Requiere de un proceso de cocción y refinamiento

Ven fuerte potencial a la grasa de cerdo para sustituir aceites vegetales

Desde la industria cárnica porcina consideran que puede tener un mayor futuro comercial como producto. Por el momento se utiliza más en chacinados y para suplementación animal
sábado 25 de abril de 2026 | 6:05hs.
José María Bernardy muestra un trozo de tocino frente al mostrador. Foto: Víctor Piris
José María Bernardy muestra un trozo de tocino frente al mostrador. Foto: Víctor Piris

La grasa de cerdo comestible es un producto que algunos frigoríficos ofrecen comercialmente como sustituto de los aceites vegetales. No todos lo hacen, porque para su elaboración se requiere un proceso de cocción y refinamiento, que por volumen y costos no siempre resulta conveniente.

Pero en los últimos años, parece haber una mayor demanda de este alimento que algunos cocineros o influencers de la alimentación promocionan en reemplazo de los aceites vegetales de semillas. Le atribuyen a la grasa de cerdo beneficios para realizar frituras o salteados de otros alimentos. Desde el sector porcino recuerdan la tradición culinaria de este producto, que está muy instalado en muchas familias. Sus consumidores valoran el sabor particular que puede adicionar como grasa, pero también como tocino o panceta.

Demanda llamativa

Una firma misionera, productora de cortes de cerdo, ofreció este año potes de grasa refinada como otro producto más en su oferta. Y la demanda del público fue sorpresiva. En pocos días vendieron todo lo fabricado y ahora piensan en elaborar más y con mayor frecuencia.

“Hacemos siempre en cantidad con tocino de cerdo y la gente nos compra todo. Los ofrecemos en potes de unos 400 y 800 gramos”, comentó José María Bernardy encargado del puesto de Granja San Jorge en el Mercado Concentrador de Posadas.

El comerciante remarcó que la demanda los sorprendió y no llegaron a guardar productos de muestra o realizar suficiente fotos de su producción. “Para Semana Santa fabricamos más de 100 kilos de grasa y vendimos todo. Lo hacemos cada quince días aproximadamente o cuando juntamos bastante tocino. Ahora vamos a intentar traer más para la venta”, aseguró.

Bernardy explicó que el producto requiere una larga cocción, enfriamiento y posterior fraccionamiento. “Todo el proceso es artesanal y nos lleva tiempo. También ofrecemos tocino y es algo que también se lleva bastante”, puntualizó.

Detalló que una limitación para la oferta es que tanto la grasa como el tocino (del lomo del cerdo) se usan para realizar chacinados. “No siempre tenemos, siempre tiene un uso la grasa. La gente que nos compra lleva la grasa para freír. Hace un tiempo hay más conciencia de que es un alimento más natural y sano que siempre usaron nuestros abuelos”, agregó.

Los potes con grasa de cerdo se ofertan a unos $3.000 y $6.000 (para el pote de casi un kilo). En tanto el tocino (corte de grasa de partes del cerdo) se ofrece a $2.500 el kilo y se utiliza también para saltear comidas o preparar embutidos.

Por otra parte en supermercados locales también hay paquetes de grasa de cerdo refinada, de varias marcas, que se venden al público en valores de entre 2.600 y 3.800 pesos por 500 gramos.

Una posibilidad a estudiar

Desde la Cooperativa Frigorífica de Alem (Cofra), la mayor productora de cortes y productos de cerdo en Misiones, también ven a la grasa de los animales con mayor potencial comercial. Se explicó que actualmente tiene dos fines directos: la elaboración de chacinados y su uso en alimentos balanceados para los propios animales.

“La posibilidad de ofrecer grasa de cerdo para el consumo directo es un tema que analizamos algunas veces. También vemos que hay un cambio en la forma en que la gente elige y prepara sus comidas. Pero por ahora la grasa que se produce la usamos para adicionar alimentos balanceados”, comentó Ricardo Saraceni, presidente de Cofra.

Y agregó: “No tengo dudas de que en Misiones hay mucha historia en usar la grasa de cerdo para cocinar. Y también coincido en que como alimento es más saludable que las frituras con aceites vegetales. Se han difundido estudios que lo señalaron”.

Planteó que la posibilidad de ofrecer más alternativas a partir del cerdo es una posibilidad que vino para quedarse. “Creo que es interesante poder tener alternativas de producción. Para elaborar un producto se requiere de una inversión en una planta procesadora. Hay que estudiar el potencial de la demanda. Por ahora a nosotros nos resulta rentable el uso de la grasa para adicionar en balanceados. Pero a futuro puede ser interesante tener otra opción de nuevo producto”, comentó.

Remarcó que la tradición en el uso de la grasa, resalta su utilidad variada. “Los productores en la faena siempre guardaron la grasa para conservar otros alimentos. Para fritar empanadas. Personalmente uso la panceta o el tocino en lugar de aceite para darle un toque de sabor a algunas comidas”, ejemplificó.

Además de Cofra, desde el sector frigorífico porcino se comentó que la grasa porcina tiene variados usos y no siempre tiene disponibilidad comercial. Se explicó que en gran medida es usada por los frigoríficos para la realización de chacinados (chorizos, morcillas, salchichas, entre otros). Y para este uso no siempre alcanza. Se comentó que en algunos casos llegó a importarse o a comprarse entre fabricantes de embutidos. Así es que no todos los frigoríficos ofrecen la grasa refinada comestible para la venta a comercios.

