Un tarefero ganó más de $326 millones en la Poceada y destinará el premio a ayudar a sus hijos y construir un local
La suerte le sonrió a un tarefero de Dos de Mayo, quien se convirtió en el único ganador del primer premio de la Poceada Misionera al acertar los ocho números del sorteo y llevarse 326.133.788 pesos. Tras cobrar el premio, aseguró que utilizará gran parte del dinero para ayudar a sus hijos a independizarse y finalizar la construcción de un local comercial.
El hombre, que realizó su apuesta en la Agencia N.º 367, resultó ganador durante el Sorteo N.º 4956 (Matutina), realizado el martes 30 de junio.
Emocionado por el inesperado premio, recordó que desde hace tiempo estaba convencido de que algún día obtendría el premio mayor.
"Siempre decía a mi señora que iba a ganar el premio mayor y de tanto repetir, se me cumplió", expresó.
Aunque es un jugador habitual de la Quiniela Misionera, explicó que en la Poceada había participado en pocas oportunidades.
El momento en que descubrió que era el ganador quedó grabado para siempre en su memoria.
"Los días que no jugaba, igual miraba los resultados por curiosidad. El lunes entré a la página del IPLyC, revisé y le dije a mi hijo que había hecho siete aciertos. Mi hijo agarró la boleta, la volvió a controlar y me advirtió que hice ocho. Fue una sorpresa, no lo podía creer", relató.
También contó que, cuando compartió la noticia con familiares y conocidos, muchos pensaron que se trataba de otra de sus bromas.
Una apuesta de último momento
El ganador recordó que el mismo martes había viajado al centro de Dos de Mayo con la intención de comprar una campera, pero decidió no hacerlo porque consideró que los precios eran elevados.
Con el dinero que tenía previsto gastar, ingresó a una agencia oficial y realizó dos apuestas para la Poceada.
"Pedí dos boletas, una de la máquina y para la otra dicté los números al vendedor, al azar. Y ese fue el ticket ganador. Repitieron el 32, que es el dinero, y era el número que necesitaba para poder completar la grilla", contó.
Finalmente, reveló que uno de los motivos por los que nunca deja de apostar es un consejo que escucha con frecuencia durante los sorteos de la Quiniela Misionera.
"Siempre tengo presente al locutor de la Quiniela Misionera, que repite: 'Si no ganó es porque no jugó'. Le hago caso y casi siempre juego a la quiniela y gano premios a la cabeza", concluyó.