Quinteto Tangazo en Posadas

Garúa, abrigo y tangazos

El grupo desplegó una travesía piazzolliana en homenaje a Ricardo Vouri, con emoción y aplausos, en Urunday
miércoles 10 de junio de 2026 | 6:00hs.
Quinteto Tangazo dio un concierto el lunes en Urunday. Foto: Marcelo Rodríguez
Quinteto Tangazo dio un concierto el lunes en Urunday. Foto: Marcelo Rodríguez

Noche de lunes, un poco fría. La garúa obliga a abrigarse y la calle parece entregada al silencio. Hay poca gente afuera, pero frente a la puerta de Urunday una fila rompe la quietud. No hay ciclo de cine esta vez; cambio de planes. La cita, sin embargo, sigue siendo de película, toca el Quinteto Tangazo.

Tangazo interpreta a Piazzolla. Tangazo homenajea a su maestro, Ricardo Vouri, un finlandés afincado en este terruño, que supo amar y contagiar el arte del gran revolucionario del tango.

Dentro del centro cultural hay calidez. Las sillas convergen hacia el pequeño escenario donde instrumentos y partituras aguardan el instante de volverse música.

Afuera persiste la noche húmeda de junio; adentro, la expectativa. Cuando el público termina de acomodarse, Tangazo, toma por asalto la sala acústicamente aislada, donde el tránsito de la esquina de Buenos Aires y Bolívar queda completamente suspendido. Desde ese momento, dentro de Urunday, solo el tango ocupa el aire.

Biyuya es el punto de partida de un viaje que atraviesa las calles frías de Posadas y desembarca, inevitablemente, en la urbe portuaria del imaginario piazzolliano. En sus sonidos aparece la corrida del compadrito, la reunión de muchachos y muchachas, el humo espeso de bares y cafés. Los dirigidos por el guitarrista Diego Olsson explican desde el primer acorde por qué la sala está colmada en una noche ideal para quedarse en casa.

Ya para el segundo tema, Camorra, no quedan dudas de la intensidad de la propuesta. Como estandarte, el bandoneón del laureado Joaquín Benítez Kitegroski derrama su melancolía, secundado por el violín del joven oriundo de Ohio, Zakary Phillips. En las teclas, Thomas González Fabi sostiene la arquitectura sonora, mientras Matías Fernández marca el pulso desde el contrabajo.

Amo los pájaros perdidos que vuelven…. La voz irrumpe y transforma el clima. Loreley Benítez Kitegroski guía al público por caminos de poesía y emoción. Dulce cuando la canción lo requiere, áspera cuando el dramatismo lo demanda, sobria y precisa, sin efectismos innecesarios. Su interpretación conmueve y seduce, como si tomara de la mano a cada espectador para mostrarle el corazón mismo de la música ciudadana.

El quinteto y ella recorren clásicos y emociones. La Cumparsita se hace presente; Loreley invita a subir a La bicicleta blanca y Tangazo conduce luego hacia un Invierno porteño.

En un momento de pausa, Olsson toma la palabra y explica el motivo del encuentro: el centenario del nacimiento de Ricardo Vouri, el maestro finlandés que encontró en esta tierra un lugar desde donde expandir el amor por Piazzolla. También hay espacio para obras de su autoría, como una manera de volver a hacerlo presente.

Llega la despedida, pero el público parece no tener apuro en volver a casa.

La ovación obliga al regreso. Tangazo vuelve al escenario y regala Libertango como bis final.

Aplausos largos, emoción compartida y la sensación persistente de que no fue un lunes más, pero tampoco un lunes menos. Fue un día coronado por el arte y la pasión.

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