Más cerdo para Argentina

Juan Pablo Cerini, presidente de la Cámara de Productores Porcinos de Entre Ríos (Capper), reconoció que la oferta de grasa de cerdo es un producto que podría tener mayor demanda comercial. Reconoció que por el momento no se observa a nivel industrial una gran demanda pero también que se habla más del reemplazo de los aceites vegetales.

“Lo que comúnmente se llama grasa para freír, es una grasa refinada que lleva un proceso de cocción y refinamiento. Se envasa y se vende como bloques. Últimamente se viene destacando que su uso es más saludable que los aceites vegetales. Se usa bastante en panaderías también. Particularmente no venimos siguiendo la demanda de este producto en particular, pero se habla más de que se la usa para reemplazar a los aceites”, comentó el directivo en diálogo con El Territorio.

Cerini es propietario con su familia de la cadena de carnicerías de cerdo La Porca y desde allí atestigua la mayor demanda por cortes porcinos. “En general el consumo viene creciendo. La diferencia con los precios de la carne vacuna claramente incentiva a que la gente busque opciones más económicas”.

Cortes de cerdo
En las carnicerías se ven más ofertas de cortes de cerdo. Foto: Víctor Piris

Detalló que la demanda es general hacia todo tipo de cortes con la salvedad que por la llegada del frío se esperan menos ventas en fiambres. “Todos los cortes de cerdo tienen salida. En algún momento hubo una mayor búsqueda de bondiolas cuando el dólar estuvo más barato y entró más producción de Brasil. Pero hoy la demanda está más pareja y se nota un crecimiento en general. Aunque últimamente también comenzamos a ver más ofertas de cortes de vaca que es la competencia más directa que podemos tener. Después hay que tener en cuenta la estacionalidad que hace que con el frío baje un poco el consumo de algunos cortes, particularmente de los fiambres”.

Recordó a El Territorio que más allá de la grasa de cerdo, hay todavía muchos cortes que podrían tener más potencial comercial si se consumieran como en otros países. “Hay muchos cortes de cerdo que sirven y se venden muy bien en otros países como las patitas y el cuero. En Brasil mismo se usan más las patitas para la feijoada. En nuestro país lamentablemente tienen un valor bajísimo. Por ahí nos estaría faltando la posibilidad de exportar más estos productos. Y puntualmente China sería el mercado más interesado”, proyectó.

Hacia los 30 kilos de carne porcina por año

Recientemente el consultor del sector porcino Juan Luis Uccelli trazó un diagnóstico claro: la carne vacuna alcanzó un techo en el mercado interno, mientras que el cerdo aparece como la proteína con mayor potencial de crecimiento. “Estamos en una situación de una subida muy grande del precio de la carne vacuna, que lamentablemente no va a bajar”, afirmó. Y resaltó: “El cerdo es el único de las tres principales carnes que va a seguir para arriba”. Según estimó el analista hoy el consumo ya ronda los 24 kilos por habitante por año, pero las proyecciones son claras. “Vamos a llegar tranquilamente a los 33 o 34 kilos, tenemos entre 9 y 10 kilos para aumentar en los próximos años”, estimó, ubicando ese crecimiento en un horizonte de entre siete y ocho años. El potencial de crecimiento no sólo se limita al consumo interno, sino también a la producción. Uccelli remarcó que Argentina cuenta con condiciones estructurales favorables. “Hay cuatro cerdos por kilómetro cuadrado; en Brasil hay 50 y en España 250. Tenemos una capacidad de crecimiento importantísima sin alterar el medio ambiente”, explicó.

La carne vacuna retrocede frente a otras alternativas

Durante el último año, los argentinos redujeron en cinco kilos la ingesta de carne vacuna por persona, mientras que el consumo de cerdo creció 1,5 kilos. Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada) atribuyó este desplazamiento a la inflación y a los cambios en los precios relativos de los alimentos, afectados por factores internacionales y el impacto directo en el presupuesto de las familias.

Según los registros de Fada, el consumo anual per cápita de carne vacuna bajó de 49,5 a 44,5 kilos este año, mientras que la carne porcina ascendió a 19,3 kilos por persona. La principal causa es la distorsión de precios: la carne de vaca aumentó 64% en el último año, mientras que la de cerdo subió 25%. “La suba de los precios cambia los hábitos de consumo. En el último año se registró una inflación del 33%. Esta diferencia, entre otros motivos, causó que muchas familias opten por el cerdo como una alternativa más amigable con sus bolsillos”, explicó Semadeni, economista de Fada.

El pollo quiere liderar

Por su parte en 2025, el consumo aparente de carne de pollo alcanzó 49,4 kilogramos (liderando el consumo de carnes) por habitante por año, una cifra que incluso muestra una leve mejora respecto del año anterior.

Este nivel de consumo confirma el lugar que ocupa el pollo dentro de la dieta de los argentinos. Se trata de una proteína que combina accesibilidad, versatilidad en la cocina y una fuerte presencia cultural en el mercado interno. La cadena avícola logró sostener precios relativamente competitivos. Durante 2025, el precio del pollo entero al consumidor aumentó 19%, un nivel significativamente inferior al de la inflación general y al incremento registrado por otras carnes.

Esta dinámica contribuyó a mantener el volumen de consumo y reforzó el rol del pollo como una proteína central en la mesa de los hogares.

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