultad encontró solución gracias a la experiencia de Jonás y, cuando fue necesario, con la ayuda de mecánicos locales.

En tanto, los recuerdos más fuertes no tienen que ver con los desperfectos del colectivo sino más con las sensaciones y el sentir a flor de piel la belleza de la simplicidad. Dormir frente a un lago rodeado de montañas y despertar con caballos pastando a pocos metros, recibir una motocicleta como regalo para recorrer lugares donde el colectivo no puede ingresar, o aceptar una invitación inesperada para volar son algunas de las experiencias que jamás olvidarán, nombraron entre las vivencias del día a día y destacan algo que no estaba en los planes. “Lo más lindo es la gente. Hay personas con las que compartimos muy poco tiempo, pero sentimos que nos conocemos de toda la vida”, valoró la pareja.

El encantador paso por Misiones

Hace tres meses que la pareja recorre distintas localidades de Misiones, una provincia que, aseguran, volvió a sorprenderlos por la diversidad de paisajes, la selva, los ríos, la cultura y la calidez de su gente. Después de atravesar regiones completamente distintas entre sí, sostienen que uno de los grandes aprendizajes del viaje es descubrir que Argentina cambia por completo a pocos kilómetros. “Lo que más nos llama la atención es la diversidad y el contraste de paisajes, climas, costumbres y formas de hablar que tiene nuestro país”.

Anahel y Jonás no saben cuándo terminará el viaje. Tampoco tienen un destino final. Prefieren que cada día traiga una sorpresa distinta, un nuevo paisaje por descubrir o una historia para contar. El colectivo dejó de ser simplemente un vehículo. Hoy representa el hogar, la libertad y la transformación de una pareja que eligió cambiar la seguridad por la incertidumbre de un camino abierto.

 “El tiempo pasa rápido, así que hay que invertirlo en lo que nos haga bien, en lo que realmente disfrutamos hacer”, reflexionaron, invitando así a detenerse un instante y preguntarse cuánto vale, en realidad, la posibilidad de elegir cómo vivir. 

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